jueves, 19 de marzo de 2026

 

INFRA ROJO

La nube invisible

Cuando el riesgo nuclear deja de ser local

Por José Rafael Moya Saavedra

Imagina esto:

Un video comienza a circular.
Humo saliendo de una instalación nuclear.

Alguien escribe una palabra: explosión.

En minutos, la etiqueta es tendencia.
Las versiones compiten.
Las certezas sobran.

El mundo ya reaccionó.

Pero lo más importante...
aún no ha ocurrido.

La nube.

La nube que no se ve.
La que no hace ruido.
La que no aparece en los titulares... hasta que es demasiado tarde.

El punto cero

Un incidente nuclear severo ---ya sea en un reactor de potencia como Bushehr o en una instalación sensible como Natanz o Dimona--- no comienza con la nube.

Comienza con la liberación.

Cuando el confinamiento falla, materiales radiactivos pasan al ambiente en forma de gases y partículas finas. Entre los más relevantes:

·       Yodo-131 (vida media ~8 días): se incorpora rápidamente a la tiroides.

·       Cesio-137 (vida media ~30 años): contamina suelos y cadenas alimentarias a largo plazo.

·       Estroncio-90 (vida media ~28 años): se fija en huesos.

En los primeros kilómetros, las dosis pueden superar rápidamente niveles críticos.

A partir de 1 sievert (Sv) recibido en corto tiempo, el cuerpo entra en síndrome agudo de radiación: vómito, daño medular, colapso orgánico.
A dosis mayores, la probabilidad de muerte se dispara.

Ese es el daño inmediato.
El que ocurre cerca.
El que se puede medir.

La física del desastre

Pero el verdadero alcance del evento no se define en el punto de liberación.

Se define en la atmósfera.

La nube radiactiva asciende, se mezcla con corrientes de aire y entra en sistemas meteorológicos de escala regional.

Factores críticos:

·       Altura de la pluma

·       Velocidad y dirección del viento

·       Precipitación (la lluvia "lava" la nube y deposita material)

·       Topografía

En Chernóbil, material radiactivo fue detectado en más de 40 países.
En Fukushima, la contaminación alcanzó el Pacífico y trazas fueron registradas en América.

La distancia ya no es un límite.
Es una variable.

Anillos de impacto

Todo incidente nuclear se organiza en capas de riesgo:

🔴 0–5 km | Evacuación preventiva automática

·       Evacuación inmediata obligatoria

·       Dosis potencialmente letales

·       Colapso operativo local

🟠 5–30 km | Zona de acción protectora urgente

·       Evacuación o refugio según proyección de dosis

·       Inhalación de radionúclidos

·       Control estricto de agua y alimentos locales

🟡 30–100 km | Zona de intervención prioritaria

·       Restricción de agua, leche y vegetales

·       Monitoreo intensivo ambiental y personal

·       Medidas de protección selectivas

🟢 100–300 km | Zona de control extendido (sotavento)

·       Contaminación por deposición

·       Impacto en agricultura y alimentos

·       Vigilancia radiológica continua

Más allá de estos rangos, los efectos no desaparecen.
Se diluyen... pero se expanden.

Medio Oriente: geografía del riesgo

En el eje Irán–Israel–Golfo Pérsico, el riesgo no es teórico.

Ahí están los puntos críticos:

·       Bushehr (Irán): reactor de potencia en costa del Golfo

·       Natanz y Fordow (Irán): enriquecimiento de uranio

·       Isfahán y Arak: procesamiento y reactor de agua pesada

·       Dimona (Israel): núcleo del programa nuclear

Un evento en Bushehr, por ejemplo, no se quedaría en Irán.

Los vientos dominantes del Golfo (shamal) podrían empujar la nube hacia:

·       Kuwait (Ciudad de Kuwait, ~280 km)

·       Arabia Saudita (Provincia Oriental: Dammam, Dhahran, Al Khobar)

·       Catar (Doha, ~350 km)

·       Bahréin (Manama, ~320 km)

·       Emiratos Árabes Unidos (Abu Dabi, Dubái)

Ahí el impacto sería menos visible... pero profundamente disruptivo:

·       Contaminación de agua de mar

·       Riesgo en plantas desalinizadoras

·       Restricciones en pesca y alimentos

·       Cierre preventivo de infraestructura costera

El verdadero daño: lo que permanece

Las grandes cifras no suelen estar en las primeras horas.

Están en los años siguientes.

