INFRA ROJO
Deuda y sequía: la otra tormenta que se avecina
En la Línea de Riesgo # 11
Por Jose Rafael Moya Saavedra
México se está secando… pero no solo de agua.También
de futuro.
Mientras los ríos se agotan y las
presas se vacían, el país se endeuda para sostener un gasto que ya no construye
nada. La Ley de Ingresos 2026, aprobada por la Cámara de Diputados,
marca una línea de continuidad con el pasado inmediato: endeudarse para
pagar el presente.
Es la tormenta perfecta de dos
crisis convergentes — la hídrica y la fiscal — que revelan el mismo patrón: la
incapacidad del Estado para invertir en resiliencia.
El país que se seca por dentro
En 2025, catorce estados
del país registran más del 50 % de su territorio bajo sequía, según la
Conagua.
El norte y el Bajío viven con
presas al 10 % de capacidad, acuíferos sobreexplotados y redes colapsadas. En
el sur, el agua abunda, pero se desperdicia: drenajes rotos, plantas de
tratamiento detenidas y tuberías oxidadas.
El resultado es una paradoja
trágica: abundancia y escasez conviven bajo la misma negligencia
estructural.
Pero el agua no solo se pierde
por las fugas. Se pierde por las decisiones. Décadas de subinversión han dejado
a México sin capacidad técnica para sostener su propio ciclo hídrico.
Y mientras la sequía avanza, la
inversión pública se desvía hacia programas asistenciales que no generan
infraestructura ni resiliencia.
La deuda que todo
lo cubre (menos el futuro)
El nuevo paquete fiscal eleva la
deuda nacional a 20 billones de pesos — más de la mitad del PIB —. En
términos reales, cada mexicano deberá unos 153 mil pesos al cierre de
2026.
Y no se trata de deuda para construir presas, modernizar redes o invertir en
agua: es deuda para cubrir gasto corriente.
Para financiar el presente con el
crédito del mañana.
El gobierno lo llama
endeudamiento “responsable”; pero detrás del eufemismo se esconde
la fragilidad de un modelo económico que gasta más de lo que produce y promete
más de lo que puede sostener.
Cuando el crecimiento ronda el 2
% y el déficit supera el 4 % del PIB, la ecuación deja de ser técnica: se
vuelve política.
Riesgo fiscal =
riesgo social = riesgo climático
Desde la perspectiva de la gestión
integral del riesgo, esta no es solo una crisis económica:
es una crisis sistémica.
Un país endeudado no puede
financiar su resiliencia, ni reconstruir sus redes, ni preparar a su población
ante eventos extremos. El riesgo fiscal alimenta al riesgo social, y ambos
multiplican el riesgo climático.
Endeudarse sin crecimiento es
como bombear agua a un drenaje roto:
se gasta energía, se pierde presión, y nada cambia en el fondo.
La línea roja
Cuando se rompe la “regla
de oro” — esa que dice que la deuda debe servir para construir futuro,
no para pagar el presente — se entra en territorio de riesgo.
Hoy, México vive con un déficit
de agua, de infraestructura y de responsabilidad.
La Ley de Ingresos 2026 confirma que el país ha elegido postergar las
soluciones y financiar su deterioro.
Y mientras los discursos celebran
la estabilidad, los pozos se secan, los socavones se multiplican y las
generaciones futuras heredarán no solo menos agua, sino más deuda.
Epílogo: dos crisis, un solo riesgo
El agua y la deuda son hoy las dos caras del mismo
colapso: la del país que gasta sin prever, que drena sin reparar, que
promete sin construir. Una nación puede resistir la sequía o la deuda. Pero no
ambas al mismo tiempo.
Porque cuando el endeudamiento sustituye al crecimiento, y
la sequía sustituye al Estado, ya no hablamos de economía ni de clima, sino de sobrevivencia.
Referencia
Gómez Tamez, A. (2025, 19 de octubre). Ley de
Ingresos 2026: cuando el endeudamiento sustituye al crecimiento. México
Económico. Ley
de Ingresos 2026: cuando el endeudamiento sustituye al crecimiento
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