martes, 4 de noviembre de 2025

 

El fuego que pudo apagarse: Waldo’s, la tragedia del incumplimiento

Por José Rafael Moya Saavedra

Infra Rojo – La Línea del Riesgo

Una chispa bastó

A las tres de la tarde del 1 de noviembre de 2025, Hermosillo volvió a oler a humo. No era un recuerdo: era un presagio cumplido. En la tienda Waldo’s, una explosión encendió en segundos lo que llevaba años acumulándose: negligencia, omisiones y desdén por la norma.

El fuego se propagó entre pasillos repletos de mercancía inflamable. El humo —espeso, negro, tóxico— fue más rápido que cualquier intento de auxilio. Los gritos se ahogaron contra las paredes, y las salidas de emergencia, simplemente, no existían. Veintitrés personas no volvieron a casa.

Un transformador y un país que pospone la prevención

El peritaje inicial habló de un transformador defectuoso. Pero el verdadero cortocircuito no fue eléctrico, fue cultural.

Desde 2021 la tienda operaba sin un programa interno de protección civil vigente. Nadie lo revisó, nadie lo exigió, nadie lo detuvo.

El gobierno reaccionó cerrando 68 sucursales. Demasiado tarde: el fuego, como la omisión, se propaga más rápido que la ley.

El espejo de la Guardería ABC

En Hermosillo los fantasmas tienen memoria. La Guardería ABC, aquella herida de 2009, prometió enseñarnos que nunca más. Pero la memoria institucional es frágil y la burocracia tiene una forma particular de olvidar.

El caso Waldo’s confirma que no se trata de tragedias aisladas, sino de un patrón de desdén hacia la prevención. Cambian los nombres, los edificios, los gobiernos, pero el denominador común sigue siendo el mismo: la falta de cumplimiento.

La cadena invisible del riesgo

Ninguna tragedia ocurre sola. Detrás de cada incendio hay una cadena de omisiones pequeñas:
un dictamen vencido, una revisión no hecha, un simulacro suspendido, un extintor vacío.
Y detrás de todo eso, una frase nacional:

“No pasa nada.” Hasta que pasa.

La Gestión Integral de Riesgos no es un formato; es una cultura. Es revisar, prevenir, capacitar, corregir, y sobre todo, asumir responsabilidad antes de que el humo oculte las salidas.

El costo del incumplimiento

Las muertes en Hermosillo no fueron solo por el fuego, sino por la falta de rutas de escape. Rutas físicas, pero también morales y administrativas.
              No hubo salidas porque nadie las construyó. El riesgo no fue el transformador: fue la costumbre de normalizar el desorden.

Mientras el cumplimiento siga viéndose como un gasto y no como una inversión, México seguirá escribiendo su historia con cenizas.

Cumplir es ética, no trámite

Cumplir una norma no es llenar papeles; es salvar vidas. Un programa actualizado, un simulacro real, un extintor funcional, un líder de brigada capacitado… cada uno de esos actos forma parte de una cadena contraria a la del desastre.

Cumplir no es un trámite, es una ética de vida.
Y el precio de no hacerlo ya lo hemos visto: se mide en nombres, no en números.

Colofón: ceniza y conciencia

En el piso calcinado del Waldo’s quedó una lección escrita con fuego: “No hay tragedias inevitables, solo omisiones repetidas.”

La gestión integral de riesgos no es una moda técnica ni un requisito administrativo. Es, sencillamente, la diferencia entre prevenir y lamentar.

Porque cada dictamen olvidado, cada simulacro que no se hace, cada puerta que no se instala, es una salida menos… cuando más se necesita.



Nota para empresarios y responsables de establecimientos

El incendio de Waldo’s en Hermosillo no fue un accidente aislado; fue la consecuencia directa de años de descuido en materia de seguridad, prevención y cumplimiento. Hoy, cada empresa —sin importar su tamaño o giro— debe entender que la omisión preventiva es también una forma de riesgo operativo.

Cumplir con la normatividad de Protección Civil y de la Secretaría del Trabajo no es una carga, sino un compromiso con la vida, la reputación y la estabilidad de la organización.
Un programa interno actualizado, un simulacro real o un extintor funcional pueden marcar la diferencia entre una anécdota y una tragedia.

Desde INFRA ROJO hacemos un llamado a los empresarios, directores y administradores del país: asuman el cumplimiento como parte esencial de su estrategia de responsabilidad social, continuidad operativa y liderazgo ético.

No esperemos al siguiente incendio para entender que la prevención es el cimiento de toda empresa que quiera durar.

 

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