martes, 2 de septiembre de 2025

 

INFRA ROJO

La ciudad partida I: desarrollo urbano sin planeación territorial

Por José Rafael Moya Saavedra (Maestro en Gestión Integral de Riesgos, Universidad Ducens)

Un peculiar dibujo en redes sociales —el “Pollo de la CDMX”— encendió un debate que parecía dormido. Lo que empezó como broma gráfica, copiando al “London Banana”, terminó exhibiendo lo que todos sabemos, pero pocos queremos mirar: la Ciudad de México está partida.

Dentro del pollo: colonias como Roma, Condesa, Polanco, Nápoles, la Juárez, con cafés, coworkings y departamentos de renta en dólares. Fuera del pollo: periferias olvidadas, barrios populares que cargan con carencias, inseguridad y servicios precarios. El meme hizo reír a algunos, pero para otros fue un espejo brutal de lo que significa la gentrificación y de cómo la inversión —pública y privada— se concentra en un corredor “cool” mientras la mayor parte de la ciudad queda invisible.

La selva urbana sin podar

En México las ciudades crecen como selva sin control. De un lado, torres de cristal con departamentos que nadie de la colonia puede pagar; del otro, asentamientos irregulares que se multiplican en cerros, barrancas y laderas inestables. Lo llaman desarrollo urbano, pero en realidad es expansión desigual.

La planeación territorial debería ordenar ese crecimiento, pero aquí suele ser papel mojado. Los planes cambian cada sexenio, los usos de suelo se negocian como favores y los riesgos —inundaciones, sismos, deslaves— se esconden bajo la alfombra.

Corredores ganadores, periferias perdedoras

        Mientras tanto, la inversión pública y privada se concentra en los llamados corredores “ganadores”:

  • Roma-Condesa en la CDMX, donde cada ciclovía nueva dispara los precios de la renta.
  • San Pedro Garza García en Monterrey, blindado con vialidades y servicios de primer mundo.
  • La zona hotelera de Cancún, privilegiada con infraestructura turística de lujo mientras las colonias populares carecen de drenaje y transporte.

El resto de la ciudad mira desde afuera, sin agua, sin transporte y sin voz.

 El síntoma: gentrificación

La gentrificación es solo la cara visible de un problema más hondo. Familias expulsadas por rentas impagables, barrios transformados en escaparates turísticos, memoria barrial borrada a golpe de Airbnb. La promesa de “revitalización urbana” se convierte en despojo disfrazado de modernidad.

        La planeación territorial se ha vuelto rehén del mercado inmobiliario: en lugar de pensar en ciudades equitativas y seguras, se legisla y se invierte para maximizar el valor del suelo.

El futuro que necesitamos

El futuro exige romper esa lógica. No basta con “smart cities” y apps de movilidad compartida. No basta con discursos sobre sostenibilidad mientras se sigue construyendo en suelo de riesgo.

Lo que necesitamos son ciudades resilientes, equitativas y planeadas a largo plazo:

  • Donde la prioridad no sea el negocio del suelo sino el derecho a habitar con dignidad.
  • Donde la inversión pública llegue primero a las zonas olvidadas, no solo a las que atraen capital extranjero.
  • Donde los planes urbanos sobrevivan más allá del sexenio y se construyan con participación ciudadana real.

Colofón

El “Pollo de la CDMX” no es un chiste inocente: es un mapa de desigualdad. Una caricatura que desnuda cómo la ciudad se ha vuelto un tablero de inversión y exclusión.

La gran pregunta es si seguiremos riéndonos del meme o si, de una vez por todas, tendremos el valor de enfrentar el dilema central: ¿queremos ciudades para el negocio o ciudades para la vida?

 

2 comentarios:

  1. Si bien la gentrificación responde a un tema comercial, de intereses económicos... ¿El gobierno provee y da mejor atención a estas zonas o lo hace por igual en todo el territorio?

    Es mala la diferencia? O es peor la indiferencia?

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  2. No, el gobierno no atiende por igual en todo el territorio.
    1. Inversión diferenciada
    En las zonas gentrificadas (Roma, Condesa, Polanco, San Pedro, Cancún zona hotelera, etc.), la inversión pública suele llegar más rápido y con mayor calidad:
    • Renovación de calles y banquetas.
    • Instalación de ciclovías y cámaras de seguridad.
    • Mejores servicios de alumbrado, recolección de basura y transporte.
    ¿Por qué? Porque son corredores estratégicos para el turismo, la inversión extranjera y la plusvalía inmobiliaria.
    2. Zonas invisibilizadas
    Mientras tanto, en colonias periféricas y asentamientos populares, el rezago es evidente:
    • Calles sin pavimento o sin drenaje.
    • Transporte público inseguro y saturado.
    • Infraestructura básica insuficiente (escuelas, hospitales, áreas verdes).
    Aquí, la atención suele ser reactiva (después de un deslave, una inundación, un sismo), no preventiva ni equitativa.
    3. El sesgo del mercado
    Aunque la gentrificación es detonada por intereses privados (inmobiliarias, Airbnb, corredores gastronómicos), el gobierno termina actuando como facilitador, orientando obras y servicios hacia esas áreas porque elevan la recaudación y “venden mejor” la imagen de ciudad moderna. En contraste, las colonias sin atractivo económico suelen quedar rezagadas.
    4. El dilema de la planeación territorial
    En teoría, la planeación territorial debería equilibrar estas diferencias; en la práctica, suele reforzarlas. Esto genera la “ciudad partida”: una parte blindada y atractiva, y otra parte olvidada, expuesta y con carencias estructurales.

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