INFRA ROJO
México en llamas II: Los bosques en manos del
crimen
Por José Rafael Moya Saavedra (Maestro en Gestión Integral
de Riesgos, Universidad Ducens)
La primera parte de este
reportaje mostró cómo los incendios forestales devoran la promesa climática de
México. Pero el fuego no es el único enemigo: los bosques arden también bajo la
motosierra del crimen organizado. La tala ilegal se ha convertido en un negocio
tan rentable como el narcotráfico, sostenido por amenazas, corrupción y la
complicidad de autoridades locales.
La sombra del crimen verde
En México, los cárteles ya no
se conforman con dominar rutas de droga. Han extendido sus tentáculos hacia el
control de recursos naturales: madera, agua, minerales. En estados como
Chihuahua, Michoacán, la Sierra Tarahumara y la zona sur de la Ciudad de México,
grupos como el Cártel de Sinaloa, CJNG, La Familia Michoacana y el Cártel de
Tláhuac operan a plena luz del día, devastando montes y selvas.
Las cifras son demoledoras:
más de 120,000 hectáreas de superficie forestal se pierden cada año por
actividades vinculadas al crimen organizado. Sin embargo, las estimaciones
varían según la fuente y el método de análisis: mientras la CONAFOR
calculó en 2018 una tasa anual de 166,337 hectáreas con picos de hasta
350,000 en 2016, la FAO reportó que en los años noventa México perdió
hasta 631,000 hectáreas anuales. Hoy, los consensos técnicos sitúan el
promedio entre 120,000 y 166,000 hectáreas por año. Greenpeace
advierte, además, que de los 24 millones de m³ de madera consumidos al año
en el país, al menos un tercio proviene de la tala ilegal.
Lo que debería ser sumidero de
carbono y sostén de comunidades rurales se transforma en madera manchada de
sangre.
La colusión institucional
La tala ilegal no sería posible sin un engranaje fino de
corrupción.
- Permisos
falsos o amañados emitidos por autoridades ambientales locales.
- Sobornos
para omitir inspecciones o advertir sobre operativos en curso.
- Blanqueo
de madera ilegal en mercados legales mediante facturas alteradas.
Detrás de cada camión cargado
de troncos hay un silencio oficial que lo respalda. Ejidatarios denuncian
amenazas para firmar documentos que legitiman la tala.
Comunidades indígenas reportan
cómo la policía protege a los talamontes en lugar de detenerlos. La ley se
convierte en disfraz para el saqueo.
Comunidades bajo fuego
Para los pueblos originarios, la tala clandestina no es una
estadística: es una condena.
- Amenazas,
desplazamientos forzados y asesinatos de líderes comunitarios.
- Pérdida
de autonomía y abandono de territorios ancestrales.
- Destrucción
de bosques que son fuente de agua, alimento e identidad cultural.
Lo que está en juego no son
solo hectáreas de bosque: son vidas, culturas y derechos fundamentales. La tala
ilegal arranca raíces sociales mientras arrasa con raíces de pinos y encinos.
“Cuidar estos bosques es una de las tareas más
peligrosas en la región. Es común que a quienes lo intentan los talamontes les
saquen algún susto… han desaparecido a algunos de los que se oponen. Aquí los
asesinatos son más que comunes”.
“Antes podías ir al bosque a cualquier hora, ahora ni
siquiera hay hongos, y la inseguridad es tal que ya no se puede entrar”.
Estos testimonios de comuneros
en Ocuilan aportan la dimensión humana a la devastación.
El mercado negro de la neutralidad
México promete en foros
internacionales reducir emisiones y alcanzar la neutralidad de carbono en 2050.
Pero esa meta se derrumba cuando los sumideros naturales son saqueados. Cada
árbol talado de manera ilegal no solo destruye biodiversidad, también libera
carbono y erosiona la credibilidad del país en sus compromisos ambientales.
Mientras se firman convenios
de reforestación y se presumen proyectos de economía circular, el crimen
organizado blanquea madera en el mercado internacional. Lo que llega a Europa o
Asia como “madera certificada” muchas veces nació de un bosque mexicano devastado
a punta de balazos.
México se encuentra entre los
países con mayores tasas de deforestación en el mundo, solo superado por
gigantes como Brasil, Indonesia y República Democrática del Congo. Un
denominador común es la expansión agropecuaria y la tala ilegal. En el caso
mexicano, al menos 70% de la madera comercializada es de origen ilícito,
un patrón que también se observa en varios países de Centro y Sudamérica.
Justicia ausente
La connivencia entre cárteles
y autoridades convierte la tala ilegal en una de las principales amenazas
ambientales y de seguridad del país. Sin instituciones sólidas ni voluntad
política, los bosques se convierten en botín, y las comunidades en rehenes.
El mensaje es claro: no habrá
neutralidad de carbono mientras el crimen organice la deforestación y el Estado
mire hacia otro lado.
Gestión de riesgos: la pieza faltante
La tala ilegal y los incendios
forestales no son fenómenos aislados, son parte de un entramado de
vulnerabilidades que México sigue atendiendo de forma reactiva. La Gestión
Integral de Riesgos exige un enfoque distinto:
- Identificar:
mapas actualizados de riesgo forestal, incluyendo zonas bajo presión del
crimen organizado.
- Prevenir:
mecanismos comunitarios de protección, fortalecidos con recursos y
presencia estatal real.
- Mitigar:
proyectos productivos legales que sustituyan la dependencia de la tala
clandestina.
- Responder:
brigadas equipadas y coordinadas con protocolos claros ante emergencias
ambientales y sociales.
- Recuperar:
restauración de bosques y reparación de daños a comunidades indígenas
desplazadas.
No todo es devastación.
Experiencias de manejo forestal comunitario como en la Reserva de la
Biósfera de la Mariposa Monarca o en San Juan Xoconusco demuestran
que la organización social, la administración profesional y las cadenas
productivas legales son viables. En estos casos, las comunidades no solo
conservaron sus bosques, sino que lograron integrarse a la transformación local
de la madera, reduciendo la dependencia de la tala ilegal.
Sin esta visión integral, la
neutralidad de carbono seguirá siendo un expediente en papel mientras el país
pierde hectáreas de vida en los hechos.
Epílogo: del fuego al hacha
En la primera parte dijimos
que los incendios convierten la neutralidad en humo. Hoy podemos afirmar que la
tala ilegal la convierte en ceniza. Fuego y hacha son dos caras de la misma
devastación.
La gran pregunta sigue
abierta: ¿seremos capaces de frenar a quienes arden por dinero y poder,
antes de que no quede bosque que defender?
“El crimen organizado tala con hacha y el
Estado responde con discursos. La Gestión Integral de Riesgos no es un lujo
técnico: es la única estrategia que puede anticipar, mitigar y transformar esta
amenaza que es ambiental, social y de seguridad. Sin ella, México seguirá en
llamas, y el 2050 será apenas un espejismo entre cenizas.”