sábado, 24 de enero de 2026

 

INFRA ROJO

Simulacros: reacción entrenada, prevención pendiente

Por Jose Rafael Moya Saavedra

El anuncio del primer simulacro de sismo de 2026 en la Ciudad de México, programado para el 18 de febrero a las 11:00 horas, vuelve a colocar sobre la mesa un tema recurrente en la gestión del riesgo: la tendencia a presentar los simulacros como acciones de prevención, cuando en realidad cumplen otra función muy distinta.

Conviene decirlo con claridad, sin eufemismos: los simulacros no previenen los sismos ni reducen el riesgo estructural, urbano o social. Lo que hacen —y lo hacen bien cuando están bien diseñados— es agilizar la reacción de personas e instituciones frente a un evento que ya ocurrió o está ocurriendo.

Prevención no es reacción

En gestión integral del riesgo, la prevención se construye mucho antes de que suene la alerta sísmica. Vive en otros territorios:

  • en los reglamentos de construcción y su cumplimiento real,
  • en el mantenimiento de inmuebles,
  • en la identificación de vulnerabilidades,
  • en la planeación urbana,
  • en la reducción de riesgos acumulados que, por cotidianos, se vuelven invisibles.

Nada de eso se corrige durante un simulacro.

Eso es prevención y se hace antes, y casi nunca se presume en conferencias de prensa ni en spots institucionales.

Pensemos en una oficina o en una escuela cualquiera: participan puntualmente en todos los simulacros, salen en fila, se toman la foto y regresan al salón o al escritorio. Pero las salidas de emergencia siguen bloqueadas con archiveros, las puertas de escape permanecen con llave, las instalaciones eléctricas tienen años sin mantenimiento y nadie ha revisado si el edificio cumple con el reglamento de construcción vigente.

El simulacro luce impecable; las condiciones de riesgo no se mueven un milímetro.

Lo que sí hacen los simulacros

Donde los simulacros sí son fundamentales es en el terreno de la respuesta. Entrenan reflejos, ordenan movimientos, reducen el pánico, clarifican roles y permiten medir tiempos reales de evacuación, comunicación y atención.

Un simulacro bien ejecutado:

  • reduce la improvisación,
  • acelera la toma de decisiones,
  • mejora la coordinación,
  • expone fallas operativas que pueden corregirse antes de una emergencia real.

Pero para que un simulacro tenga sentido, no basta con hacerlo: hay que evaluarlo y corregir.
Si después del ejercicio no se modifican rutas de evacuación, no se reubican obstáculos, no se ajustan tiempos ni se actualizan protocolos, el simulacro se convierte en un rito vacío.

Un buen simulacro debería terminar siempre en una lista de cambios concretos, con responsables y fechas, no solo en una foto para redes sociales.

Dicho sin rodeos: él simulacro es una herramienta de diagnóstico.

Si no genera decisiones y mejoras visibles, lo que estamos haciendo no es gestión del riesgo: es teatro administrativo.

Riesgo desigual, simulacro uniforme

Los simulacros suenan igual en toda la ciudad, pero el riesgo no se reparte parejo. No es lo mismo ensayar la evacuación desde un edificio corporativo con normas reforzadas y salidas despejadas, que, desde una vecindad agrietada, un tercer piso de lámina o una escuela pública rodeada de construcciones irregulares.

La coreografía del simulacro es la misma.
La capacidad real de sobrevivir al sismo, no.

En la práctica, los simulacros tienden un velo de uniformidad sobre una ciudad profundamente desigual: todos se agachan, todos se forman, todos cuentan segundos; solo algunos tienen edificios que de verdad resisten.

La prevención es política pública, no voluntarismo

La prevención no es un acto individual ni un esfuerzo aislado de cada oficina o escuela: es una responsabilidad de política pública.

Pasa por:

  • autoridades locales que aplican —o toleran violaciones a— los reglamentos de construcción,
  • instancias de vivienda que corrigen o perpetúan estructuras precarias,
  • autoridades educativas que garantizan —o no— escuelas seguras,
  • dependencias que deciden si se invierte en mantenimiento o se patea el problema al siguiente sexenio.

La prevención no se ensaya: se gobierna.

Nombrar las cosas por su nombre

El problema no es que existan simulacros… El problema es venderlos como prevención.

Las instituciones mexicanas no fallan en reaccionar: fallan en anticipar, mantener y corregir.

Y ningún número de simulacros al año puede sustituir eso.

Simular es necesario.
Entrenar la reacción es indispensable.
Pero confundir reacción con prevención es parte del problema estructural de la gestión del riesgo en México.

Los simulacros no reducen el riesgo.
Solo reducen el caos cuando el riesgo ya explotó.

Y esa diferencia —técnica, política y ética— importa.

viernes, 16 de enero de 2026

 


INFRA ROJO – LA CIUDAD QUE ARDE PARTE VI (Final)

Gobernar el riesgo o administrar el humo

Por José Rafael Moya Saavedra

Después de Taxqueña, Zamora 75 y el mapa del riesgo cotidiano, la pregunta ya no es qué pasó, ni siquiera dónde puede volver a pasar.

La pregunta es otra: ¿qué decide hacer la ciudad con el mapa que ya conoce?

La Ciudad de México no vive a ciegas. Registra, archiva y actualiza datos sobre fugas de gas, explosiones, cortocircuitos e incendios en vivienda. Tiene atlas, estadísticas de bomberos, reportes de protección civil y padrones de miles de unidades habitacionales y edificios de alta densidad donde una falla doméstica puede escalar a emergencia estructural en minutos.

El riesgo no es invisible. Lo invisible es la decisión de intervenirlo antes.

Administrar el humo

Hoy, el modelo dominante es claro. Se repite con precisión casi ritual:

suena la sirena,
se acordona la zona,
llegan bomberos,
se evacúa,
se controla la emergencia,
se informa que “no hubo víctimas”
y el ciclo se cierra con un “evento controlado”.

Ese modelo funciona después.  Y mide su eficacia por tiempos de respuesta, columnas de humo contenidas y ciclos informativos acotados.

Administrar el humo significa gobernar el riesgo como si fuera inevitable: asumir que la tarea del Estado empieza cuando el edificio ya arde o estalla, no cuando las condiciones que lo hacen posible se acumulan durante años sin corrección.

Mientras tanto, las bases de datos cuentan otra historia: decenas de miles de fugas de gas atendidas, cientos de explosiones, miles de cortos e incendios en vivienda, más de once mil unidades habitacionales y múltiples torres donde gas, electricidad y densidad conviven sin intervención sistemática.

La ciudad administra bien la emergencia. Lo que no gobierna es el riesgo que la produce.

Gobernar el riesgo: qué implicaría en concreto

Gobernar el riesgo no es un cambio de discurso, sino de prioridades. Implica aceptar que el gas, la electricidad y la arquitectura de la ciudad son campos de política pública, no asuntos privados ni accidentes fortuitos.

