INFRA ROJO
Simulacro Nacional 2025: cuando la ficción puede volverse
tragedia
Por José Rafael Moya Saavedra (Maestro en Gestión
Integral de Riesgos, Universidad Ducens)
El 19 de septiembre, a las 12:00
horas, sonará la alerta sísmica. Miles saldrán de oficinas, escuelas y casas.
Habrá quien lo tome con calma, quien lo use para descansar cinco minutos, quien
se ría nervioso en el punto de reunión.
Pero… ¿y si ese día la tierra
decide no jugar?
La hipótesis oficial es clara: magnitud
8.1, epicentro en Lázaro Cárdenas, Michoacán. No es cualquier cosa: es casi
una réplica del terremoto de 1985. La diferencia es que aquel día nadie estaba
preparado. Hoy, en teoría, sí lo estamos. La pregunta incómoda es si en la
práctica realmente lo estamos.
El minuto eterno
Imagina la escena:
- El
suelo vibra como si un gigante sacudiera la ciudad.
- Los
vidrios revientan en cascada sobre las banquetas.
- En
las colonias sobre el antiguo lago, edificios enteros se doblan, se
quiebran, se desploman como si fueran de cartón.
- El
polvo lo cubre todo, no se ve, no se respira.
- Los
gritos ahogan la sirena.
El Metro se detiene en la
oscuridad, con miles atrapados. Las luces se apagan. El agua deja de correr. El
WhatsApp no responde. La ciudad se convierte en isla de escombros.
La memoria que vuelve
1985-2017
La historia insiste en repetirse porque
olvidamos rápido. Entonces como ahora, la esperanza vendría de la gente:
brigadas improvisadas, jóvenes y viejos sacando piedras con las manos, buscando
vida en medio del silencio.
Los protocolos oficiales existen, pero el primer rescatista siempre será el
vecino, el compañero, el desconocido que decide quedarse y ayudar.
El engaño del simulacro
El problema es que hemos
domesticado el simulacro. Lo tratamos como trámite, como teatro sin
emoción. Salimos, platicamos, volvemos al escritorio.
Pero el sismo no tiene guion ni
horario conveniente. Puede atraparnos en una torre de oficinas, en el Metro, en
un hospital. Y lo único que marcará la diferencia entre sobrevivir o no será qué
tan en serio nos tomamos el ensayo previo.
El espejo roto
Un sismo de 8.1 pondría a la
Ciudad de México de rodillas: miles de muertos, millones sin agua ni luz,
hospitales saturados, morgues desbordadas, transporte paralizado.
Las zonas blandas —Roma,
Doctores, Centro, Tlatelolco, Iztapalapa— volverían a ser escenario de
tragedia. El surponiente resistiría un poco más, pero nadie saldría ileso.
Avances técnicos desde 1985
No todo es fragilidad. México sí ha aprendido y mejorado:
Evolución de la capacidad sísmica en México
|
Año |
Contexto |
Avances clave |
Limitaciones |
|
1985 |
Colapso masivo, miles de muertos |
Solidaridad ciudadana espontánea |
Sin alerta sísmica, normas obsoletas |
|
2017 |
Magnitud 7.1, alta participación ciudadana |
Brigadas USAR, protocolos integrados Sedena–PC–Marina |
Fallas de comunicación, caos vial |
|
2025 |
Ensayo nacional de magnitud 8.1 |
Sistema de Alerta Sísmica moderno, apps, 98% escuelas con
protocolos |
Cultura social aún frágil: simulacros vistos como trámite |
- Normatividad:
reglamentos de construcción actualizados, nuevas tecnologías de
alertamiento, protocolos de evacuación más rápidos.
- Respuesta
institucional: brigadas USAR, coordinación con Sedena y Marina,
reducción de 30% en tiempos de rescate respecto a 1985.
- Sistema
de alerta sísmica: detecta en menos de 3 segundos, cubre el 98% de
escuelas en CDMX.
Aprendizajes históricos
- 1985:
la gente se organizó sola, sin gobierno.
- 2017:
mayor coordinación y rescates más rápidos.
- 2022:
participación ciudadana del 90%, respuesta de PC hasta 10 minutos más
ágil.
- 2025:
el reto no es la tecnología, sino la seriedad con que asumamos los
simulacros.
El Segundo Simulacro Nacional
2025 no es un juego. Es el espejo que nos recuerda lo frágil que somos.
- Antes:
prepárate, revisa rutas, habla con tu familia.
- Durante:
calma, disciplina, solidaridad.
- Después:
evalúa, corrige, exige que se mejoren protocolos.
Si lo vemos como rutina, el
desastre real nos tomará con los brazos cruzados. Si lo asumimos con seriedad,
tendremos una oportunidad.
El 19 de septiembre no deberíamos preguntar “¿ya pasó el
simulacro?”, sino:
¿y si hoy la tierra decide hablar de verdad, estaremos listos para
escucharla?
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