La evidencia internacional apunta a algo incómodo: bajo el modelo lineal sin umbral que guía la regulación global, no existe un umbral completamente seguro de exposición.

Pequeñas dosis, sostenidas en el tiempo, incrementan el riesgo de cáncer.

Especialmente:

·       Tiroides (niños y adolescentes)

·       Leucemias

·       Algunos tumores sólidos

El problema no es solo cuánto recibes.
Es durante cuánto tiempo.

La radiación convierte un evento en una condición.

El sistema global entra en crisis

Un incidente nuclear en esa región no solo es sanitario.

Es sistémico.

El Golfo Pérsico concentra una de las mayores salidas de petróleo y gas del planeta.
Todo pasa por el Estrecho de Ormuz.

No hace falta contaminar los pozos.
Basta con interrumpir el flujo.

Escenario probable:

·       Cierre o restricción de rutas marítimas

·       Paro preventivo de infraestructura energética

·       Disrupción en exportaciones de LNG

·       Aumento inmediato en precios globales

La crisis no se mide en radiación.
Se mide en mercados.

La dimensión política

En un contexto de conflicto, un incidente nuclear no sería neutral.

Sería interpretado.

¿Accidente?
¿Sabotaje?
¿Ataque deliberado?

Las respuestas no serían técnicas.
Serían políticas.

Sanciones.
Escalada.
Reconfiguración de alianzas.

La radiación no distingue fronteras.
Pero la política sí.

México: impacto sin radiación

Para México, el riesgo radiológico directo sería bajo.

Pero el impacto no.

·       Combustibles: aumento inmediato en gasolina, diésel y gas LP

·       Inflación: presión sobre transporte, alimentos y manufactura

·       Cadenas alimentarias: restricciones a importaciones de trigo, arroz o lácteos de zonas afectadas

·       Volatilidad económica: fuga de capitales, caída de divisas emergentes

·       Mercados financieros: incertidumbre en petróleo, gas y commodities

En un mundo interdependiente, los efectos viajan más rápido que la nube.

Infra Rojo

Un incidente nuclear no es solo un desastre.

Es un multiplicador de riesgos.

Sanitarios.
Ambientales.
Económicos.
Geopolíticos.

Todo al mismo tiempo.

Y todo expandiéndose.

Porque hay amenazas que no explotan... se dispersan.

No hacen ruido, no se ven... pero lo cambian todo.

Como la nube.

 

Referencias

  1. Organización Mundial de la Salud. (2016). Radiación ionizante, efectos sobre la salud y medidas de protección. Organización Mundial de la Salud.
    https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/ionizing-radiation-health-effects
  2. Comité Científico de las Naciones Unidas sobre los Efectos de la Radiación Atómica. (2022)Fuentes, efectos y riesgos de la radiación ionizante: informe UNSCEAR 2020/2022, Volumen I. Naciones Unidas.​
  3. Agencia Internacional de Energía Atómica. (2015). Preparación y respuesta ante una emergencia nuclear o radiológica (GSR Parte 7). AIEA.
    https://www.iaea.org/publications/10905/preparedness-and-response-for-a-nuclear-or-radiological-emergency
  4. Agencia Internacional de Energía Atómica. (2018). El accidente de Fukushima Daiichi: Informe del Director General. AIEA.
    https://www.iaea.org/publications/10962/the-fukushima-daiichi-accident
  5. Agencia Internacional de Energía Atómica. (2006)Consecuencias medioambientales del accidente de Chernóbil y su remediación: veinte años de experiencia. AIEA.
    https://www.iaea.org/publications/7008/environmental-consequences-of-the-chernobyl-accident
  6. Consejo de Seguridad Nuclear. (s. f.). Glosario. CSN.
    https://www.csn.es/glosario
  7. Asociación Mundial Nuclear. (24 de febrero de 2026). ¿Cuáles son los efectos de los accidentes nucleares? Asociación Mundial Nuclear.
    https://world-nuclear.org/nuclear-essentials/what-are-the-effects-of-nuclear-accidents
  8. Agencia Internacional de Energía Atómica. (2018)Glosario de seguridad: Terminología utilizada en seguridad nuclear y protección radiológica. AIEA.
    https://www-pub.iaea.org/MTCD/Publications/PDF/23-01464S_SSGlossaryI_web.pdf
  9. RTE. (2025, 19 de junio). Cómo un incidente nuclear en el Golfo podría interrumpir el suministro energético mundial. RTÉ.
    https://www.rte.ie/brainstorm/2025/0620/1519279-gulf-nuclear-incident-iran-israel-qatar-energy-supplies
  10. BBC News. (2026, 12 de marzo)Cómo la guerra de Irán dejó al descubierto la dependencia mundial del petróleo y gas del Golfo. BBC.
    https://www.bbc.com/news/articles/c15x1y8d37vo

 

 Glosario de términos

Accidente nuclear
Suceso no previsto en una instalación nuclear que provoca liberación de material radiactivo o dosis significativas a personas o ambiente.