Implica, como mínimo, mover el eje de acción hacia medidas estructurales:

Campo

Medida mínima

Qué cambia frente al modelo actual

Instalaciones de gas en vivienda

Programa plurianual de sustitución de instalaciones de gas LP en unidades habitacionales y edificios antiguos, con metas anuales y apoyos escalonados.

Deja de depender de recomendaciones y traslada el foco a corregir físicamente las tuberías y tanques que hoy producen explosiones como Taxqueña.

Redes eléctricas en edificios

Inspecciones periódicas obligatorias de instalaciones eléctricas en multifamiliares y torres, con dictámenes públicos y plazos de corrección.

Reduce de forma sistemática la probabilidad de incendios por cortos como Zamora 75, en lugar de atenderlos uno por uno.

Datos y transparencia

Base pública integrada y georreferenciada de fugas, explosiones, cortos e incendios por colonia y tipo de inmueble.

Convierte estadísticas dispersas en herramienta de priorización, vigilancia social y presión pública.

Regulación y cumplimiento

Obligación normativa de planes de emergencia, brigadas básicas y registros de mantenimiento en unidades y edificios de alta densidad.

Saca la gestión del riesgo del terreno de la buena voluntad y la convierte en requisito para habitar.

Presupuesto y prioridades

Recursos etiquetados para reconversión e inspección, con metas explícitas de reducción de siniestros.

Desplaza el gasto de la administración del humo hacia la reducción medible del riesgo.

            La ley y el propio Marco de Sendai obligan a fijar metas claras de reducción del riesgo y de las pérdidas esperadas.
            La ciudad, en la práctica, solo mide cuántos eventos logra controlar, no cuántos deja de producir.

¿Quién decide entre una cosa y la otra?

Esta disyuntiva no es técnica. Es política.

Administrar el humo es más barato en el corto plazo, menos conflictivo con desarrolladores, gaseras, administraciones de condominios y presupuestos ya comprometidos. Permite mostrar eficacia sin tocar intereses estructurales.

Gobernar el riesgo implica asumir costos: reorientar recursos, imponer inspecciones incómodas,
hacer visibles mapas que generan exigencias, y reconocer que cada edificio no intervenido es una decisión activa.

La corresponsabilidad existe, pero no es simétrica.

Los hogares pueden cerrar llaves y evitar sobrecargas, pero sin decisiones fuertes sobre infraestructura, regulación y datos, la carga del riesgo se desplaza siempre hacia abajo.

El cierre inevitable

La Ciudad de México ya no puede decir que no sabía. Después de Taxqueña, Zamora 75 y miles de incendios y explosiones registrados año tras año, la disyuntiva está planteada con claridad incómoda:

o se gobierna el riesgo, o se sigue administrando el humo.

Vivir sobre un mapa que el gobierno ya conoce tiene un costo político profundo: una ciudad que aprende que su seguridad cotidiana es negociable y que su edificio puede convertirse mañana en otro “caso lamentable” sin que nadie pierda realmente nada.

Aquí termina la serie Infra Rojo.
No con una alarma, sino con una decisión pendiente.

Porque el próximo estallido o incendio no será una sorpresa. Será, otra vez, una omisión documentada.

Bibliografía

Heroico Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de México. (2014–2024). Estadísticas de servicios atendidos: fugas de gas, incendios y explosiones. Gobierno de la Ciudad de México.

Gobierno de la Ciudad de México. (2024). Incendios en la Ciudad de México: reportes y atención de emergencias 2019–2024. Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil.

Procuraduría Social de la Ciudad de México (PROSOC). (2021). Diagnóstico de unidades habitacionales en la Ciudad de México. Gobierno de la Ciudad de México.

InfoCDMX. (2022). Unidades habitacionales y programas de atención social en la Ciudad de México. Instituto de Transparencia de la Ciudad de México.

Animal Político. (2026, 9 de enero). Explosión por fuga de gas en Paseos de Taxqueña deja edificios inhabitables y decenas de evacuados.

Excélsior. (2026, 10 de enero). Incendio en edificio de la colonia Condesa provoca evacuación masiva en Zamora 75.

N+. (2024). Fugas de gas y explosiones en la CDMX: una emergencia recurrente.

Congreso de los Estados Unidos Mexicanos. (2012). Ley General de Protección Civil. Diario Oficial de la Federación.

Gobierno de la Ciudad de México. (2019). Ley de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la Ciudad de México. Gaceta Oficial de la Ciudad de México.

Gobierno de la Ciudad de México. (2020). Reglamento de la Ley de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la Ciudad de México. Gaceta Oficial de la Ciudad de México.

United Nations Office for Disaster Risk Reduction (UNDRR). (2015). Sendai Framework for Disaster Risk Reduction 2015–2030. United Nations.

UNDRR. (2017). Words into Action: National Disaster Risk Assessment. United Nations.

Lavell, A. (2003). La gestión local del riesgo: nociones y precisiones. CEPAL / PNUD.

Maskrey, A. (2011). Revisiting community-based disaster risk management. Environmental Hazards, 10(1), 42–52.

Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED). (2022). Accidentes relacionados con gas LP en México. Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

Wisner, B., Blaikie, P., Cannon, T., & Davis, I. (2004). At Risk: Natural hazards, people’s vulnerability and disasters (2nd ed.). Routledge.

La información que sostiene esta serie no proviene de conjeturas, sino de registros oficiales, marcos legales vigentes y estándares internacionales que la ciudad conoce. Lo que está en disputa no es el diagnóstico, sino la decisión de intervenirlo.

jueves, 15 de enero de 2026

 

INFRA ROJO – LA CIUDAD QUE ARDE PARTE V

El costo político de vivir sobre un mapa que el gobierno ya conoce

Por José Rafael Moya Saavedra

La Ciudad de México no vive a ciegas.

Sabe dónde explota el gas, dónde arden los cables y en qué colonias se repiten las evacuaciones masivas. Las cifras no son una denuncia externa ni una filtración incómoda: son registros oficiales, reportes de bomberos, comunicados de protección civil y estadísticas públicas acumuladas durante años.

El riesgo tecnológico cotidiano —gas y electricidad— no es una hipótesis. Es un patrón documentado.

En la última década se han atendido decenas de miles de fugas de gas y cientos de explosiones relacionadas con gas LP, una explosión cada 8 días en promedio. En paralelo, más de la mitad de los incendios en casa habitación se atribuyen a cortocircuitos y fallas eléctricas. Todos los años, miles de servicios por “corto”, “incendio” o “fuga” recorren las alcaldías de la ciudad.

Sobre ese fondo existen más de once mil unidades habitacionales registradas y decenas de torres residenciales y corporativas donde confluyen alta densidad humana, instalaciones envejecidas, cuartos eléctricos saturados, tanques estacionarios, transformadores y plantas de emergencia. Es ahí donde la probabilidad de que una falla doméstica se convierta en una emergencia estructural deja de ser abstracta.

