INFRA ROJO
La ciudad partida I: desarrollo urbano sin planeación
territorial
Por José Rafael Moya Saavedra (Maestro en Gestión
Integral de Riesgos, Universidad Ducens)
Un peculiar dibujo en redes
sociales —el “Pollo de la CDMX”— encendió un debate que parecía
dormido. Lo que empezó como broma gráfica, copiando al “London Banana”,
terminó exhibiendo lo que todos sabemos, pero pocos queremos mirar: la Ciudad
de México está partida.
Dentro del pollo: colonias como
Roma, Condesa, Polanco, Nápoles, la Juárez, con cafés, coworkings y
departamentos de renta en dólares. Fuera del pollo: periferias olvidadas,
barrios populares que cargan con carencias, inseguridad y servicios precarios.
El meme hizo reír a algunos, pero para otros fue un espejo brutal de lo que
significa la gentrificación y de cómo la inversión —pública y privada— se
concentra en un corredor “cool” mientras la mayor parte de la
ciudad queda invisible.
La selva urbana sin podar
En México las ciudades crecen
como selva sin control. De un lado, torres de cristal con departamentos que
nadie de la colonia puede pagar; del otro, asentamientos irregulares que se
multiplican en cerros, barrancas y laderas inestables. Lo llaman desarrollo
urbano, pero en realidad es expansión desigual.
La planeación territorial debería
ordenar ese crecimiento, pero aquí suele ser papel mojado. Los planes cambian
cada sexenio, los usos de suelo se negocian como favores y los riesgos
—inundaciones, sismos, deslaves— se esconden bajo la alfombra.
Corredores ganadores, periferias perdedoras
Mientras tanto, la inversión pública y privada se concentra
en los llamados corredores “ganadores”:
- Roma-Condesa
en la CDMX, donde cada ciclovía nueva dispara los precios de la renta.
- San
Pedro Garza García en Monterrey, blindado con vialidades y servicios
de primer mundo.
- La
zona hotelera de Cancún, privilegiada con infraestructura turística de
lujo mientras las colonias populares carecen de drenaje y transporte.
El resto de la ciudad mira desde afuera, sin agua, sin
transporte y sin voz.
El síntoma:
gentrificación
La gentrificación es solo la cara
visible de un problema más hondo. Familias expulsadas por rentas impagables,
barrios transformados en escaparates turísticos, memoria barrial borrada a
golpe de Airbnb. La promesa de “revitalización urbana” se convierte en despojo
disfrazado de modernidad.
La planeación territorial se ha vuelto rehén del mercado
inmobiliario: en lugar de pensar en ciudades equitativas y seguras, se legisla
y se invierte para maximizar el valor del suelo.
El futuro que necesitamos
El futuro exige romper esa
lógica. No basta con “smart cities” y apps de movilidad
compartida. No basta con discursos sobre sostenibilidad mientras se sigue
construyendo en suelo de riesgo.
Lo que necesitamos son ciudades resilientes, equitativas
y planeadas a largo plazo:
- Donde
la prioridad no sea el negocio del suelo sino el derecho a habitar con
dignidad.
- Donde
la inversión pública llegue primero a las zonas olvidadas, no solo a las
que atraen capital extranjero.
- Donde
los planes urbanos sobrevivan más allá del sexenio y se construyan con
participación ciudadana real.
Colofón
El “Pollo de la CDMX”
no es un chiste inocente: es un mapa de desigualdad. Una caricatura que desnuda
cómo la ciudad se ha vuelto un tablero de inversión y exclusión.
La gran pregunta es si seguiremos
riéndonos del meme o si, de una vez por todas, tendremos el valor de enfrentar
el dilema central: ¿queremos ciudades para el negocio o ciudades para la
vida?
Si bien la gentrificación responde a un tema comercial, de intereses económicos... ¿El gobierno provee y da mejor atención a estas zonas o lo hace por igual en todo el territorio?
ResponderBorrarEs mala la diferencia? O es peor la indiferencia?
No, el gobierno no atiende por igual en todo el territorio.
ResponderBorrar1. Inversión diferenciada
En las zonas gentrificadas (Roma, Condesa, Polanco, San Pedro, Cancún zona hotelera, etc.), la inversión pública suele llegar más rápido y con mayor calidad:
• Renovación de calles y banquetas.
• Instalación de ciclovías y cámaras de seguridad.
• Mejores servicios de alumbrado, recolección de basura y transporte.
¿Por qué? Porque son corredores estratégicos para el turismo, la inversión extranjera y la plusvalía inmobiliaria.
2. Zonas invisibilizadas
Mientras tanto, en colonias periféricas y asentamientos populares, el rezago es evidente:
• Calles sin pavimento o sin drenaje.
• Transporte público inseguro y saturado.
• Infraestructura básica insuficiente (escuelas, hospitales, áreas verdes).
Aquí, la atención suele ser reactiva (después de un deslave, una inundación, un sismo), no preventiva ni equitativa.
3. El sesgo del mercado
Aunque la gentrificación es detonada por intereses privados (inmobiliarias, Airbnb, corredores gastronómicos), el gobierno termina actuando como facilitador, orientando obras y servicios hacia esas áreas porque elevan la recaudación y “venden mejor” la imagen de ciudad moderna. En contraste, las colonias sin atractivo económico suelen quedar rezagadas.
4. El dilema de la planeación territorial
En teoría, la planeación territorial debería equilibrar estas diferencias; en la práctica, suele reforzarlas. Esto genera la “ciudad partida”: una parte blindada y atractiva, y otra parte olvidada, expuesta y con carencias estructurales.