Actividad radiactiva
Número de desintegraciones nucleares por segundo en una cantidad de material radiactivo. Se mide en becquereles (Bq).

Dosis efectiva
Cantidad de radiación absorbida ponderada por tipo de radiación y órgano afectado. Expresa el riesgo global para la salud. Unidad: sievert (Sv).

Síndrome agudo de radiación (SAR)
Conjunto de efectos clínicos graves (náusea, vómito, daño medular, fallo orgánico) tras recibir en poco tiempo una dosis alta de radiación ionizante.

Radiación ionizante
Tipo de radiación (rayos gamma, X, partículas alfa, beta, neutrones) capaz de arrancar electrones de los átomos y dañar tejidos vivos.

Radionúclido
Átomo con núcleo inestable que emite radiación al desintegrarse (por ejemplo yodo-131, cesio-137, estroncio-90).

Vida media (periodo de semidesintegración)
Tiempo que tarda la mitad de los átomos de un radionúclido en desintegrarse. Indica cuánto tiempo permanece peligroso en el ambiente.

Pluma radiactiva (nube radiactiva)
Masa de aire que contiene radionúclidos liberados a la atmósfera y que se desplaza con el viento, depositando contaminación.

Depósito radiactivo (caída radioactiva)
Caída y acumulación de material radiactivo sobre el suelo, agua o superficies, ya sea por gravedad o arrastrado por la lluvia.

Zona de planificación de emergencia
Área alrededor de una instalación nuclear donde se preparan con antelación medidas como evacuación, refugio o control de alimentos.

Evacuación preventiva
Salida ordenada de la población antes o en las primeras fases de un incidente, basada en escenarios de dosis proyectada.

Refugio en el lugar (refugio en casa)
Medida de protección que consiste en permanecer dentro de edificios, con puertas y ventanas cerradas, para reducir la exposición a la nube.

Shamal
Viento predominante del norte/noroeste en el Golfo Pérsico, frecuente y capaz de transportar polvo y contaminantes a larga distancia.

Estrecho de Ormuz
Paso marítimo que conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico. Por ahí transita una fracción crítica del petróleo y gas mundial.

Multiplicador de riesgos
Evento que no solo genera daños directos, sino que amplifica vulnerabilidades existentes (sanitarias, económicas, políticas) en cascada.

domingo, 15 de marzo de 2026




INFRA ROJO

Cuando la prevención se vuelve ceremonia

Por Jose Rafael Moya Saavedra 

        La fotografía fue tomada durante la entrega del Premio PREVER, uno de los reconocimientos internacionales más conocidos en el ámbito de la prevención de riesgos laborales. A primera vista, la imagen parece impecable: trajes oscuros, sonrisas medidas, medallas que devuelven la luz del auditorio. El telón negro del fondo ofrece un decorado neutro, como si la realidad pudiera suspenderse unos minutos para que todo encaje en el encuadre perfecto. Pero basta detenerse un poco más para descubrir que, detrás de esta escena de premios, se revela algo más complejo que la simple celebración de la prevención: la tensión permanente entre el reconocimiento público y el trabajo silencioso que sostiene la seguridad todos los días.

        En la primera fila, los reconocidos sostienen sus diplomas con ambas manos, como si temieran que se les resbalaran. El papel grueso, blanco, orillado en rojo, parece pesar más que las horas de trabajo que representa. Algunos miran fijo a la cámara; otros desvían la mirada, atrapados entre el orgullo y una incomodidad difícil de nombrar. La sonrisa de protocolo se queda a medio camino: ni felicidad desbordada ni gesto neutro. Es la expresión de quien sabe que, mientras posa para la foto, en la planta, en la obra o en la oficina los riesgos no se detienen a aplaudir.