El mapa del riesgo cotidiano no es una metáfora. Tiene coordenadas, colonias, tipologías de edificios y antecedentes. La ciudad ya lo trazó. Lo que falta no es información: es decisión.

Mirar el mapa y no intervenir

El mismo Estado que produce leyes de gestión integral de riesgos, reglamentos y atlas convive con ese mapa como si fuera inevitable. Lo mira, lo nombra en documentos técnicos, pero rara vez toca sus causas materiales.

La ley de gestión integral de riesgos y el propio Marco de Sendai obligan a los gobiernos a fijar metas explícitas de reducción del riesgo y de pérdidas. En la práctica, la ciudad solo mide cuántos eventos logra “controlar”, no cuántos deja de producir.

El marco legal es claro. La gestión integral de riesgos obliga a identificar, analizar y reducir los riesgos tecnológicos. Gas LP, cortocircuitos e instalaciones envejecidas no son “incidentes domésticos”: son peligros reconocidos que deben corregirse antes de que se manifiesten en explosión o incendio.

Sin embargo, en la práctica, casi no existen programas masivos de reconversión de instalaciones de gas y electricidad en unidades habitacionales ni en edificios de alta densidad. Las revisiones suelen ser voluntarias, fragmentarias o reactivas. Los programas piloto son limitados. No hay obligaciones sistemáticas de inspección periódica para la mayoría de los inmuebles multifamiliares.

Mientras tanto, el presupuesto público se orienta a otras prioridades: grandes obras visibles, proyectos emblemáticos de movilidad o renovación urbana, anuncios de modernización que dejan fuera lo más prosaico —y decisivo—: la reconversión masiva de instalaciones de gas y electricidad en miles de unidades habitacionales donde vive casi la mitad de la ciudad.

El resultado es un modelo de gobierno del riesgo basado en la respuesta. Se invierte en cuerpos de emergencia, en atención rápida, en comunicación de “evento controlado”. Se invierte poco en reducir de manera sostenida el número de eventos.

La ciudad ha elegido un camino: es políticamente más aceptable mandar bomberos que mandar cuadrillas a cambiar instalaciones viejas.

No es una fatalidad técnica. Es una decisión política.

El costo político y social

Cada explosión y cada incendio no solo consumen ladrillos, cableado o acabados. Consumen confianza.

Detrás del parte oficial —“sin lesionados”, “emergencia controlada”, “reingreso ordenado”— queda una huella que no entra en la estadística: miedo a volver a dormir en el mismo edificio, hogares deshechos, mascotas perdidas, rutinas suspendidas, vecinos que descubren que su casa puede dejar de ser habitable en minutos.

En Taxqueña, en Zamora 75 y en cientos de casos menos visibles, la pérdida no es solo material. Se rompe una idea básica: la de que el hogar es un lugar seguro. Se instala otra, mucho más corrosiva: esto puede volver a pasar y nadie lo va a evitar por mí.

Cuando las autoridades llaman “lamentable accidente” a lo que era estadísticamente previsible, el mensaje es doble. Reconocen el daño, pero eluden la responsabilidad de haber convivido durante años con la probabilidad del siniestro sin modificar las condiciones que lo hicieron posible.

El costo político más profundo no está en el escándalo del día ni en la conferencia bajo la carpa de protección civil. Está en la normalización. En una ciudad que se acostumbra a oír explosiones, ver columnas de humo, evacuar edificios y recibir siempre la misma frase tranquilizadora: afortunadamente no hubo muertos.

Vivir sobre un mapa que el gobierno ya conoce significa saber que el próximo punto rojo —la siguiente explosión, el siguiente incendio— ya está, de alguna forma, anticipado en sus bases de datos. El costo político de esa convivencia no se mide en conferencias ni en likes, sino en una ciudad que aprende que su seguridad cotidiana es negociable.

Que su edificio, su unidad, su torre, pueden entrar mañana en la lista de “casos lamentables” sin que nadie en el poder pierda realmente nada.

Infra Rojo – Parte V

El riesgo no es invisible.
Está mapeado.

Lo invisible es la decisión de intervenir antes. Y mientras esa decisión siga postergándose, la ciudad seguirá gobernándose no desde la prevención, sino desde la aceptación tácita del daño.

Porque cuando un gobierno conoce el mapa del riesgo y elige no corregirlo, el siguiente incendio o estallido deja de ser un accidente. Se convierte en el costo político de una omisión prolongada.

 

Referencias

Heroico Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de México. (2024). Estadísticas de servicios atendidos 2014–2024. Gobierno de la Ciudad de México. https://www.gob.mx/cdmx

N+ Noticias. (2024). Fugas y explosiones de gas LP en la Ciudad de México: solicitudes de información al Heroico Cuerpo de Bomberos (2014–2024). https://www.nmas.com.mx

El Economista. (2026, 9 de enero). Explosión por acumulación de gas deja heridos y viviendas dañadas en Paseos de Taxqueña, CDMX. https://www.eleconomista.com.mx

Animal Político. (2026, 9 de enero). Explosión por fuga de gas en unidad habitacional de Coyoacán obliga a evacuación masiva. https://www.animalpolitico.com

Gobierno de la Ciudad de México. (2024). Estadísticas de incendios en la Ciudad de México 2019–2024. Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil. https://www.cdmx.gob.mx

Heroico Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de México. (2023). Programa Bomberos en Casa: prevención de incendios por gas y electricidad. Gobierno de la Ciudad de México. https://www.gob.mx/cdmx

Excélsior. (2026, 10 de enero). Incendio en edificio de la colonia Condesa provoca evacuación preventiva. https://www.excelsior.com.mx

N+ Noticias. (2026, 10 de enero). Bomberos controlan incendio en edificio de Zamora 75; no hubo lesionados. https://www.nmas.com.mx

Procuraduría Social de la Ciudad de México. (2022). Diagnóstico de unidades habitacionales en la Ciudad de México. Gobierno de la Ciudad de México. https://www.prosoc.cdmx.gob.mx

INFO CDMX. (2021). Unidades habitacionales y población residente en la Ciudad de México. Instituto de Transparencia de la Ciudad de México. https://www.infocdmx.org.mx

Congreso de la Unión. (2012). Ley General de Protección Civil. Diario Oficial de la Federación. https://www.diputados.gob.mx

Congreso de la Ciudad de México. (2019). Ley de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la Ciudad de México. Gaceta Oficial de la Ciudad de México. https://www.congresocdmx.gob.mx

Gobierno de la Ciudad de México. (2020). Reglamento de la Ley de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la Ciudad de México. Gaceta Oficial de la Ciudad de México.

United Nations Office for Disaster Risk Reduction. (2015). Sendai Framework for Disaster Risk Reduction 2015–2030. United Nations. https://www.undrr.org

 

miércoles, 14 de enero de 2026

 

INFRA ROJO – LA CIUDAD QUE ARDE PARTE IV

El mapa del riesgo cotidiano: la ciudad donde viven millones… y el peligro que nadie quiere priorizar

Por José Rafael Moya Saavedra

Después de Taxqueña y Zamora 75, la pregunta ya no es qué pasó ahí, sino dónde puede repetirse mañana.

