INFRA ROJO – LA CIUDAD QUE ARDE PARTE IV
El mapa del riesgo cotidiano: la ciudad donde viven
millones… y el peligro que nadie quiere priorizar
Por José Rafael Moya Saavedra
Después de Taxqueña y Zamora 75,
la pregunta ya no es qué pasó ahí, sino dónde puede repetirse mañana.
La respuesta no está en el azar
ni en la mala suerte. Está en un dato que rara vez se cruza con el discurso del
riesgo: en la Ciudad de México existen más de once mil unidades
habitacionales, donde viven alrededor de 3.5 millones de personas.
Casi cuatro de cada diez habitantes de la capital habitan en este tipo
de conjuntos.
Ahí —en esos edificios, torres y
conjuntos— se juega la seguridad cotidiana de una parte decisiva de la ciudad.
Este no es un mapa del desastre
después del incendio o la explosión. Es el mapa del riesgo antes de que
vuelva a arder o estallar.
Una ciudad que ya sabe dónde vive el riesgo
Los datos institucionales lo
confirman. La Ciudad de México registra más de 29 mil incendios en cinco
años, un promedio de 14 diarios. En paralelo, acumula decenas de
miles de emergencias por fugas de gas y cientos de explosiones
relacionadas con gas LP, con una frecuencia cercana a una cada ocho días.
La mayoría ocurre en vivienda.
Y buena parte se origina en dos causas previsibles: cortocircuitos y
fugas de gas.
La ciudad sabe que arde y
explota de manera recurrente. Lo que no ha hecho es convertir ese
conocimiento en una política explícita de reducción del riesgo, como
exigiría cualquier enfoque serio de gestión integral y los compromisos del
Marco de Sendai.
Colonias donde el riesgo se acumula
El riesgo tecnológico-doméstico
no se distribuye al azar. Se concentra donde se cruzan densidad, antigüedad
y redes sobrecargadas.
Taxqueña, Condesa, Centro
Histórico, amplias zonas de Iztapalapa y la Gustavo A. Madero aparecen una y
otra vez en reportes, comunicados y notas: explosiones de gas en unidades
habitacionales, incendios por cortocircuitos en edificios altos, cuartos de medidores
y transformadores que arden.
Son colonias donde:
- predominan
edificios construidos entre los años sesenta y noventa,
- las
instalaciones originales no fueron diseñadas para la demanda actual,
- conviven
vivienda, comercio y servicios en el mismo inmueble,
- y la
apariencia de normalidad oculta vulnerabilidades técnicas profundas.
Ese patrón no se usa para
priorizar intervención. Cada siniestro se atiende como evento aislado,
aunque en conjunto dibujan una cartografía clara del riesgo cotidiano.
Unidades habitacionales: el escenario central del riesgo
Las unidades habitacionales son
el principal escenario urbano del riesgo tecnológico que la ciudad evita
nombrar.
Más de once mil conjuntos, públicos y privados, repartidos
en 15 alcaldías, concentran:
- tanques
estacionarios compartidos,
- redes
eléctricas envejecidas,
- cuartos
de medidores saturados,
- escaleras
únicas,
- plantas
bajas críticas,
- y
una ausencia generalizada de inspecciones periódicas obligatorias.
Aquí, una falla doméstica —una
fuga, un corto, un calentador, una chimenea improvisada— no se queda en el
departamento. Se convierte en emergencia estructural que afecta a
decenas o cientos de personas.
Taxqueña y Zamora 75 no son
excepciones. Son casos tipo.
La ciudad vertical también arde
El mapa del riesgo no termina en las unidades populares.
Un segundo cinturón aparece en la
ciudad vertical: rascacielos y torres de oficinas o uso mixto en
corredores como Reforma, Insurgentes, Santa Fe y Nuevo Polanco.
Son edificios con:
- cargas
eléctricas intensas,
- plantas
de emergencia,
- cuartos
de transformadores,
- restaurantes
y cocinas con gas en altura,
- estacionamientos
subterráneos masivos.
Incidentes recientes en torres
corporativas sobre Reforma o en complejos del eje Insurgentes muestran la misma
lógica: un corto en un cuarto técnico basta para evacuar edificios completos
y comprometer la movilidad y la seguridad de cientos de personas.
Cambia el skyline. No cambia la
lógica del riesgo mal gestionado.
El riesgo que no se ve… hasta que se siente
Antes del siniestro, el riesgo es invisible.
Después, es corporal.
Los vecinos no hablan de “sobrecarga eléctrica” ni de
“riesgo tecnológico”. Hablan de:
- humo,
- olor,
- calor,
- pérdida
súbita del aire,
- desorientación.
El riesgo no se percibe como
técnico, sino cuando el cuerpo ya no puede habitar el espacio. Para
entonces, la prevención ya no existe: solo la evacuación.
Prioridades que la ciudad evita asumir
Si el riesgo cotidiano tiene mapa, también tiene prioridades
claras:
1. Edificios, no individuos
La política no puede seguir centrada en “cuida tu instalación”. El foco debe
estar en redes compartidas y conjuntos completos.
2. Antigüedad + altura + densidad
Unidades de los sesenta a los noventa, torres altas y conjuntos densos deben
ser el primer objetivo de reconversión, no el último.
3. Plantas bajas como zona crítica
Gas, electricidad, ventilación y rutas de evacuación deben tratarse como sistemas
integrados, no como detalles técnicos.
4. Información pública utilizable
Sin un mapa integrado de incidentes por colonia y tipo de inmueble, la ciudad no
aprende. Solo reacciona.
Del mapa tácito al mapa político
Hoy, el mapa del riesgo cotidiano
existe en la experiencia de millones de personas, en los registros de bomberos
y en estadísticas dispersas.
Lo que no existe es su traducción
en decisiones urbanas sostenidas.
Mientras el riesgo siga siendo tratado como:
- doméstico,
- accidental,
- inevitable,
la ciudad seguirá produciendo Taxqueñas, Zamoras y
Reformas 300 con distintos nombres y fechas.
Infra Rojo – Parte IV
El riesgo cotidiano no aparece de golpe.
Se acumula por colonia, por edificio y por omisión.
La Ciudad de México no necesita más mapas después del
desastre.
Necesita leer el que ya existe donde viven millones de personas.
Porque el riesgo no vive en la estadística.
Vive en los edificios donde, todos los días, alguien piensa: “Aquí nunca ha
pasado nada”.
Bibliografía
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urbanas de alta densidad. Centro Nacional de Prevención de Desastres.
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people’s vulnerability and disasters (2nd ed.). Routledge.
Este análisis se apoya en enfoques internacionales de
gestión integral del riesgo, estadísticas oficiales y literatura especializada
en riesgo urbano y vulnerabilidad.
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