        Detrás de ellos, los pendones de las empresas y organizaciones forman un muro de logotipos que promete seguridad, salud laboral, innovación en prevención. Es el paisaje pulcro del lenguaje institucional de la protección: colores sólidos, eslóganes redondos, palabras como “compromiso”, “excelencia”, “cultura preventiva”. Afuera del auditorio, sin embargo, hay espacios de trabajo donde el casco se usa solo cuando viene la visita, donde el procedimiento escrito nunca llegó al turno de la noche, donde la prisa de la producción empuja, cada día, un poco más allá del límite aceptable.

        El estandarte de colores vivos irrumpe en la monotonía de sacos grises y corbatas discretas. Verde, rojo, dorado: la idea de patria bordada en hilo brillante, sostenida por un hombre de uniforme impecable, insignias alineadas al milímetro. El símbolo arrastra consigo una larga tradición de disciplina y jerarquía: la lógica de la orden que se cumple sin preguntar. A su alrededor, técnicos, directivos y especialistas hablan de participación, de diálogo, de “cultura de seguridad” compartida. La escena encarna esa tensión: entre el mando vertical que históricamente administró el riesgo y el enfoque que hoy exige escuchar a quienes lo viven todos los días.

        La Gestión Integral del Riesgo se cuela en esta ceremonia, aunque nadie la nombre explícitamente. Habla de identificar amenazas, reconocer vulnerabilidades, medir probabilidades, evaluar consecuencias, decidir qué riesgos se aceptan y cuáles se reducen. No ocurre en un solo momento ni en un solo lugar: es un proceso que tiene algo de cartografía y algo de negociación permanente. En cambio, la foto fija solo captura el último eslabón de la cadena: el instante en que el trabajo previo se convierte en diploma, en placa, en aplauso.

        Las placas metálicas, redondas y brillantes, parecen pequeños soles en las manos de los galardonados. En su superficie pulida no se ven, pero podrían estar inscritos nombres que no subirán nunca al escenario: el trabajador que avisó tres veces de una fuga, el supervisor que se negó a “acelerar” un procedimiento inseguro, la enfermera de empresa que documentó un patrón de incidentes repetidos. Son gestos cotidianos que encarnan, sin ceremonia, los principios de la gestión integral: identificar el peligro, exponerlo, insistir en que no puede seguir ahí. Sin esos actos silenciosos, el sistema no funciona, aunque el diploma diga lo contrario.

        La entrega del Premio PREVER celebra, al menos en el discurso, una ética que afirma que la seguridad no es un costo, sino un compromiso con la vida. La gestión integral del riesgo formula esa idea de otra manera: recuerda que ningún reconocimiento clausura la amenaza, que el peligro no desaparece porque alguien reciba una medalla. Obliga a preguntarse qué amenazas no están en la foto, qué vulnerabilidades siguen sin analizarse, qué exposiciones continúan tolerándose porque cambiarlas cuesta dinero, tiempo o prestigio. El riesgo, después de todo, no se deja retratar con facilidad.

        Mirada con atención, la escena del auditorio ofrece pequeñas sorpresas. Un gesto de cansancio en el rostro de alguien que seguramente ha visto accidentes de cerca. Un traje que no oculta la marca del uniforme de trabajo que tuvo que quitarse a toda prisa para llegar a tiempo. El celular que vibra en un bolsillo y recuerda que, en otro lugar, una máquina se detuvo, un reporte está pendiente, un indicador se disparó. Esa vibración silenciosa es quizá la imagen más fiel de la gestión integral: el recordatorio de que el sistema nunca está completamente cerrado, de que siempre hay una amenaza nueva, una vulnerabilidad recién descubierta, un riesgo que se reconfigura.

        La fotografía, al final, congelará este instante: la fila ordenada de reconocidos, el estandarte firme, los logotipos vigilando desde el fondo. Lo que no quedará registrado son las preguntas incómodas que sobreviven al flash. ¿Cuántas de estas organizaciones han discutido en serio sus fallas estructurales? ¿Cuántas han escuchado a quienes viven el riesgo en la primera línea? ¿Cuántas han convertido un incidente en oportunidad de aprendizaje y no en simple estadística? Esa es la mirada que propone la Gestión Integral del Riesgo: no detenerse en la ceremonia, sino usarla como espejo para revisar, detrás del brillo de las placas, la arquitectura real de la protección.