La respuesta no está en el azar ni en la mala suerte. Está en un dato que rara vez se cruza con el discurso del riesgo: en la Ciudad de México existen más de once mil unidades habitacionales, donde viven alrededor de 3.5 millones de personas. Casi cuatro de cada diez habitantes de la capital habitan en este tipo de conjuntos.

Ahí —en esos edificios, torres y conjuntos— se juega la seguridad cotidiana de una parte decisiva de la ciudad.

Este no es un mapa del desastre después del incendio o la explosión. Es el mapa del riesgo antes de que vuelva a arder o estallar.

Una ciudad que ya sabe dónde vive el riesgo

Los datos institucionales lo confirman. La Ciudad de México registra más de 29 mil incendios en cinco años, un promedio de 14 diarios. En paralelo, acumula decenas de miles de emergencias por fugas de gas y cientos de explosiones relacionadas con gas LP, con una frecuencia cercana a una cada ocho días.

La mayoría ocurre en vivienda. Y buena parte se origina en dos causas previsibles: cortocircuitos y fugas de gas.

La ciudad sabe que arde y explota de manera recurrente. Lo que no ha hecho es convertir ese conocimiento en una política explícita de reducción del riesgo, como exigiría cualquier enfoque serio de gestión integral y los compromisos del Marco de Sendai.

Colonias donde el riesgo se acumula

El riesgo tecnológico-doméstico no se distribuye al azar. Se concentra donde se cruzan densidad, antigüedad y redes sobrecargadas.

Taxqueña, Condesa, Centro Histórico, amplias zonas de Iztapalapa y la Gustavo A. Madero aparecen una y otra vez en reportes, comunicados y notas: explosiones de gas en unidades habitacionales, incendios por cortocircuitos en edificios altos, cuartos de medidores y transformadores que arden.

Son colonias donde:

  • predominan edificios construidos entre los años sesenta y noventa,
  • las instalaciones originales no fueron diseñadas para la demanda actual,
  • conviven vivienda, comercio y servicios en el mismo inmueble,
  • y la apariencia de normalidad oculta vulnerabilidades técnicas profundas.

Ese patrón no se usa para priorizar intervención. Cada siniestro se atiende como evento aislado, aunque en conjunto dibujan una cartografía clara del riesgo cotidiano.

Unidades habitacionales: el escenario central del riesgo

Las unidades habitacionales son el principal escenario urbano del riesgo tecnológico que la ciudad evita nombrar.

Más de once mil conjuntos, públicos y privados, repartidos en 15 alcaldías, concentran:

  • tanques estacionarios compartidos,
  • redes eléctricas envejecidas,
  • cuartos de medidores saturados,
  • escaleras únicas,
  • plantas bajas críticas,
  • y una ausencia generalizada de inspecciones periódicas obligatorias.

Aquí, una falla doméstica —una fuga, un corto, un calentador, una chimenea improvisada— no se queda en el departamento. Se convierte en emergencia estructural que afecta a decenas o cientos de personas.

Taxqueña y Zamora 75 no son excepciones. Son casos tipo.

La ciudad vertical también arde

El mapa del riesgo no termina en las unidades populares.

Un segundo cinturón aparece en la ciudad vertical: rascacielos y torres de oficinas o uso mixto en corredores como Reforma, Insurgentes, Santa Fe y Nuevo Polanco.

Son edificios con:

  • cargas eléctricas intensas,
  • plantas de emergencia,
  • cuartos de transformadores,
  • restaurantes y cocinas con gas en altura,
  • estacionamientos subterráneos masivos.

Incidentes recientes en torres corporativas sobre Reforma o en complejos del eje Insurgentes muestran la misma lógica: un corto en un cuarto técnico basta para evacuar edificios completos y comprometer la movilidad y la seguridad de cientos de personas.

Cambia el skyline. No cambia la lógica del riesgo mal gestionado.

El riesgo que no se ve… hasta que se siente

Antes del siniestro, el riesgo es invisible.
Después, es corporal.

Los vecinos no hablan de “sobrecarga eléctrica” ni de “riesgo tecnológico”. Hablan de:

  • humo,
  • olor,
  • calor,
  • pérdida súbita del aire,
  • desorientación.

El riesgo no se percibe como técnico, sino cuando el cuerpo ya no puede habitar el espacio. Para entonces, la prevención ya no existe: solo la evacuación.

Prioridades que la ciudad evita asumir

Si el riesgo cotidiano tiene mapa, también tiene prioridades claras:

1. Edificios, no individuos
La política no puede seguir centrada en “cuida tu instalación”. El foco debe estar en redes compartidas y conjuntos completos.

2. Antigüedad + altura + densidad
Unidades de los sesenta a los noventa, torres altas y conjuntos densos deben ser el primer objetivo de reconversión, no el último.

3. Plantas bajas como zona crítica
Gas, electricidad, ventilación y rutas de evacuación deben tratarse como sistemas integrados, no como detalles técnicos.

4. Información pública utilizable
Sin un mapa integrado de incidentes por colonia y tipo de inmueble, la ciudad no aprende. Solo reacciona.

Del mapa tácito al mapa político

Hoy, el mapa del riesgo cotidiano existe en la experiencia de millones de personas, en los registros de bomberos y en estadísticas dispersas.

Lo que no existe es su traducción en decisiones urbanas sostenidas.

Mientras el riesgo siga siendo tratado como:

  • doméstico,
  • accidental,
  • inevitable,

la ciudad seguirá produciendo Taxqueñas, Zamoras y Reformas 300 con distintos nombres y fechas.

Infra Rojo – Parte IV

El riesgo cotidiano no aparece de golpe.
Se acumula por colonia, por edificio y por omisión.

La Ciudad de México no necesita más mapas después del desastre.
Necesita leer el que ya existe donde viven millones de personas.

Porque el riesgo no vive en la estadística.
Vive en los edificios donde, todos los días, alguien piensa: “Aquí nunca ha pasado nada”.

 

Bibliografía

CENAPRED. (2023). Diagnóstico de riesgos en zonas urbanas de alta densidad. Centro Nacional de Prevención de Desastres.

Gobierno de la Ciudad de México. (2023). Estadísticas de incendios y emergencias por gas en la Ciudad de México 2018–2023. Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil.

Lavell, A. (2000). Desastres y desarrollo: Hacia un entendimiento de las causas subyacentes del riesgo. FLACSO.

Maskrey, A. (2011). Revisiting community-based disaster risk management. Environmental Hazards, 10(1), 42–52.
https://doi.org/10.1080/17477891.2011.579336

Naciones Unidas. (2015). Marco de Sendai para la reducción del riesgo de desastres 2015–2030. UNDRR.

Organisation for Economic Co-operation and Development (OECD). (2019). Urban resilience: A systemic approach. OECD Publishing.
https://doi.org/10.1787/9789264311903-en

Wisner, B., Blaikie, P., Cannon, T., & Davis, I. (2004). At risk: Natural hazards, people’s vulnerability and disasters (2nd ed.). Routledge.

