miércoles, 14 de enero de 2026

 

INFRA ROJO – LA CIUDAD QUE ARDE PARTE IV

El mapa del riesgo cotidiano: la ciudad donde viven millones… y el peligro que nadie quiere priorizar

Por José Rafael Moya Saavedra

Después de Taxqueña y Zamora 75, la pregunta ya no es qué pasó ahí, sino dónde puede repetirse mañana.

La respuesta no está en el azar ni en la mala suerte. Está en un dato que rara vez se cruza con el discurso del riesgo: en la Ciudad de México existen más de once mil unidades habitacionales, donde viven alrededor de 3.5 millones de personas. Casi cuatro de cada diez habitantes de la capital habitan en este tipo de conjuntos.

Ahí —en esos edificios, torres y conjuntos— se juega la seguridad cotidiana de una parte decisiva de la ciudad.

Este no es un mapa del desastre después del incendio o la explosión. Es el mapa del riesgo antes de que vuelva a arder o estallar.

Una ciudad que ya sabe dónde vive el riesgo

Los datos institucionales lo confirman. La Ciudad de México registra más de 29 mil incendios en cinco años, un promedio de 14 diarios. En paralelo, acumula decenas de miles de emergencias por fugas de gas y cientos de explosiones relacionadas con gas LP, con una frecuencia cercana a una cada ocho días.

La mayoría ocurre en vivienda. Y buena parte se origina en dos causas previsibles: cortocircuitos y fugas de gas.

La ciudad sabe que arde y explota de manera recurrente. Lo que no ha hecho es convertir ese conocimiento en una política explícita de reducción del riesgo, como exigiría cualquier enfoque serio de gestión integral y los compromisos del Marco de Sendai.

Colonias donde el riesgo se acumula

El riesgo tecnológico-doméstico no se distribuye al azar. Se concentra donde se cruzan densidad, antigüedad y redes sobrecargadas.

Taxqueña, Condesa, Centro Histórico, amplias zonas de Iztapalapa y la Gustavo A. Madero aparecen una y otra vez en reportes, comunicados y notas: explosiones de gas en unidades habitacionales, incendios por cortocircuitos en edificios altos, cuartos de medidores y transformadores que arden.

Son colonias donde:

  • predominan edificios construidos entre los años sesenta y noventa,
  • las instalaciones originales no fueron diseñadas para la demanda actual,
  • conviven vivienda, comercio y servicios en el mismo inmueble,
  • y la apariencia de normalidad oculta vulnerabilidades técnicas profundas.

Ese patrón no se usa para priorizar intervención. Cada siniestro se atiende como evento aislado, aunque en conjunto dibujan una cartografía clara del riesgo cotidiano.

Unidades habitacionales: el escenario central del riesgo

Las unidades habitacionales son el principal escenario urbano del riesgo tecnológico que la ciudad evita nombrar.

Más de once mil conjuntos, públicos y privados, repartidos en 15 alcaldías, concentran:

  • tanques estacionarios compartidos,
  • redes eléctricas envejecidas,
  • cuartos de medidores saturados,
  • escaleras únicas,
  • plantas bajas críticas,
  • y una ausencia generalizada de inspecciones periódicas obligatorias.

Aquí, una falla doméstica —una fuga, un corto, un calentador, una chimenea improvisada— no se queda en el departamento. Se convierte en emergencia estructural que afecta a decenas o cientos de personas.

Taxqueña y Zamora 75 no son excepciones. Son casos tipo.

La ciudad vertical también arde

El mapa del riesgo no termina en las unidades populares.

Un segundo cinturón aparece en la ciudad vertical: rascacielos y torres de oficinas o uso mixto en corredores como Reforma, Insurgentes, Santa Fe y Nuevo Polanco.

Son edificios con:

  • cargas eléctricas intensas,
  • plantas de emergencia,
  • cuartos de transformadores,
  • restaurantes y cocinas con gas en altura,
  • estacionamientos subterráneos masivos.

Incidentes recientes en torres corporativas sobre Reforma o en complejos del eje Insurgentes muestran la misma lógica: un corto en un cuarto técnico basta para evacuar edificios completos y comprometer la movilidad y la seguridad de cientos de personas.

Cambia el skyline. No cambia la lógica del riesgo mal gestionado.

El riesgo que no se ve… hasta que se siente

Antes del siniestro, el riesgo es invisible.
Después, es corporal.

Los vecinos no hablan de “sobrecarga eléctrica” ni de “riesgo tecnológico”. Hablan de:

  • humo,
  • olor,
  • calor,
  • pérdida súbita del aire,
  • desorientación.

El riesgo no se percibe como técnico, sino cuando el cuerpo ya no puede habitar el espacio. Para entonces, la prevención ya no existe: solo la evacuación.

Prioridades que la ciudad evita asumir

Si el riesgo cotidiano tiene mapa, también tiene prioridades claras:

1. Edificios, no individuos
La política no puede seguir centrada en “cuida tu instalación”. El foco debe estar en redes compartidas y conjuntos completos.

2. Antigüedad + altura + densidad
Unidades de los sesenta a los noventa, torres altas y conjuntos densos deben ser el primer objetivo de reconversión, no el último.

3. Plantas bajas como zona crítica
Gas, electricidad, ventilación y rutas de evacuación deben tratarse como sistemas integrados, no como detalles técnicos.

4. Información pública utilizable
Sin un mapa integrado de incidentes por colonia y tipo de inmueble, la ciudad no aprende. Solo reacciona.

Del mapa tácito al mapa político

Hoy, el mapa del riesgo cotidiano existe en la experiencia de millones de personas, en los registros de bomberos y en estadísticas dispersas.

Lo que no existe es su traducción en decisiones urbanas sostenidas.

Mientras el riesgo siga siendo tratado como:

  • doméstico,
  • accidental,
  • inevitable,

la ciudad seguirá produciendo Taxqueñas, Zamoras y Reformas 300 con distintos nombres y fechas.

Infra Rojo – Parte IV

El riesgo cotidiano no aparece de golpe.
Se acumula por colonia, por edificio y por omisión.

La Ciudad de México no necesita más mapas después del desastre.
Necesita leer el que ya existe donde viven millones de personas.

Porque el riesgo no vive en la estadística.
Vive en los edificios donde, todos los días, alguien piensa: “Aquí nunca ha pasado nada”.

 

Bibliografía

CENAPRED. (2023). Diagnóstico de riesgos en zonas urbanas de alta densidad. Centro Nacional de Prevención de Desastres.

Gobierno de la Ciudad de México. (2023). Estadísticas de incendios y emergencias por gas en la Ciudad de México 2018–2023. Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil.

Lavell, A. (2000). Desastres y desarrollo: Hacia un entendimiento de las causas subyacentes del riesgo. FLACSO.

Maskrey, A. (2011). Revisiting community-based disaster risk management. Environmental Hazards, 10(1), 42–52.
https://doi.org/10.1080/17477891.2011.579336

Naciones Unidas. (2015). Marco de Sendai para la reducción del riesgo de desastres 2015–2030. UNDRR.

Organisation for Economic Co-operation and Development (OECD). (2019). Urban resilience: A systemic approach. OECD Publishing.
https://doi.org/10.1787/9789264311903-en

Wisner, B., Blaikie, P., Cannon, T., & Davis, I. (2004). At risk: Natural hazards, people’s vulnerability and disasters (2nd ed.). Routledge.

Este análisis se apoya en enfoques internacionales de gestión integral del riesgo, estadísticas oficiales y literatura especializada en riesgo urbano y vulnerabilidad.


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