INFRA ROJO – LA CIUDAD QUE ARDE PARTE I
Cuando el gas estalla: Taxqueña y la fabricación
cotidiana del desastre
Por José Rafael Moya Saavedra
El 9 de enero de 2026, la Ciudad
de México despertó de golpe. No fue el tráfico ni una sirena aislada. Fue
una explosión que sacudió la Unidad Habitacional Paseos de Taxqueña, en
la alcaldía Coyoacán, y que se escuchó como si una bomba hubiera
detonado dentro de un edificio de departamentos.
Video: Explosion Taxqueña: https://youtu.be/jOlXd-XyPO8?si=q_z5UgOIe1vO2Wzc
A las 8:55 de la mañana,
una fuga de gas LP acumulada en un departamento del tercer piso estalló.
Ventanas volaron, herrerías se doblaron, muros se fracturaron. Cinco personas
resultaron lesionadas; dos de ellas con quemaduras graves. El edificio fue
declarado inhabitable y entre dos mil y dos mil quinientas personas
tuvieron que abandonar sus casas mientras se realizaban dictámenes
estructurales.
La versión oficial fue clara y
rápida: un lamentable accidente. La experiencia vecinal fue otra
cosa: la ruptura abrupta de la vida cotidiana.
El estruendo que revela lo invisible
Los testimonios coinciden. “Fue
como una bomba”. “Todo el edificio tembló”. “Salimos corriendo
sin nada”. Una vecina relató que fue su perro quien la alertó y la
obligó a salir segundos antes del estallido. El sistema no avisó; el
instinto sí.
Ahí comienza la grieta central de
este ensayo: entre una narrativa institucional que normaliza el evento y una
experiencia social que expone vulnerabilidad, miedo e incertidumbre.
Taxqueña no fue solo una
explosión. Fue la manifestación violenta de un riesgo que llevaba tiempo
instalado, silencioso y tolerado.
El gas como parte del paisaje urbano
En la Ciudad de México, el gas LP
forma parte de lo cotidiano: cocinar, bañarse, calentar agua. Precisamente por
eso, su peligro se vuelve invisible. La fuga pequeña no se percibe como
emergencia. El olor se ventila. La instalación vieja se deja “para luego”. El
calentador mal colocado se normaliza.
La gestión integral de riesgos
advierte que ahí empieza el desastre: cuando el peligro conocido se
cruza con vulnerabilidades persistentes y una alta exposición urbana.
En el nivel del hogar, el patrón
es recurrente: instalaciones envejecidas, conexiones improvisadas, falta de
protocolos claros ante olor a gas. No es ignorancia total; es normalización
del riesgo.
Cuando el edificio multiplica el daño
Lo doméstico se vuelve colectivo
cuando ocurre dentro de un edificio multifamiliar. En Taxqueña, la explosión de
un solo departamento dañó estructuras, afectó inmuebles contiguos y obligó a
una evacuación masiva.
Aquí aparece una segunda capa del
problema: edificios con sistemas de gas compartidos, tanques estacionarios,
redes internas antiguas y una responsabilidad difusa entre
administraciones, vecinos, empresas de mantenimiento y autoridades.
No hubo evidencia de planes de
emergencia del conjunto, ni brigadas organizadas, ni simulacros previos. La
evacuación fue reactiva, precipitada, improvisada. El edificio no solo falló
por la explosión; falló por ausencia de gestión del riesgo.
La respuesta que siempre llega después
La reacción institucional fue
inmediata. Bomberos CDMX, ERUM, policía, Marina y Ejército acordonaron la zona,
removieron escombros y controlaron riesgos secundarios. Se habilitaron
albergues, incluso para mascotas. La Secretaría de Gestión Integral de Riesgos
inició investigaciones técnicas.
En la matriz del riesgo, este
nivel sí funciona: la atención a la emergencia es rápida, visible,
eficaz.
El problema es lo que no
ocurrió antes.
No hay evidencia de inspecciones
sistemáticas previas en unidades habitacionales antiguas. No existe una
política robusta de sustitución de instalaciones envejecidas. La prevención
queda reducida a mensajes generales que no se traducen en práctica.
La autoridad entra cuando el gas
ya explotó.