        Tal vez el desafío para quienes hoy sostienen diplomas y medallas sea que la próxima vez la fotografía no se tome solo en un auditorio, sino también en una línea de producción rediseñada, en una obra donde los trabajadores participan en el análisis de riesgos, en un consejo de administración donde la vulnerabilidad tenga el mismo peso que las utilidades. Cuando eso ocurra, la prevención ya no será solo motivo de ceremonia: será, por fin, la expresión cotidiana de una gestión integral que se practica incluso cuando no hay cámaras delante.

 


jueves, 12 de marzo de 2026

 

 INFRA ROJO

PREVER 2025: cuando la prevención se vuelve visible

Por Jose Rafael Moya Saavedra

Hay reconocimientos que cuentan una historia más larga que la ceremonia donde se entregan.
La Medalla de Oro al Mérito Profesional otorgada al Ilmo. Sr. Octavio Albores Sol y el reconocimiento a la Universidad Ducens en los Premios Internacionales PREVER 2025 pertenecen a esa categoría.

No son únicamente distinciones honoríficas. Son señales de cómo se está configurando el mapa contemporáneo de la prevención y la seguridad en el trabajo a escala iberoamericana.

Los Premios PREVER nacieron en 1998, impulsados por el Consejo General de Relaciones Industriales y Ciencias del Trabajo de España, con una idea tan sencilla como ambiciosa: reconocer a quienes hacen algo concreto para que los entornos laborales sean menos letales y más dignos.

Con el paso de los años, el galardón se convirtió en uno de los reconocimientos más antiguos y estables en materia de prevención de riesgos laborales en España. Poco a poco amplió su radio de acción hacia Europa y América Latina, incorporando categorías nacionales e internacionales para empresas, instituciones, investigación, innovación y seguridad vial laboral.

Ese crecimiento habla de algo más profundo: la prevención dejó de ser un apéndice burocrático para convertirse en un campo donde convergen conocimiento técnico, políticas públicas, innovación institucional y prestigio profesional.

En ese contexto, la Medalla de Oro al Mérito Profesional no es un gesto protocolario. Se concede a personas cuya trayectoria ha sido decisiva en la implantación y difusión de la prevención de riesgos, las relaciones industriales y la formación especializada.

En términos simples, reconoce a quienes han trabajado durante años para que algo tan elemental —y tan frecuentemente ignorado— se vuelva realidad:
que el trabajo no nos cueste la salud ni la vida.

Que esta medalla se otorgue a Octavio Albores Sol no sólo reconoce a un profesional. También ilumina una trayectoria vinculada a redes de formación, prácticas institucionales y espacios académicos que han insistido en colocar la seguridad y la salud en el trabajo en el centro del debate público.

El reconocimiento a Universidad Ducens, por su parte, se inscribe en una lógica similar.

Dentro de la categoría de empresas e instituciones, los Premios PREVER distinguen a entidades cuya trayectoria en prevención de riesgos laborales resulta consistente, verificable y socialmente relevante.

Para una universidad latinoamericana, entrar en ese radar significa varias cosas al mismo tiempo:

  • que la prevención no se queda en un discurso retórico
  • que existen esfuerzos formativos sostenidos
  • que hay líneas de investigación identificables
  • y que existe una vinculación con el entorno laboral y social

En otras palabras, no se premia únicamente un nombre institucional.
Se reconoce un proyecto educativo que ha decidido tomarse en serio la cultura de la prevención.

¿Por qué debería importarnos esto más allá del círculo de especialistas?

Porque vivimos en un tiempo en el que las crisis se acumulan: ambientales, laborales, urbanas y sanitarias. Y, sin embargo, los incentivos institucionales muchas veces siguen premiando la improvisación y el ahorro a costa de la seguridad.

En ese contexto, los PREVER funcionan —con todos sus límites— como un contrarrelato.

Nos recuerdan que la prevención también puede generar prestigio, redes internacionales y capital simbólico.

Que un profesional y una universidad mexicanos sean reconocidos en ese espacio significa dos cosas al mismo tiempo: que existe trabajo serio detrás, pero también que hay un terreno abierto para disputar el sentido de la excelencia más allá de rankings universitarios o reconocimientos coyunturales.

Desde InfraRojo, preferimos leer este doble reconocimiento como un punto de apoyo.

Una señal de que es posible seguir empujando una agenda donde la prevención de riesgos laborales, la gestión integral del riesgo, la justicia ambiental y la crítica a las formas normalizadas de precariedad puedan dialogar entre sí.

El reto ahora —para Octavio Albores Sol, para la Universidad Ducens y para quienes trabajamos en estos campos— es que este premio no sea una meta.

