INFRA ROJO
México en llamas I: la neutralidad de carbono arde en el fuego de los bosques
Por José Rafael Moya Saavedra (Maestro en Gestión Integral de Riesgos, Universidad Ducens)
En los discursos internacionales,
el año 2050 brilla como un horizonte posible: la neutralidad de carbono, el
equilibrio entre lo que emitimos y lo que absorbemos, el muro que podría
detener el colapso climático.
Pero mientras en foros se habla de compensaciones y energías limpias, en los
montes de México la realidad es otra: cada temporada de incendios convierte esa
promesa en humo.
Tres años en llamas
El calendario reciente parece una
crónica de fuego.
En 2023, más de 7,000 incendios se esparcieron por el territorio. El número no
se salió de la media histórica, pero el tamaño sí: el Pico de Orizaba ardió
como pocas veces antes, perdiendo 250 hectáreas de altísimo valor ecológico.
El 2024 fue otra cosa. Un
parteaguas. El año más devastador de la historia reciente: 1.67 millones de
hectáreas reducidas a cenizas. Chihuahua, Durango, Sonora y Nayarit se tiñeron
de rojo en los mapas satelitales. El 95% de los fuegos tuvo un origen humano.
Abril fue un mes de infierno: más de cien incendios activos al mismo tiempo.
Y 2025, que todavía no termina,
ya muestra la misma ruta. Entre enero y agosto, 1,285 incendios arrasaron
78,000 hectáreas. Chihuahua perdió 65,000, Durango 28,000, Sonora otras 28,000.
El dato no está en la cantidad: está en la intensidad. Cada fuego es más
grande, más violento, más difícil de contener.
Holbox en llamas
Como prueba, el incendio que
desde el 22 de agosto devora la isla de Holbox en Quintana Roo. Más de 150
hectáreas de selva y sabana —incluyendo parte de la reserva ecológica Yum
Balam— han sido afectadas. Con apenas un 40% de control y 30% de liquidación,
más de 80 brigadistas de CONAFOR, SEDENA, Marina, Conanp y Protección Civil
luchan contra la sequía y el viento para frenar el avance del fuego.
El paraíso turístico se volvió un
campo de batalla: helicópteros descargan agua, lanchas y maquinaria abren
brechas cortafuego, mientras especies como la palma chit y la uva de mar arden.
Holbox resume la fragilidad de nuestros ecosistemas y la distancia entre la
meta 2050 de neutralidad de carbono y la realidad inmediata del país.
La causa sigue sin
determinarse, pero lo cierto es que cada hectárea perdida en Holbox es un
recordatorio: la neutralidad de carbono no se alcanza con discursos, sino con
bosques vivos.
La ecuación que no cierra
La neutralidad de carbono depende
de que los bosques sigan siendo los grandes sumideros naturales de CO₂. Pero
cada hectárea que se quema rompe esa ecuación: lo que debería absorber se
convierte en emisiones, y lo que debía sostener comunidades rurales se
transforma en vulnerabilidad.
Un bosque incendiado no es solo tierra ennegrecida: es un golpe a la soberanía
ambiental y un retroceso en la promesa climática.
Protección Civil: entre el
heroísmo y la carencia
En el frente de fuego,
brigadistas y voluntarios enfrentan las llamas con palas, mochilas de agua y
voluntad, mientras las políticas ambientales llegan tarde o no llegan. La
Gestión Integral de Riesgos insiste en prevención, pero la práctica sigue
siendo reactiva: mapas desactualizados, fondos insuficientes, estrategias
fragmentadas.
Así, cada incendio se atiende como un accidente aislado, cuando en realidad es
un síntoma de una emergencia nacional que compromete la salud, la seguridad y
la vida misma del país.
Una línea que se borra
La neutralidad de carbono 2050 no
es un capricho ni una meta técnica: es la línea que separa un futuro posible
del abismo climático.
Y México la está perdiendo entre humo y cenizas.
La gran pregunta ya no es solo
cómo apagar el fuego de esta temporada, sino si tendremos el valor de atacar
las raíces del incendio: la deforestación, la pobreza rural, la impunidad
ambiental. Porque mientras en el calendario suena el 2050 como fecha de equilibrio,
la realidad es que cada verano México alimenta las llamas que nos acercan al
colapso.
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