Taxqueña no está sola: una ciudad que estalla con
regularidad
Leída en perspectiva, la
explosión de Taxqueña no es excepcional. Es parte de un patrón urbano
ampliamente documentado:
- Más
de 108 mil emergencias por fugas de gas atendidas en una década.
- Cerca
de 500 explosiones relacionadas con gas entre 2014 y 2024.
- Una
explosión, en promedio, cada ocho días.
Se trata de cifras oficiales
del Heroico Cuerpo de Bomberos, obtenidas vía solicitudes de información, no
de una simple estimación periodística. Son evidencia institucional de un
patrón que la ciudad conoce desde hace años.
La ciudad repite estas cifras.
Las archiva. Pero no las convierte en políticas que rompan el ciclo.
Convertir “una explosión cada ocho días” en una cifra
que se menciona sin escándalo es una forma de tolerancia institucional al
riesgo: la estadística deja de ser alarma y se vuelve costumbre. El Marco
de Sendai, en cambio, plantea que los Estados deben establecer metas
claras para reducir el riesgo y las pérdidas, no normalizar su recurrencia
como si fuera un costo inevitable de vivir aquí.
El error de llamar “accidente” a lo que es estructural
La gestión integral de riesgos
plantea un cambio de mirada: explosiones como las de Taxqueña o las de pipas en
vialidades no son accidentes aislados, sino desastres construidos
socialmente.
Son el resultado de una interacción prolongada entre:
- Peligros
conocidos (gas LP, transporte de sustancias peligrosas).
- Vulnerabilidades
persistentes (edificios viejos, pobreza energética, mantenimiento
deficiente).
- Alta
exposición (densidad urbana, corredores viales saturados).
Desde este enfoque, el riesgo puede y debe intervenirse
antes del estallido.
Lo que la ley dice y lo que la ciudad omite
El marco legal mexicano y el de
la Ciudad de México reconocen explícitamente la gestión integral del riesgo,
incluida la dimensión tecnológica. La ley obliga a identificar, analizar,
evaluar y reducir riesgos, no solo a responder a emergencias.
La misma legislación que manda
gestionar integralmente el riesgo no se traduce en revisiones periódicas
obligatorias de las instalaciones de gas en condominios ni en una base pública
integrada de incidentes que permita aprender de cada explosión.
La norma existe. La implementación no.
La matriz que se repite
Taxqueña permite leer con
claridad la matriz completa del problema:
En el hogar, existían mensajes básicos de prevención
—cerrar llaves, ventilar, evacuar— pero no se tradujeron en acción oportuna. La
fuga se normalizó hasta que el gas explotó.
En el edificio, no hubo evidencia de revisiones
periódicas obligatorias, ni planes de emergencia, ni simulacros. La ley no
exige con suficiente claridad que los condominios gestionen de forma continua
el riesgo tecnológico.
En la alcaldía, la respuesta posterior funcionó.
Bomberos y cuerpos de emergencia actuaron con rapidez. Pero la gestión integral
del riesgo no empieza cuando llega la sirena, sino mucho antes.
En la ciudad, existe información histórica suficiente
para saber que hay una explosión relacionada con gas aproximadamente cada ocho
días. Sin embargo, no hay una política pública explícita orientada a reducir
ese número, como exigiría el Marco de Sendai.
Cambian los nombres de las
colonias. No cambia el sistema que produce el riesgo.
De lo “lamentable” a lo inaceptable
Mientras las autoridades subrayan
que “no hubo fallecidos” y que la emergencia fue controlada, los
vecinos enfrentan la pérdida de su hogar, la incertidumbre del retorno y la
conciencia brutal de que vivían junto a un riesgo que nunca eligieron.
Esa tensión revela el fondo del
problema: la ciudad ha normalizado la explosión como parte del paisaje
urbano.
La gestión integral de riesgos
propone lo contrario: que estos eventos dejen de ser “lamentables” y se vuelvan
políticamente inaceptables.
Epílogo: Taxqueña e Iztapalapa: dos escenarios, un mismo
riesgo
Taxqueña ocurrió dentro de un edificio.
Iztapalapa ocurrió en plena vialidad.
En enero de 2025, una pipa de gas
LP volcó y explotó en el Puente de la Concordia, en Iztapalapa, generando un
incendio de gran magnitud, daños a viviendas aledañas, suspensión del
transporte y una escena que recordó que el gas también circula —ardiendo— por
las arterias de la ciudad.