Sino una plataforma.

Una plataforma para seguir incomodando, cuestionando y transformando las condiciones en las que hoy se produce, se estudia y se trabaja.

Porque cuando la prevención se vuelve visible, lo que en realidad aparece es algo más profundo:

la posibilidad de trabajar sin poner la vida en riesgo.






lunes, 9 de marzo de 2026

 


INFRA ROJO

San Antonio Abad: cuando la demolición también se vuelve riesgo

Por Jose Rafael Moya Saavedra

La Ciudad de México vive sobre edificios que esperan una decisión.

Algunos esperan refuerzo.
Otros demolición.
Muchos simplemente esperan.

De acuerdo con datos del Instituto para la Seguridad de las Construcciones, más de mil 300 edificios en la capital tienen dictamen de riesgo estructural alto o de colapso. Un análisis publicado por Polls.mx / Research Land muestra que la mayor concentración se encuentra en las alcaldías centrales de la ciudad, encabezadas por Cuauhtémoc, Iztapalapa y Benito Juárez.

Eso significa que lo ocurrido no puede entenderse solo como un accidente de obra, sino como una señal de cómo la ciudad administra, posterga y finalmente enfrenta su riesgo estructural acumulado durante décadas

Las ciudades no solo se derrumban durante los sismos.

A veces colapsan durante la reconstrucción.

El derrumbe del edificio en proceso de demolición en Calzada de San Antonio Abad, a unos metros de la estación del Metro del mismo nombre, no es únicamente un accidente de obra. Es un recordatorio incómodo de algo que la Ciudad de México conoce bien pero rara vez enfrenta de manera sistemática: el riesgo estructural no desaparece cuando comienza la intervención.

El inmueble, ubicado en San Antonio Abad 130, colonia Tránsito, alcaldía Cuauhtémoc, acumulaba daños desde los sismos de 1985 y 2017 y había sido catalogado como de alto riesgo. Tras años de deterioro y decisiones postergadas, finalmente se encontraba en proceso de demolición.

Paradójicamente, fue durante esa fase —la que debía eliminar el peligro— cuando ocurrió el colapso.

Las losas del tercer nivel cedieron y el edificio cayó prácticamente en cadena hacia la vía pública, dejando personas atrapadas, lesionados y obligando a evacuar a decenas de vecinos en una de las zonas más transitadas del centro de la ciudad.

Pero el problema no termina en el punto exacto del derrumbe.

El riesgo no termina cuando empieza la obra

En edificios con daños estructurales severos, la demolición no es una actividad rutinaria.

Es una operación de alto riesgo técnico.

Implica cálculos precisos sobre estabilidad residual, secuencias controladas de retiro de losas, apuntalamientos temporales y zonas estrictas de exclusión para trabajadores y terceros. Cuando alguno de estos elementos falla —o se subestima— el edificio puede colapsar de forma no controlada.

Eso es lo que aparentemente ocurrió en San Antonio Abad.

El colapso en cadena sugiere que la capacidad estructural remanente o la secuencia de demolición no fueron evaluadas con suficiente precisión, o que los procedimientos de seguridad en obra no se aplicaron con el rigor que exige un inmueble catalogado como de alto riesgo.

Cuando ese error ocurre en una zona densamente transitada, el riesgo deja de ser solo estructural.

Se vuelve urbano.

Una obra en un entorno crítico

El edificio no estaba en un terreno aislado.

Se encontraba:

  • sobre Calzada de Tlalpan, uno de los ejes viales más importantes de la ciudad
  • a metros de una estación del Metro de alta afluencia
  • rodeado de viviendas y comercios

Eso convierte cualquier intervención estructural en un proyecto de gestión de riesgo urbano, no solo en una obra privada.

Cuando un colapso alcanza la vía pública y obliga a evacuar edificios cercanos, la pregunta ya no es solo qué falló en el predio.

La pregunta es qué tan bien se evaluó el entorno antes de iniciar la intervención.

La ciudad de los edificios pendientes

El caso de San Antonio Abad tampoco es un episodio aislado.

De acuerdo con datos del Instituto para la Seguridad de las Construcciones (ISC), en la Ciudad de México existen 1,313 edificios con dictamen de seguridad estructural en riesgo alto o de colapso.

Un análisis publicado por Polls.mx / Research Land, con base en información del ISC, muestra que la mayor concentración de estos inmuebles se ubica en las alcaldías centrales de la ciudad.