Este análisis se apoya en enfoques internacionales de gestión integral del riesgo, estadísticas oficiales y literatura especializada en riesgo urbano y vulnerabilidad.


martes, 13 de enero de 2026

 

INFRA ROJO – LA CIUDAD QUE ARDE (PARTE III)

Gas, luz y edificios: la política urbana que la Ciudad de México sigue postergando
Por José Rafael Moya Saavedra

En Taxqueña, el gas acumulado explotó.
En Zamora 75, una chispa eléctrica incendió un edificio.

En ambos casos, la ciudad reaccionó bien después.
En ninguno, actuó antes.

La lección conjunta de estas dos escenas no es técnica ni anecdótica. Es política: la Ciudad de México carece de una política urbana explícita para reconvertir el riesgo tecnológico-doméstico en edificios de vivienda. Gas y electricidad —los dos servicios más extendidos y cotidianos— se han convertido también en las dos vías más previsibles del desastre urbano.

El riesgo que se administra, no se reduce

Durante años, la gestión del riesgo en la ciudad ha operado bajo una lógica implícita: contener el daño cuando ocurre, no reducir la probabilidad de que ocurra.

Los datos son conocidos. En la última década, la Ciudad de México ha acumulado cientos de explosiones por gas y decenas de miles de incendios, de los cuales más de la mitad en vivienda se relacionan con cortocircuitos y sobrecargas eléctricas. No se trata de episodios aislados, sino de una recurrencia constante que se repite colonia tras colonia, año tras año.

Aun así, no existe una estrategia integral que trate al gas y a la electricidad como riesgos tecnológicos estructurales, al mismo nivel que sismos o inundaciones. Se les sigue clasificando como “fallas domésticas”, cuando en edificios de varios niveles ya no lo son. En contextos de alta densidad, una fuga o un cortocircuito dejan de ser un problema privado y se convierten en amenaza colectiva.

El edificio como punto ciego de la política urbana

La vivienda multifamiliar es hoy la frontera del riesgo urbano, pero también su mayor vacío normativo.

En la práctica:

  • no hay revisiones periódicas obligatorias de instalaciones de gas en condominios;
  • no existe un programa sistemático de diagnóstico y sustitución de redes eléctricas antiguas;
  • los cuartos de medidores, tanques compartidos y ductos verticales quedan fuera de una supervisión continua;
  • los planes internos de emergencia siguen siendo excepcionales, no regla.

Buena parte de estos incidentes se concentra en edificios construidos entre los años sesenta y noventa, donde instalaciones pensadas para otra demanda hoy soportan más aparatos, más consumo y mayor densidad, sin haber sido reconvertidas. La ciudad regula el uso de suelo, la densidad y la altura, pero no acompaña esa verticalidad con una política equivalente de seguridad tecnológica.

Lo que exige la gestión integral del riesgo (y no se cumple)

Desde la gestión integral del riesgo —y desde el propio Marco de Sendai— el mandato es claro: prevenir la creación de nuevos riesgos y reducir los existentes. No hay distinción entre peligros “naturales” y “tecnológicos” cuando ambos producen pérdidas humanas, materiales y sociales.

Aplicado a la Ciudad de México, eso implicaría al menos cuatro líneas de acción que hoy no existen de forma articulada:

  1. Reconversión de instalaciones
    Programas públicos, con incentivos, créditos o subsidios, para sustituir redes de gas y electricidad envejecidas en edificios multifamiliares, priorizando inmuebles antiguos y zonas de alta recurrencia.
  2. Inspección periódica obligatoria
    No voluntaria ni reactiva. Revisiones técnicas regulares de instalaciones compartidas, con registros verificables y consecuencias reales por incumplimiento.
  3. Gobernanza del edificio
    Obligar a que los condominios cuenten con planes de emergencia por gas e incendios eléctricos, brigadas internas, señalización y protocolos claros de evacuación.
  4. Datos para aprender
    Una base pública integrada de incidentes por gas y electricidad —fugas, flamazos, explosiones, cortocircuitos e incendios— que permita identificar patrones, zonas críticas y fallas recurrentes. Un arreglo mínimo sería el reporte obligatorio y estandarizado de cada evento, su integración periódica en una base pública y mesas de revisión interinstitucionales para traducir datos en intervenciones concretas sobre edificios.

Sin estos elementos, la ciudad seguirá apagando fuegos sin reducir su frecuencia.

El costo de no reconvertir

Cada explosión contenida y cada incendio sofocado sin corrección estructural traslada el costo:

  • a las familias que pierden su hogar,
  • a los vecinos desplazados,
  • a los cuerpos de emergencia saturados,
  • y al erario, que paga atención y reconstrucción, pero no prevención.

La pregunta ya no es si la ciudad puede pagar una política de reconversión tecnológica. La pregunta es cuánto cuesta seguir sin ella.

De lo inevitable a lo inaceptable

Llamar “accidente” a Taxqueña o a Zamora 75 diluye responsabilidades.
Tratar estos eventos como inevitables los normaliza.

La gestión integral del riesgo propone lo contrario: volver políticamente inaceptable que un edificio estalle o arda por fallas previsibles. No como excepción trágica, sino como fracaso de política pública.

Infra Rojo – Parte III

El gas no explota solo.
La electricidad no incendia sola.

Ambos lo hacen donde el mantenimiento se pospone, la inspección se omite y la política urbana decide mirar hacia otro lado. Mientras la ciudad no reconvierta sus edificios, seguirá reaccionando con sirenas. Y cada sirena será la confirmación de una decisión tomada antes: no prevenir.

 

NOTA EDITORIAL

Este análisis se apoya en el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres, en información pública de la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la Ciudad de México, reportes operativos del Heroico Cuerpo de Bomberos y datos de INEGI sobre antigüedad del parque habitacional.

lunes, 12 de enero de 2026

 

INFRA ROJO – LA CIUDAD QUE ARDE PARTE II

Cuando la chispa incendia: Zamora 75 y la otra cara del riesgo urbano

Por José Rafael Moya Saavedra

En Taxqueña, el gas acumulado explotó.
En la Condesa, una chispa eléctrica bastó para incendiar un edificio.

A primera vista, parecen historias distintas. En el fondo, son la misma advertencia.

La tarde del 10 de enero de 2026, un incendio se originó en un departamento de planta baja de un edificio de 14 pisos ubicado en Zamora 75, entre Juan Escutia y Zamora, en la colonia Condesa, alcaldía Cuauhtémoc. El fuego consumió por completo un departamento y dañó parcialmente otro; las llamas alcanzaron el primer piso y generaron una densa columna de humo visible desde varias calles.

No hubo explosión. Hubo algo igual de determinante: el aire se volvió irrespirable.

No siempre estalla: a veces arde

El imaginario urbano asocia el riesgo tecnológico al estallido espectacular. Sin embargo, la mayoría de los siniestros domésticos no explotan: incendian.

