lunes, 2 de marzo de 2026

 

INFRA ROJO

La foto que se volvió caída

Gobernanza del riesgo en estructuras que nunca debieron ceder

Por Jose Rafael Moya Saavedra

“Una, dos…”

La explanada del campus estaba llena de togas negras y birretes inclinados al sol de la mañana. Era 27 de febrero. La foto generacional: ese ritual que marca el cierre de una etapa. Entre 120 y 150 estudiantes suben por niveles a una grada metálica montada exprofeso para la ocasión.

Se acomodan.
Ríen.
Se empujan apenas para caber.
Algunos miran el celular antes del disparo.

El montaje está “listo”.
Nadie pregunta por la memoria de cálculo.
Nadie prueba la carga frente a ellos.
Nadie ensaya el peso acumulado.

“Una, dos…”

La parte superior del templete cede.

Primero un crujido seco, casi metálico.
Después el vacío.

Los que están atrás pierden el apoyo y caen hacia atrás, arrastrando en efecto dominó a quienes estaban en niveles intermedios. Golpes. Metal contra piso. Cuerpos contra cuerpos. Gritos.

La escena dura segundos.
La sensación, mucho más.

Algunos quedan atrapados. Otros se levantan aturdidos. Los que estaban abajo reciben el peso de quienes caen desde arriba. Compañeros corren, levantan piezas, llaman ayuda.

Minutos después llegan ambulancias, férulas, camillas.
23, 28, 33 personas atendidas según los reportes.
5 o 6 traslados hospitalarios.
Sin fallecidos.

Esta vez.

La secuencia real no fue azar

Lo que debía ser una foto terminó siendo una cadena breve y precisa de fallas:

  • Estructura subdimensionada o mal instalada.
  • Sobrecarga humana previsible.
  • Ausencia de una revisión eficaz antes del uso.

La Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la CDMX habló de mala instalación y exceso de peso sobre una estructura débil y anclada de forma deficiente.

La universidad activó protocolos, asumió responsabilidad institucional y anunció revisión y acciones legales contra el proveedor.

Todo correcto en la reacción.

El problema es anterior.

El error no fue técnico. Fue cultural.

No estamos frente a una sorpresa estructural.

En los últimos años han colapsado:

  • Escenarios en festivales.
  • Estructuras en mítines políticos.
  • Templetes en conciertos.
  • Y ahora, gradas universitarias.

Siempre aparece la misma combinación:

Estructura insuficiente.
Supervisión débil.
Aforo que rebasa capacidad real.

Cuando el patrón se repite, el problema deja de ser el proveedor.

Se convierte en gobernanza del riesgo.

La ilusión de que “es solo para la foto”

Una grada temporal no es utilería.
Es infraestructura de carga humana.

Si sostiene a 135 personas en distintos niveles, es ingeniería.
Y la ingeniería no se improvisa ni se valida con confianza.

Pero culturalmente tratamos lo temporal como accesorio.
Y esa es la raíz del problema.

Se contrata.
Se monta.
Se usa.
Se asume.

En ningún punto alguien se detiene y pregunta:
¿Quién es el último responsable técnico que autoriza el uso?

Porque siempre debe haber uno.

Universidades y coherencia institucional

Que esto ocurra en un campus universitario no es un detalle menor.

Las universidades enseñan prevención, análisis crítico, responsabilidad social.
Pero la cultura preventiva no se enseña en aula: se demuestra en operación.

Tener un Programa Interno de Protección Civil archivado no basta.
La verdadera cultura de riesgo se prueba antes de que 150 estudiantes suban a una estructura.

La prevención no se delega.
Se supervisa.
Se verifica.
Se firma.

Lo que realmente colapsó

No fue solo el metal.

Colapsó:

  • La supervisión final.
  • El control efectivo de aforo.
  • La exigencia documental técnica previa al uso.
  • La claridad de responsabilidad operativa.

La estructura cedió porque algo más ya estaba cediendo antes.

La crónica anunciada

Lo más inquietante es que esta historia ya la conocíamos.

Cada evento previo era una advertencia.
Cada colapso anterior era un ensayo del siguiente.

Y sin embargo, seguimos creyendo que el riesgo es excepcional.

En realidad, es acumulativo.

Infraestructura temporal, responsabilidad permanente

En gestión integral del riesgo hay un principio claro:

La amenaza no es el desastre.
La vulnerabilidad acumulada lo es.

Las estructuras temporales no son peligrosas por ser temporales.
Se vuelven letales cuando la cultura institucional también es provisional.

Esta vez hubo lesionados.
La próxima podría no ser igual.

La prevención no puede depender de la suerte.

Porque en materia de riesgo, lo que cae primero no es el metal.

Es la convicción de que “no va a pasar nada”.

Y cuando esa convicción gobierna, la caída deja de ser accidente y se convierte en consecuencia.

 

 

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