Entre las más afectadas se encuentran:

  • Cuauhtémoc: 430 edificios
  • Iztapalapa: 186
  • Benito Juárez: 152
  • Venustiano Carranza: 76
  • Gustavo A. Madero: 74

edificios en cdmx en riesgo:

Pie de imagen

Distribución de edificios con dictamen de seguridad estructural en riesgo alto o de colapso en la Ciudad de México.

Fuente: Instituto para la Seguridad de las Construcciones (ISC) / Polls.mx – Research Land, nota de Laura Arreazola, “Más de mil edificios en CDMX en riesgo de colapso” (25 de diciembre de 2025).

El derrumbe de San Antonio Abad ocurre precisamente en la alcaldía con mayor número de inmuebles en esta condición.

Esto significa que la zona donde ocurrió el colapso forma parte del epicentro urbano del riesgo estructural en la capital.

Muchos de estos edificios:

  • arrastran daños acumulados desde los sismos de 1985 o 2017
  • se encuentran en espera de intervención
  • o están en proceso de reforzamiento o demolición

En otras palabras, cientos de inmuebles en la ciudad están hoy en una etapa crítica del ciclo de riesgo.

Justamente la fase donde ocurrió este colapso.

Facilidades administrativas y control técnico

Las autoridades han señalado que el inmueble contaba con permisos y que se otorgaron facilidades administrativas para acelerar su demolición.

Facilitar trámites puede ser necesario cuando se trata de retirar estructuras peligrosas.

Pero en edificios catalogados como de alto riesgo ocurre una paradoja:

mientras más urgente es la intervención, mayor debe ser la supervisión técnica.

Las facilidades administrativas no pueden sustituir:

  • inspecciones estructurales constantes
  • auditorías técnicas independientes
  • control riguroso de empresas contratistas
  • protocolos estrictos de seguridad en obra

En estos casos intervienen el propietario, la empresa contratista, el Director Responsable de Obra y la autoridad que supervisa; si cualquiera de ellos relaja su papel, el riesgo se desplaza de la espera a la obra, pero no desaparece.

Simplemente cambia de fase.

Del abandono…
a la demolición.

Administrar ruinas

La gestión del riesgo estructural en una ciudad sísmica no puede limitarse a dictámenes técnicos o programas de reconstrucción que se prolongan durante décadas.

Porque cuando un edificio dañado permanece años en espera de intervención, lo que realmente ocurre es que la ciudad aprende a convivir con estructuras inestables.

Se administran ruinas.

Y cuando finalmente llega la intervención, el riesgo no siempre desaparece.

A veces se manifiesta de otra manera.

El caso de San Antonio Abad deja una lección clara.

Un inmueble catalogado como de alto riesgo no se vuelve seguro solo por estar en demolición.

Si el ciclo completo de gestión del riesgo —diagnóstico, decisión, proyecto, obra y cierre— no se controla con rigor técnico, la ciudad termina viviendo sobre estructuras que pueden colapsar… incluso cuando se intenta corregirlas.

El desafío para la Ciudad de México es tratar cada demolición y cada reforzamiento como gestión de riesgo urbano, no como una obra privada más en la agenda de construcción.

Porque en una ciudad sísmica, incluso la reconstrucción puede convertirse en desastre si el riesgo se administra… pero no se resuelve.

Infra Rojo

La ciudad revela sus riesgos cuando tiembla.

Pero también cuando intenta reconstruirse.

 

Referencias

  • Instituto para la Seguridad de las Construcciones (ISC). Inventario de inmuebles con dictamen de riesgo estructural en la Ciudad de México.
  • Arreazola, Laura. Más de mil edificios en CDMX en riesgo de colapso; Cuauhtémoc e Iztapalapa son las alcaldías más afectadas. Polls.mx / Research Land, 25 de diciembre de 2025.
  • Datos de reconstrucción y padrón de inmuebles dañados por el sismo del 19 de septiembre de 2017.

 

lunes, 2 de marzo de 2026

 

INFRA ROJO

La foto que se volvió caída

Gobernanza del riesgo en estructuras que nunca debieron ceder

Por Jose Rafael Moya Saavedra

“Una, dos…”

La explanada del campus estaba llena de togas negras y birretes inclinados al sol de la mañana. Era 27 de febrero. La foto generacional: ese ritual que marca el cierre de una etapa. Entre 120 y 150 estudiantes suben por niveles a una grada metálica montada exprofeso para la ocasión.

