INFRA ROJO
Simulacro en las aulas: cuando la prevención también
estudia de noche
Por Jose Rafael Moya Saavedra
Las alarmas no piden permiso.
Suenan cuando quieren, no cuando la escuela lo programa. Un sismo puede
irrumpir en medio del recreo o cuando el campus duerme bajo el silencio de la
madrugada. Sin embargo, en la mayoría de las instituciones educativas, los
simulacros siguen una rutina predecible: siempre de día, siempre a la misma
hora, siempre en condiciones cómodas. La realidad es otra: los desastres no
respetan horarios.
La deuda de prevención en escuelas y universidades
Los planteles son auténticos
microcosmos urbanos: miles de personas concentradas en espacios reducidos, con
responsabilidades compartidas, pero también con vulnerabilidades expuestas.
Cada Programa Interno de Protección Civil debería ser algo más que un requisito
archivado. Hablamos de rutas de evacuación libres, señalización visible,
brigadistas capacitados, directores de grupo que saben contar a sus alumnos
bajo presión, y sistemas de alarma reconocibles en cualquier rincón del
plantel.
El checklist oficial existe,
y es útil, pero solo cuando se convierte en práctica viva y no en trámite
administrativo. Revisar extintores, despejar pasillos, capacitar brigadas y
ensayar diferentes escenarios es el mínimo indispensable para garantizar la
seguridad.
La propuesta: un simulacro nocturno
Infra Rojo plantea un reto
incómodo pero necesario: ¿qué pasaría si un sismo sorprende al plantel de
noche?
- ¿Funcionan
las luminarias de emergencia?
- ¿Hay
protocolos de seguridad perimetral?
- ¿El
personal nocturno sabe qué hacer y cómo comunicarse?
- ¿Están
coordinados los puntos de encuentro con autoridades externas?
Un simulacro nocturno, con
apoyo del sistema de alertas sísmicas, pondría a prueba estos vacíos. Haría
visible lo invisible: la fragilidad de la prevención cuando se confía demasiado
en la rutina.
Colofón
No basta con “cumplir”
con el simulacro nacional. La verdadera prevención exige incomodar, ensayar en
condiciones distintas, anticipar lo inesperado. Un simulacro nocturno no es un
lujo: es un acto de responsabilidad con los estudiantes, con sus familias y con
toda la comunidad educativa.
Infra Rojo insiste: simular de verdad es prepararse para
lo que no está escrito.
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