A primera vista, los casos
parecen distintos: uno es doméstico, el otro vial; uno ocurre en un
departamento, el otro en una pipa; uno afecta a vecinos inmediatos, el otro a
terceros que simplemente transitaban.
Leídos desde la gestión
integral de riesgos, son el mismo problema expresado en dos escenarios.
En Taxqueña, el riesgo se acumuló puertas adentro.
En Iztapalapa, el riesgo se desplazaba sobre ruedas.
En ambos casos, el peligro era
conocido, la exposición evidente y las vulnerabilidades estaban ahí. La
diferencia no está en el tipo de evento, sino en el punto del sistema donde
falló la prevención.
En Taxqueña, la narrativa oficial
habló de una fuga interna y de un accidente lamentable.
En Iztapalapa, el discurso se centró en la volcadura del vehículo y en la
actuación del chofer.
En ambos casos, el énfasis se
colocó en el evento inmediato, no en las condiciones estructurales
que lo hicieron posible. La responsabilidad se individualiza. El sistema queda
intacto.
El Marco de Sendai plantea lo
contrario: prevenir la creación de nuevos riesgos y reducir los existentes,
incluidos los tecnológicos. Taxqueña e Iztapalapa muestran que la ciudad administra
el riesgo, pero no lo reduce.
Una explosión ocurrió entre muros.
La otra, sobre el asfalto.
Ambas dicen lo mismo: mientras
el gas siga siendo tratado como un servicio cotidiano y no como un riesgo
estructural, la ciudad seguirá despertando con explosiones en distintos puntos
del mapa.
Infra Rojo
El gas no explota solo.
Explota donde el mantenimiento se pospone, la inspección se omite y el riesgo
se administra como si fuera inevitable.
Taxqueña no fue un accidente.
Fue una advertencia más que la ciudad conoce bien…
y sigue sin escuchar.
Referencias
United
Nations Office for Disaster Risk Reduction (UNDRR). (2015).
Marco de Sendai para la reducción del riesgo de desastres 2015–2030.
Naciones Unidas.
https://www.undrr.org/publication/sendai-framework-disaster-risk-reduction-2015-2030
Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión. (2024).
Ley General de Protección Civil. Diario Oficial de la Federación.
https://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/LGPC.pdf
Gobierno de la Ciudad de México. (2023).
Ley de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la Ciudad de
México. Gaceta Oficial de la Ciudad de México.
https://data.consejeria.cdmx.gob.mx/index.php/leyes/leyes
Gobierno de la Ciudad de México. (2023).
Reglamento de la Ley de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil
de la Ciudad de México. Gaceta Oficial de la Ciudad de México.
https://data.consejeria.cdmx.gob.mx/index.php/reglamentos
Heroico Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de México.
(2014–2024).
Registros de atención a emergencias por fugas de gas, flamazos y
explosiones en la Ciudad de México [Base de datos obtenida mediante
solicitudes de acceso a la información pública]. Gobierno de la Ciudad de
México.
Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección
Civil de la Ciudad de México. (2026).
Comunicados oficiales y dictámenes técnicos sobre la explosión por gas
LP en la Unidad Habitacional Paseos de Taxqueña. Gobierno de la Ciudad de
México.
El Universal. (2023–2025).
Explosiones y emergencias por gas LP en la Ciudad de México
[Cobertura periodística].
https://www.eluniversal.com.mx
N+. (2024).
Emergencias por fugas de gas en la Ciudad de México: datos históricos y
atención de Bomberos [Reporte periodístico].
https://www.nmas.com.mx
Expansión. (2025).
Accidentes con gas LP y riesgos tecnológicos en zonas urbanas de México.
https://expansion.mx
Lavell, A. (2000).
Desastres y desarrollo: hacia un entendimiento de las causas de los
desastres. La Red / FLACSO.
Maskrey, A. (1993).
Los desastres no son naturales. La Red / ITDG.
Nota metodológica
Las cifras de fugas y explosiones de gas citadas en el
ensayo provienen de registros oficiales del Heroico Cuerpo de Bomberos de la
Ciudad de México, obtenidos mediante solicitudes de acceso a la información
pública. Se utilizan como evidencia institucional para identificar patrones de
riesgo, no como estimaciones periodísticas.