INFRA ROJO
San Antonio Abad: cuando la demolición también se vuelve
riesgo
Por Jose Rafael Moya Saavedra
La Ciudad de México vive sobre edificios que esperan una
decisión.
Algunos esperan refuerzo.
Otros demolición.
Muchos simplemente esperan.
De acuerdo con datos del Instituto
para la Seguridad de las Construcciones, más de mil 300 edificios en la
capital tienen dictamen de riesgo estructural alto o de colapso. Un
análisis publicado por Polls.mx / Research Land muestra que la mayor
concentración se encuentra en las alcaldías centrales de la ciudad, encabezadas
por Cuauhtémoc, Iztapalapa y Benito Juárez.
Eso significa que lo ocurrido no
puede entenderse solo como un accidente de obra, sino como una señal de cómo la
ciudad administra, posterga y finalmente enfrenta su riesgo estructural
acumulado durante décadas
Las ciudades no solo se derrumban durante los sismos.
A veces colapsan durante la reconstrucción.
El derrumbe del edificio en
proceso de demolición en Calzada de San Antonio Abad, a unos metros de
la estación del Metro del mismo nombre, no es únicamente un accidente de obra.
Es un recordatorio incómodo de algo que la Ciudad de México conoce bien pero
rara vez enfrenta de manera sistemática: el riesgo estructural no desaparece cuando
comienza la intervención.
El inmueble, ubicado en San
Antonio Abad 130, colonia Tránsito, alcaldía Cuauhtémoc, acumulaba daños
desde los sismos de 1985 y 2017 y había sido catalogado como de alto
riesgo. Tras años de deterioro y decisiones postergadas, finalmente se
encontraba en proceso de demolición.
Paradójicamente, fue durante esa fase —la que debía eliminar
el peligro— cuando ocurrió el colapso.
Las losas del tercer nivel
cedieron y el edificio cayó prácticamente en cadena hacia la vía pública,
dejando personas atrapadas, lesionados y obligando a evacuar a decenas de
vecinos en una de las zonas más transitadas del centro de la ciudad.
Pero el problema no termina en el punto exacto del derrumbe.
El riesgo no termina cuando empieza la obra
En edificios con daños
estructurales severos, la demolición no es una actividad rutinaria.
Es una operación de alto riesgo técnico.
Implica cálculos precisos sobre
estabilidad residual, secuencias controladas de retiro de losas,
apuntalamientos temporales y zonas estrictas de exclusión para trabajadores y
terceros. Cuando alguno de estos elementos falla —o se subestima— el edificio puede
colapsar de forma no controlada.
Eso es lo que aparentemente ocurrió en San Antonio Abad.
El colapso en cadena sugiere que la
capacidad estructural remanente o la secuencia de demolición no fueron
evaluadas con suficiente precisión, o que los procedimientos de seguridad
en obra no se aplicaron con el rigor que exige un inmueble catalogado como de
alto riesgo.
Cuando ese error ocurre en una
zona densamente transitada, el riesgo deja de ser solo estructural.
Se vuelve urbano.
Una obra en un entorno crítico
El edificio no estaba en un terreno aislado.
Se encontraba:
- sobre
Calzada de Tlalpan, uno de los ejes viales más importantes de la
ciudad
- a metros
de una estación del Metro de alta afluencia
- rodeado
de viviendas y comercios
Eso convierte cualquier
intervención estructural en un proyecto de gestión de riesgo urbano, no
solo en una obra privada.
Cuando un colapso alcanza la vía
pública y obliga a evacuar edificios cercanos, la pregunta ya no es solo qué
falló en el predio.
La pregunta es qué tan bien se
evaluó el entorno antes de iniciar la intervención.
La ciudad de los edificios pendientes
El caso de San Antonio Abad
tampoco es un episodio aislado.
De acuerdo con datos del Instituto
para la Seguridad de las Construcciones (ISC), en la Ciudad de México
existen 1,313 edificios con dictamen de seguridad estructural en riesgo alto
o de colapso.