Cortocircuitos, sobrecargas, instalaciones eléctricas envejecidas, conexiones improvisadas. El fuego no llega de golpe; se filtra, se propaga por ductos, plafones y áreas comunes. “Cuando aparece, deja de ser un ‘incidente eléctrico’ y se convierte en una emergencia estructural del edificio completo.”

Los informes preliminares de bomberos señalan como causa probable un corto circuito, aunque la investigación oficial continúa abierta. En algunas versiones preliminares se menciona el posible uso de una chimenea de alcohol para mitigar el frío, una práctica cada vez más común y poco regulada en departamentos.

Como con el gas, el detonante es pequeño. Lo que lo vuelve peligroso es el entorno.

“Solo vimos humo y salimos corriendo”

Los testimonios vecinales de Zamora 75 coinciden, en una palabra: sorpresa.

Empezamos a ver mucho humo desde la planta baja y de repente ya no se podía respirar, relata una vecina.

Otro residente recuerda: “Nos dijeron que saliéramos de inmediato. No sabíamos qué estaba pasando, solo bajamos por las escaleras”.

En videos difundidos en redes sociales se escucha a vecinas decir que “había bastante humo”, que los evacuaron y que salieron sin alcanzar a tomar nada”.

Una mujer resume la experiencia en una frase simple: “Pensé que era algo pequeño, pero el edificio se llenó de humo muy rápido”.

“El riesgo no fue percibido como eléctrico. Se manifestó directamente en el cuerpo: pérdida de respirabilidad, desorientación y pérdida de control.”

Lo ocurrido en Zamora 75 no es una excepción. Las palabras de los vecinos dialogan, casi línea por línea, con lo que ya se escuchó días antes en Taxqueña tras la explosión por gas. Cambia el detonante, pero la experiencia del riesgo es la misma.

Dos escenas, una misma advertencia

Citas espejo: Taxqueña (gas) / Zamora 75 (electricidad)

Taxqueña – Explosión por gas

Zamora 75 – Incendio eléctrico

Fue como una bomba. Todo tembló de golpe”.

Solo vimos mucho humo y salimos corriendo”.

No nos dio tiempo de nada, las ventanas volaron”.

No alcanzamos a tomar nada, solo bajar por las escaleras”.

Nunca pensamos que algo así pudiera pasar aquí”.

Nunca pensamos que algo así pudiera pasar aquí”.

El edificio quedó inhabitable en segundos”.

En minutos ya no se podía respirar”.

Salimos sin entender qué había pasado”.

Nos evacuaron sin saber exactamente qué estaba pasando”.

Lectura común: En Taxqueña el gas estalló; en Zamora 75 la electricidad incendió.
En ambos casos, los vecinos describen sorpresa total, salida precipitada y pérdida inmediata del espacio habitable.

La respuesta que funciona… después

Desde el ámbito institucional, el relato es otro. El director del Heroico Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de México, Juan Manuel Pérez Cova, informó que dos departamentos resultaron siniestrados —uno en su totalidad y otro de manera parcial— y que el incendio fue extinguido sin personas lesionadas, con labores de enfriamiento y remoción de escombros.

La Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil reportó que se evacuó preventivamente a 90 personas (en algunos reportes, hasta cerca de 200 considerando zonas aledañas) y que la emergencia fue totalmente controlada, permitiendo el reingreso ordenado de vecinos tras la ventilación del inmueble.

Como en Taxqueña, ambos relatos son verdaderos, pero hablan de momentos distintos del mismo fenómeno: el institucional enfatiza el control del evento; el vecinal revela que nadie vivía con la idea de que una falla eléctrica podía volver inhabitable su edificio en cuestión de minutos.

El edificio como amplificador del riesgo

Zamora 75 no es un inmueble improvisado. Forma parte de una colonia consolidada, con servicios, mantenimiento y apariencia de seguridad. Precisamente por eso el incendio incomoda: rompe la ilusión de control.

Nunca pensamos que algo así pudiera pasar aquí”, dice un vecino al volver a su departamento horas después.

En edificios de este tipo confluyen:

  • instalaciones eléctricas diseñadas para otra época,
  • demandas actuales de consumo (electrodomésticos, cargadores, calefactores),
  • cuartos de medidores saturados,
  • planta baja como punto crítico de propagación del fuego,
  • ausencia de planes específicos para incendios eléctricos.

La arquitectura multiplica el impacto de la falla doméstica.

La ciudad que ya sabe… y sigue sorprendida

El incendio de Zamora 75 no es una anomalía. Es parte de un patrón urbano conocido.

Entre 2019 y 2024, la Ciudad de México registró más de 29 mil incendios, un promedio de 14 diarios, la mayoría en casa habitación. Especialistas y datos oficiales coinciden en que alrededor de 53% de los incendios en vivienda están vinculados a cortocircuitos y fallas eléctricas, seguidos por fugas de gas y otras causas.

Se trata de cifras oficiales retomadas de registros del Heroico Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de México y reportes del gobierno capitalino, no de estimaciones aisladas.

La ciudad sabe que arde por dos caminos previsibles: gas y electricidad. Y aun así, trata cada incendio y cada explosión como si fueran una sorpresa.

El espejo de Taxqueña

Taxqueña mostró cómo una fuga de gas acumulada puede hacer estallar un edificio.
            Zamora 75 muestra cómo una chispa eléctrica puede volver inhabitable un inmueble entero.

Cambian los detonantes.
No cambia la lógica.

En ambos casos:

  • una falla cotidiana,
  • instalaciones envejecidas,
  • alta densidad humana,
  • evacuaciones masivas,
  • respuesta eficaz…
  • prevención ausente: que tanto gas como electricidad son riesgos tecnológicos que la ley obliga a identificar y reducir, no solo a atender una vez que se manifiestan en explosión o incendio.

Infra Rojo – Parte II

En Taxqueña explotó el gas.
En la Condesa ardió la chispa.

El mensaje es el mismo: el edificio es hoy la nueva frontera del riesgo urbano, y la ciudad sigue actuando como si el siguiente incendio o estallido fuera inevitable.

No todos los riesgos estallan. Algunos arden primero.

“Cada incendio que no se traduce en corrección estructural prepara el siguiente desastre.”.

 

REFERENCIAS

Heroico Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de México. (2014–2024). Registros de servicios atendidos por fugas, flamazos y explosiones relacionadas con gas LP. Ciudad de México: HCB-CDMX.
(Datos obtenidos mediante solicitudes de acceso a la información pública.)

N+ Noticias. (2024). Fugas y explosiones de gas LP en la Ciudad de México: cifras oficiales revelan patrón recurrente. Ciudad de México: TelevisaUnivision.
(Información basada en solicitudes de transparencia al Heroico Cuerpo de Bomberos de la CDMX.)

El Economista. (2026, 9 de enero). Explosión por fuga de gas deja heridos y edificio inhabitable en Paseos de Taxqueña. Ciudad de México.

