domingo, 31 de agosto de 2025

 

INFRA ROJO

México en llamas II: Los bosques en manos del crimen

Por José Rafael Moya Saavedra (Maestro en Gestión Integral de Riesgos, Universidad Ducens)

 

La primera parte de este reportaje mostró cómo los incendios forestales devoran la promesa climática de México. Pero el fuego no es el único enemigo: los bosques arden también bajo la motosierra del crimen organizado. La tala ilegal se ha convertido en un negocio tan rentable como el narcotráfico, sostenido por amenazas, corrupción y la complicidad de autoridades locales.

La sombra del crimen verde

En México, los cárteles ya no se conforman con dominar rutas de droga. Han extendido sus tentáculos hacia el control de recursos naturales: madera, agua, minerales. En estados como Chihuahua, Michoacán, la Sierra Tarahumara y la zona sur de la Ciudad de México, grupos como el Cártel de Sinaloa, CJNG, La Familia Michoacana y el Cártel de Tláhuac operan a plena luz del día, devastando montes y selvas.

Las cifras son demoledoras: más de 120,000 hectáreas de superficie forestal se pierden cada año por actividades vinculadas al crimen organizado. Sin embargo, las estimaciones varían según la fuente y el método de análisis: mientras la CONAFOR calculó en 2018 una tasa anual de 166,337 hectáreas con picos de hasta 350,000 en 2016, la FAO reportó que en los años noventa México perdió hasta 631,000 hectáreas anuales. Hoy, los consensos técnicos sitúan el promedio entre 120,000 y 166,000 hectáreas por año. Greenpeace advierte, además, que de los 24 millones de m³ de madera consumidos al año en el país, al menos un tercio proviene de la tala ilegal.

Lo que debería ser sumidero de carbono y sostén de comunidades rurales se transforma en madera manchada de sangre.

La colusión institucional

La tala ilegal no sería posible sin un engranaje fino de corrupción.

  • Permisos falsos o amañados emitidos por autoridades ambientales locales.
  • Sobornos para omitir inspecciones o advertir sobre operativos en curso.
  • Blanqueo de madera ilegal en mercados legales mediante facturas alteradas.

Detrás de cada camión cargado de troncos hay un silencio oficial que lo respalda. Ejidatarios denuncian amenazas para firmar documentos que legitiman la tala.

Comunidades indígenas reportan cómo la policía protege a los talamontes en lugar de detenerlos. La ley se convierte en disfraz para el saqueo.

Comunidades bajo fuego

Para los pueblos originarios, la tala clandestina no es una estadística: es una condena.

  • Amenazas, desplazamientos forzados y asesinatos de líderes comunitarios.
  • Pérdida de autonomía y abandono de territorios ancestrales.
  • Destrucción de bosques que son fuente de agua, alimento e identidad cultural.

Lo que está en juego no son solo hectáreas de bosque: son vidas, culturas y derechos fundamentales. La tala ilegal arranca raíces sociales mientras arrasa con raíces de pinos y encinos.

“Cuidar estos bosques es una de las tareas más peligrosas en la región. Es común que a quienes lo intentan los talamontes les saquen algún susto… han desaparecido a algunos de los que se oponen. Aquí los asesinatos son más que comunes”.

Antes podías ir al bosque a cualquier hora, ahora ni siquiera hay hongos, y la inseguridad es tal que ya no se puede entrar”.

Estos testimonios de comuneros en Ocuilan aportan la dimensión humana a la devastación.

El mercado negro de la neutralidad

México promete en foros internacionales reducir emisiones y alcanzar la neutralidad de carbono en 2050. Pero esa meta se derrumba cuando los sumideros naturales son saqueados. Cada árbol talado de manera ilegal no solo destruye biodiversidad, también libera carbono y erosiona la credibilidad del país en sus compromisos ambientales.

Mientras se firman convenios de reforestación y se presumen proyectos de economía circular, el crimen organizado blanquea madera en el mercado internacional. Lo que llega a Europa o Asia como “madera certificada” muchas veces nació de un bosque mexicano devastado a punta de balazos.

México se encuentra entre los países con mayores tasas de deforestación en el mundo, solo superado por gigantes como Brasil, Indonesia y República Democrática del Congo. Un denominador común es la expansión agropecuaria y la tala ilegal. En el caso mexicano, al menos 70% de la madera comercializada es de origen ilícito, un patrón que también se observa en varios países de Centro y Sudamérica.

Justicia ausente

La connivencia entre cárteles y autoridades convierte la tala ilegal en una de las principales amenazas ambientales y de seguridad del país. Sin instituciones sólidas ni voluntad política, los bosques se convierten en botín, y las comunidades en rehenes.

El mensaje es claro: no habrá neutralidad de carbono mientras el crimen organice la deforestación y el Estado mire hacia otro lado.

Gestión de riesgos: la pieza faltante

La tala ilegal y los incendios forestales no son fenómenos aislados, son parte de un entramado de vulnerabilidades que México sigue atendiendo de forma reactiva. La Gestión Integral de Riesgos exige un enfoque distinto:

  • Identificar: mapas actualizados de riesgo forestal, incluyendo zonas bajo presión del crimen organizado.
  • Prevenir: mecanismos comunitarios de protección, fortalecidos con recursos y presencia estatal real.
  • Mitigar: proyectos productivos legales que sustituyan la dependencia de la tala clandestina.
  • Responder: brigadas equipadas y coordinadas con protocolos claros ante emergencias ambientales y sociales.
  • Recuperar: restauración de bosques y reparación de daños a comunidades indígenas desplazadas.

No todo es devastación. Experiencias de manejo forestal comunitario como en la Reserva de la Biósfera de la Mariposa Monarca o en San Juan Xoconusco demuestran que la organización social, la administración profesional y las cadenas productivas legales son viables. En estos casos, las comunidades no solo conservaron sus bosques, sino que lograron integrarse a la transformación local de la madera, reduciendo la dependencia de la tala ilegal.

Sin esta visión integral, la neutralidad de carbono seguirá siendo un expediente en papel mientras el país pierde hectáreas de vida en los hechos.

Epílogo: del fuego al hacha

En la primera parte dijimos que los incendios convierten la neutralidad en humo. Hoy podemos afirmar que la tala ilegal la convierte en ceniza. Fuego y hacha son dos caras de la misma devastación.

La gran pregunta sigue abierta: ¿seremos capaces de frenar a quienes arden por dinero y poder, antes de que no quede bosque que defender?

“El crimen organizado tala con hacha y el Estado responde con discursos. La Gestión Integral de Riesgos no es un lujo técnico: es la única estrategia que puede anticipar, mitigar y transformar esta amenaza que es ambiental, social y de seguridad. Sin ella, México seguirá en llamas, y el 2050 será apenas un espejismo entre cenizas.”


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