Un análisis publicado por Polls.mx
/ Research Land, con base en información del ISC, muestra que la mayor
concentración de estos inmuebles se ubica en las alcaldías centrales de la
ciudad.
Entre las más afectadas se encuentran:
- Cuauhtémoc:
430 edificios
- Iztapalapa:
186
- Benito
Juárez: 152
- Venustiano
Carranza: 76
- Gustavo
A. Madero: 74
:
Pie de imagen
Distribución de edificios con dictamen de seguridad
estructural en riesgo alto o de colapso en la Ciudad de México.
Fuente: Instituto para la Seguridad de las
Construcciones (ISC) / Polls.mx – Research Land, nota de Laura Arreazola, “Más
de mil edificios en CDMX en riesgo de colapso” (25 de diciembre de 2025).
El derrumbe de San Antonio Abad
ocurre precisamente en la alcaldía con mayor número de inmuebles en esta
condición.
Esto significa que la zona donde
ocurrió el colapso forma parte del epicentro urbano del riesgo estructural
en la capital.
Muchos de estos edificios:
- arrastran
daños acumulados desde los sismos de 1985 o 2017
- se
encuentran en espera de intervención
- o
están en proceso de reforzamiento o demolición
En otras palabras, cientos de inmuebles en la ciudad
están hoy en una etapa crítica del ciclo de riesgo.
Justamente la fase donde ocurrió este colapso.
Facilidades administrativas y control técnico
Las autoridades han señalado que el inmueble contaba con
permisos y que se otorgaron facilidades administrativas para acelerar su
demolición.
Facilitar trámites puede ser necesario cuando se trata de
retirar estructuras peligrosas.
Pero en edificios catalogados como de alto riesgo ocurre una
paradoja:
mientras más urgente es la intervención, mayor debe ser
la supervisión técnica.
Las facilidades administrativas no pueden sustituir:
- inspecciones
estructurales constantes
- auditorías
técnicas independientes
- control
riguroso de empresas contratistas
- protocolos
estrictos de seguridad en obra
En estos casos intervienen el
propietario, la empresa contratista, el Director Responsable de Obra y la
autoridad que supervisa; si cualquiera de ellos relaja su papel, el riesgo se
desplaza de la espera a la obra, pero no desaparece.
Simplemente cambia de fase.
Del abandono…
a la demolición.
Administrar ruinas
La gestión del riesgo estructural
en una ciudad sísmica no puede limitarse a dictámenes técnicos o programas de
reconstrucción que se prolongan durante décadas.
Porque cuando un edificio dañado
permanece años en espera de intervención, lo que realmente ocurre es que la
ciudad aprende a convivir con estructuras inestables.
Se administran ruinas.
Y cuando finalmente llega la intervención, el riesgo no
siempre desaparece.
A veces se manifiesta de otra manera.
El caso de San Antonio Abad deja una lección clara.
Un inmueble catalogado como de alto riesgo no se vuelve
seguro solo por estar en demolición.
Si el ciclo completo de gestión
del riesgo —diagnóstico, decisión, proyecto, obra y cierre— no se controla con
rigor técnico, la ciudad termina viviendo sobre estructuras que pueden
colapsar… incluso cuando se intenta corregirlas.
El desafío para la Ciudad de
México es tratar cada demolición y cada reforzamiento como gestión de riesgo
urbano, no como una obra privada más en la agenda de construcción.
Porque en una ciudad sísmica,
incluso la reconstrucción puede convertirse en desastre si el riesgo se
administra… pero no se resuelve.
Infra Rojo
La ciudad revela sus riesgos cuando tiembla.
Pero también cuando intenta reconstruirse.
Referencias
- Instituto
para la Seguridad de las Construcciones (ISC). Inventario de inmuebles con
dictamen de riesgo estructural en la Ciudad de México.
- Arreazola,
Laura. Más de mil edificios en CDMX en riesgo de colapso; Cuauhtémoc e
Iztapalapa son las alcaldías más afectadas. Polls.mx / Research Land,
25 de diciembre de 2025.
- Datos
de reconstrucción y padrón de inmuebles dañados por el sismo del 19 de
septiembre de 2017.
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