La Jornada. (2026, 9 de enero). Explosión por gas LP obliga a evacuar a miles de vecinos en Coyoacán. Ciudad de México.

Heroico Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de México. (2019–2024). Estadísticas de incendios urbanos y causas probables en la Ciudad de México. Ciudad de México: HCB-CDMX.

Gobierno de la Ciudad de México. (2024). Programa “Bomberos en Casa”: prevención de incendios por gas y electricidad en vivienda. Ciudad de México: Gobierno de la CDMX.

Excélsior. (2026, 10 de enero). Incendio en edificio de la colonia Condesa obliga a evacuar a decenas de personas. Ciudad de México.

N+ Noticias. (2026, 10 de enero). Corto circuito, posible causa de incendio en edificio de Zamora 75, en la Condesa. Ciudad de México.

Congreso de la Unión. (2012, última reforma vigente). Ley General de Protección Civil. Diario Oficial de la Federación, México.

Congreso de la Ciudad de México. (2019). Ley de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la Ciudad de México. Gaceta Oficial de la Ciudad de México.

Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la Ciudad de México. (2025). Atlas de Riesgos de la Ciudad de México. Ciudad de México: SGIRPC.

United Nations Office for Disaster Risk Reduction (UNDRR). (2015). Sendai Framework for Disaster Risk Reduction 2015–2030. Geneva: United Nations.

United Nations Office for Disaster Risk Reduction (UNDRR). (2017). Words into Action Guidelines: National Disaster Risk Assessment. Geneva: United Nations.

domingo, 11 de enero de 2026

 

INFRA ROJO – LA CIUDAD QUE ARDE PARTE I

Cuando el gas estalla: Taxqueña y la fabricación cotidiana del desastre

Por José Rafael Moya Saavedra

El 9 de enero de 2026, la Ciudad de México despertó de golpe. No fue el tráfico ni una sirena aislada. Fue una explosión que sacudió la Unidad Habitacional Paseos de Taxqueña, en la alcaldía Coyoacán, y que se escuchó como si una bomba hubiera detonado dentro de un edificio de departamentos.

Video: Explosion Taxqueña: https://youtu.be/jOlXd-XyPO8?si=q_z5UgOIe1vO2Wzc

A las 8:55 de la mañana, una fuga de gas LP acumulada en un departamento del tercer piso estalló. Ventanas volaron, herrerías se doblaron, muros se fracturaron. Cinco personas resultaron lesionadas; dos de ellas con quemaduras graves. El edificio fue declarado inhabitable y entre dos mil y dos mil quinientas personas tuvieron que abandonar sus casas mientras se realizaban dictámenes estructurales.

La versión oficial fue clara y rápida: un lamentable accidente. La experiencia vecinal fue otra cosa: la ruptura abrupta de la vida cotidiana.

El estruendo que revela lo invisible

Los testimonios coinciden. “Fue como una bomba”. “Todo el edificio tembló”. “Salimos corriendo sin nada”. Una vecina relató que fue su perro quien la alertó y la obligó a salir segundos antes del estallido. El sistema no avisó; el instinto sí.

Ahí comienza la grieta central de este ensayo: entre una narrativa institucional que normaliza el evento y una experiencia social que expone vulnerabilidad, miedo e incertidumbre.

Taxqueña no fue solo una explosión. Fue la manifestación violenta de un riesgo que llevaba tiempo instalado, silencioso y tolerado.

El gas como parte del paisaje urbano

En la Ciudad de México, el gas LP forma parte de lo cotidiano: cocinar, bañarse, calentar agua. Precisamente por eso, su peligro se vuelve invisible. La fuga pequeña no se percibe como emergencia. El olor se ventila. La instalación vieja se deja “para luego”. El calentador mal colocado se normaliza.

La gestión integral de riesgos advierte que ahí empieza el desastre: cuando el peligro conocido se cruza con vulnerabilidades persistentes y una alta exposición urbana.

En el nivel del hogar, el patrón es recurrente: instalaciones envejecidas, conexiones improvisadas, falta de protocolos claros ante olor a gas. No es ignorancia total; es normalización del riesgo.

Cuando el edificio multiplica el daño

Lo doméstico se vuelve colectivo cuando ocurre dentro de un edificio multifamiliar. En Taxqueña, la explosión de un solo departamento dañó estructuras, afectó inmuebles contiguos y obligó a una evacuación masiva.

Aquí aparece una segunda capa del problema: edificios con sistemas de gas compartidos, tanques estacionarios, redes internas antiguas y una responsabilidad difusa entre administraciones, vecinos, empresas de mantenimiento y autoridades.

No hubo evidencia de planes de emergencia del conjunto, ni brigadas organizadas, ni simulacros previos. La evacuación fue reactiva, precipitada, improvisada. El edificio no solo falló por la explosión; falló por ausencia de gestión del riesgo.

La respuesta que siempre llega después

La reacción institucional fue inmediata. Bomberos CDMX, ERUM, policía, Marina y Ejército acordonaron la zona, removieron escombros y controlaron riesgos secundarios. Se habilitaron albergues, incluso para mascotas. La Secretaría de Gestión Integral de Riesgos inició investigaciones técnicas.

En la matriz del riesgo, este nivel sí funciona: la atención a la emergencia es rápida, visible, eficaz.

El problema es lo que no ocurrió antes.

No hay evidencia de inspecciones sistemáticas previas en unidades habitacionales antiguas. No existe una política robusta de sustitución de instalaciones envejecidas. La prevención queda reducida a mensajes generales que no se traducen en práctica.

La autoridad entra cuando el gas ya explotó.

Taxqueña no está sola: una ciudad que estalla con regularidad

Leída en perspectiva, la explosión de Taxqueña no es excepcional. Es parte de un patrón urbano ampliamente documentado:

  • Más de 108 mil emergencias por fugas de gas atendidas en una década.
  • Cerca de 500 explosiones relacionadas con gas entre 2014 y 2024.
  • Una explosión, en promedio, cada ocho días.

Se trata de cifras oficiales del Heroico Cuerpo de Bomberos, obtenidas vía solicitudes de información, no de una simple estimación periodística. Son evidencia institucional de un patrón que la ciudad conoce desde hace años.

La ciudad repite estas cifras. Las archiva. Pero no las convierte en políticas que rompan el ciclo.

Convertir “una explosión cada ocho días” en una cifra que se menciona sin escándalo es una forma de tolerancia institucional al riesgo: la estadística deja de ser alarma y se vuelve costumbre. El Marco de Sendai, en cambio, plantea que los Estados deben establecer metas claras para reducir el riesgo y las pérdidas, no normalizar su recurrencia como si fuera un costo inevitable de vivir aquí.

El error de llamar “accidente” a lo que es estructural

La gestión integral de riesgos plantea un cambio de mirada: explosiones como las de Taxqueña o las de pipas en vialidades no son accidentes aislados, sino desastres construidos socialmente.