Se acomodan.
Ríen.
Se empujan apenas para caber.
Algunos miran el celular antes del disparo.

El montaje está “listo”.
Nadie pregunta por la memoria de cálculo.
Nadie prueba la carga frente a ellos.
Nadie ensaya el peso acumulado.

“Una, dos…”

La parte superior del templete cede.

Primero un crujido seco, casi metálico.
Después el vacío.

Los que están atrás pierden el apoyo y caen hacia atrás, arrastrando en efecto dominó a quienes estaban en niveles intermedios. Golpes. Metal contra piso. Cuerpos contra cuerpos. Gritos.

La escena dura segundos.
La sensación, mucho más.

Algunos quedan atrapados. Otros se levantan aturdidos. Los que estaban abajo reciben el peso de quienes caen desde arriba. Compañeros corren, levantan piezas, llaman ayuda.

Minutos después llegan ambulancias, férulas, camillas.
23, 28, 33 personas atendidas según los reportes.
5 o 6 traslados hospitalarios.
Sin fallecidos.

Esta vez.

La secuencia real no fue azar

Lo que debía ser una foto terminó siendo una cadena breve y precisa de fallas:

  • Estructura subdimensionada o mal instalada.
  • Sobrecarga humana previsible.
  • Ausencia de una revisión eficaz antes del uso.

La Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la CDMX habló de mala instalación y exceso de peso sobre una estructura débil y anclada de forma deficiente.

La universidad activó protocolos, asumió responsabilidad institucional y anunció revisión y acciones legales contra el proveedor.

Todo correcto en la reacción.

El problema es anterior.

El error no fue técnico. Fue cultural.

No estamos frente a una sorpresa estructural.

En los últimos años han colapsado:

  • Escenarios en festivales.
  • Estructuras en mítines políticos.
  • Templetes en conciertos.
  • Y ahora, gradas universitarias.

Siempre aparece la misma combinación:

Estructura insuficiente.
Supervisión débil.
Aforo que rebasa capacidad real.

Cuando el patrón se repite, el problema deja de ser el proveedor.

Se convierte en gobernanza del riesgo.

La ilusión de que “es solo para la foto”

Una grada temporal no es utilería.
Es infraestructura de carga humana.

Si sostiene a 135 personas en distintos niveles, es ingeniería.
Y la ingeniería no se improvisa ni se valida con confianza.

Pero culturalmente tratamos lo temporal como accesorio.
Y esa es la raíz del problema.

Se contrata.
Se monta.
Se usa.
Se asume.

En ningún punto alguien se detiene y pregunta:
¿Quién es el último responsable técnico que autoriza el uso?

Porque siempre debe haber uno.

Universidades y coherencia institucional

Que esto ocurra en un campus universitario no es un detalle menor.

Las universidades enseñan prevención, análisis crítico, responsabilidad social.
Pero la cultura preventiva no se enseña en aula: se demuestra en operación.

Tener un Programa Interno de Protección Civil archivado no basta.
La verdadera cultura de riesgo se prueba antes de que 150 estudiantes suban a una estructura.

La prevención no se delega.
Se supervisa.
Se verifica.
Se firma.

Lo que realmente colapsó

No fue solo el metal.

Colapsó:

  • La supervisión final.
  • El control efectivo de aforo.
  • La exigencia documental técnica previa al uso.
  • La claridad de responsabilidad operativa.

La estructura cedió porque algo más ya estaba cediendo antes.

La crónica anunciada

Lo más inquietante es que esta historia ya la conocíamos.

Cada evento previo era una advertencia.
Cada colapso anterior era un ensayo del siguiente.

Y sin embargo, seguimos creyendo que el riesgo es excepcional.

En realidad, es acumulativo.

Infraestructura temporal, responsabilidad permanente

En gestión integral del riesgo hay un principio claro:

La amenaza no es el desastre.
La vulnerabilidad acumulada lo es.

Las estructuras temporales no son peligrosas por ser temporales.
Se vuelven letales cuando la cultura institucional también es provisional.

Esta vez hubo lesionados.
La próxima podría no ser igual.

La prevención no puede depender de la suerte.

Porque en materia de riesgo, lo que cae primero no es el metal.

Es la convicción de que “no va a pasar nada”.

Y cuando esa convicción gobierna, la caída deja de ser accidente y se convierte en consecuencia.

 

 

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