Son el resultado de una interacción prolongada entre:

  • Peligros conocidos (gas LP, transporte de sustancias peligrosas).
  • Vulnerabilidades persistentes (edificios viejos, pobreza energética, mantenimiento deficiente).
  • Alta exposición (densidad urbana, corredores viales saturados).

Desde este enfoque, el riesgo puede y debe intervenirse antes del estallido.

Lo que la ley dice y lo que la ciudad omite

El marco legal mexicano y el de la Ciudad de México reconocen explícitamente la gestión integral del riesgo, incluida la dimensión tecnológica. La ley obliga a identificar, analizar, evaluar y reducir riesgos, no solo a responder a emergencias.

La misma legislación que manda gestionar integralmente el riesgo no se traduce en revisiones periódicas obligatorias de las instalaciones de gas en condominios ni en una base pública integrada de incidentes que permita aprender de cada explosión.
La norma existe. La implementación no.

La matriz que se repite

Taxqueña permite leer con claridad la matriz completa del problema:

En el hogar, existían mensajes básicos de prevención —cerrar llaves, ventilar, evacuar— pero no se tradujeron en acción oportuna. La fuga se normalizó hasta que el gas explotó.

En el edificio, no hubo evidencia de revisiones periódicas obligatorias, ni planes de emergencia, ni simulacros. La ley no exige con suficiente claridad que los condominios gestionen de forma continua el riesgo tecnológico.

En la alcaldía, la respuesta posterior funcionó. Bomberos y cuerpos de emergencia actuaron con rapidez. Pero la gestión integral del riesgo no empieza cuando llega la sirena, sino mucho antes.

En la ciudad, existe información histórica suficiente para saber que hay una explosión relacionada con gas aproximadamente cada ocho días. Sin embargo, no hay una política pública explícita orientada a reducir ese número, como exigiría el Marco de Sendai.

Cambian los nombres de las colonias. No cambia el sistema que produce el riesgo.

De lo “lamentable” a lo inaceptable

Mientras las autoridades subrayan que “no hubo fallecidos” y que la emergencia fue controlada, los vecinos enfrentan la pérdida de su hogar, la incertidumbre del retorno y la conciencia brutal de que vivían junto a un riesgo que nunca eligieron.

Esa tensión revela el fondo del problema: la ciudad ha normalizado la explosión como parte del paisaje urbano.

La gestión integral de riesgos propone lo contrario: que estos eventos dejen de ser “lamentables” y se vuelvan políticamente inaceptables.

Epílogo: Taxqueña e Iztapalapa: dos escenarios, un mismo riesgo

Taxqueña ocurrió dentro de un edificio.
Iztapalapa ocurrió en plena vialidad.

En enero de 2025, una pipa de gas LP volcó y explotó en el Puente de la Concordia, en Iztapalapa, generando un incendio de gran magnitud, daños a viviendas aledañas, suspensión del transporte y una escena que recordó que el gas también circula —ardiendo— por las arterias de la ciudad.

A primera vista, los casos parecen distintos: uno es doméstico, el otro vial; uno ocurre en un departamento, el otro en una pipa; uno afecta a vecinos inmediatos, el otro a terceros que simplemente transitaban.

Leídos desde la gestión integral de riesgos, son el mismo problema expresado en dos escenarios.

En Taxqueña, el riesgo se acumuló puertas adentro.
En Iztapalapa, el riesgo se desplazaba sobre ruedas.

En ambos casos, el peligro era conocido, la exposición evidente y las vulnerabilidades estaban ahí. La diferencia no está en el tipo de evento, sino en el punto del sistema donde falló la prevención.

En Taxqueña, la narrativa oficial habló de una fuga interna y de un accidente lamentable.
En Iztapalapa, el discurso se centró en la volcadura del vehículo y en la actuación del chofer.

En ambos casos, el énfasis se colocó en el evento inmediato, no en las condiciones estructurales que lo hicieron posible. La responsabilidad se individualiza. El sistema queda intacto.

El Marco de Sendai plantea lo contrario: prevenir la creación de nuevos riesgos y reducir los existentes, incluidos los tecnológicos. Taxqueña e Iztapalapa muestran que la ciudad administra el riesgo, pero no lo reduce.

Una explosión ocurrió entre muros.
La otra, sobre el asfalto.

Ambas dicen lo mismo: mientras el gas siga siendo tratado como un servicio cotidiano y no como un riesgo estructural, la ciudad seguirá despertando con explosiones en distintos puntos del mapa.

Infra Rojo

El gas no explota solo.
Explota donde el mantenimiento se pospone, la inspección se omite y el riesgo se administra como si fuera inevitable.

Taxqueña no fue un accidente.
Fue una advertencia más que la ciudad conoce bien…
y sigue sin escuchar.

 

Referencias

United Nations Office for Disaster Risk Reduction (UNDRR). (2015).
Marco de Sendai para la reducción del riesgo de desastres 2015–2030. Naciones Unidas.
https://www.undrr.org/publication/sendai-framework-disaster-risk-reduction-2015-2030

Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión. (2024).
Ley General de Protección Civil. Diario Oficial de la Federación.
https://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/LGPC.pdf

Gobierno de la Ciudad de México. (2023).
Ley de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la Ciudad de México. Gaceta Oficial de la Ciudad de México.
https://data.consejeria.cdmx.gob.mx/index.php/leyes/leyes

Gobierno de la Ciudad de México. (2023).
Reglamento de la Ley de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la Ciudad de México. Gaceta Oficial de la Ciudad de México.
https://data.consejeria.cdmx.gob.mx/index.php/reglamentos

Heroico Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de México. (2014–2024).
Registros de atención a emergencias por fugas de gas, flamazos y explosiones en la Ciudad de México [Base de datos obtenida mediante solicitudes de acceso a la información pública]. Gobierno de la Ciudad de México.

Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la Ciudad de México. (2026).
Comunicados oficiales y dictámenes técnicos sobre la explosión por gas LP en la Unidad Habitacional Paseos de Taxqueña. Gobierno de la Ciudad de México.

El Universal. (2023–2025).
Explosiones y emergencias por gas LP en la Ciudad de México [Cobertura periodística].
https://www.eluniversal.com.mx

N+. (2024).
Emergencias por fugas de gas en la Ciudad de México: datos históricos y atención de Bomberos [Reporte periodístico].
https://www.nmas.com.mx

Expansión. (2025).
Accidentes con gas LP y riesgos tecnológicos en zonas urbanas de México.
https://expansion.mx

Lavell, A. (2000).
Desastres y desarrollo: hacia un entendimiento de las causas de los desastres. La Red / FLACSO.

Maskrey, A. (1993).
Los desastres no son naturales. La Red / ITDG.

 Nota metodológica

Las cifras de fugas y explosiones de gas citadas en el ensayo provienen de registros oficiales del Heroico Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de México, obtenidos mediante solicitudes de acceso a la información pública. Se utilizan como evidencia institucional para identificar patrones de riesgo, no como estimaciones periodísticas.

 

 

 

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