INFRA ROJO
LAS MESAS QUE NO DECIDEN: Bloqueos, Desconfianza y el
Estado que Se Escucha a Sí Mismo
Por Jose Rafael Moya Saavedra
Los bloqueos del 24 de noviembre
no surgieron de la nada ni fueron estallidos espontáneos movidos por el
capricho o la política electoral. Surgieron de una acumulación de agravios,
desgastes y silencios. Surgieron de un país donde los sectores productivos
sienten que hablan, pero que el Estado ya no los escucha; donde los conflictos
se administran en vez de resolverse; donde las mesas de diálogo se han vuelto
rituales para la fotografía, no para la toma de decisiones.
Porque mientras el Gobierno
federal insiste en que “no hay motivo” para los bloqueos y repite la
estadística de reuniones —316 con transportistas, más de 200 con agricultores—
del otro lado se oye un diagnóstico contundente y frontal: mesas sin
dientes, compromisos sin firma, problemas sin solución.
Este es el retrato completo de esa fractura.
I. Transportistas: denuncias archivadas, operadores
desaparecidos y mesas sin valor
Los transportistas han sido
claros. El vicepresidente de ANTAC, David Ortiz, resumió el hartazgo con una
frase que se volvió consigna: “No hay diálogo real, sólo fotos y promesas.”
Lo que exponen es grave y concreto:
- Denuncias
de ataques, robos y desapariciones de operadores que quedan archivadas.
- Carpetas
que no avanzan y detenidos que no existen.
- Rutas
federales donde la Guardia Nacional llega tarde o nunca llega.
- Extorsión
permanente en ciertos tramos carreteros.
Cuando la autoridad repite que el
diálogo está abierto, ellos responden que la invitación a la última mesa no
llegó por canales oficiales: ni oficios formales, ni agendas, ni
compromisos previos. Por eso insisten: “Nos sentamos si hay un diálogo
razonable… pero no vamos a ir a que nos tomen la foto.”
Sin ministerio público que actúe,
sin fiscalía especializada, sin garantías de seguridad en carretera, cualquier
mesa es vista como un trámite vacío.
II. Agricultores: 200 reuniones, cero soluciones
Los agricultores del Frente Nacional para el Rescate del
Campo Mexicano (FNRCM) y otras organizaciones llevan años denunciando lo mismo:
“El gobierno nos atiende, pero no nos resuelve.”
La lista es larga:
- precios
de garantía insuficientes o inexistentes,
- apoyos
retrasados,
- caída
de ingresos,
- incertidumbre
por la nueva Ley General de Aguas,
- competencia
desigual con importaciones,
- trámites
que ahogan la producción,
- abandono
en regiones completas.
Los productores ya no disimulan
su frustración: “¿De qué sirve que nos atiendan si no nos resuelven el
pliego petitorio?”
Las mesas a las que acuden están
encabezadas, con demasiada frecuencia, por funcionarios sin facultades reales.
Funcionan como oyentes: escuchan, anotan, prometen revisar… y ahí termina todo.
Esa arquitectura institucional —mesas sin decisión, sin firma, sin presupuesto—
explica por qué, para ellos, el bloqueo es la única herramienta que les deja el
sistema.
III. Por qué no confían: el círculo vicioso del diálogo
sin consecuencias
El diagnóstico conjunto entre transportistas y agricultores
es coincidente:
- Mesas
sin capacidad resolutiva.
Los funcionarios no pueden comprometer modificaciones legales ni presupuestales. - Promesas
recicladas.
Se repiten ofrecimientos que ya se oyeron en años anteriores. - Ausencia
de acuerdos verificables.
No hay documentos con montos, plazos o responsables. - Inseguridad
creciente.
En las carreteras federales se multiplican ataques y robos. - Caída
de precios y reformas controvertidas.
La Ley General de Aguas y otros cambios son vistos como amenazas directas. - Convocatorias
informales.
Invitaciones tardías, sin oficio ni protocolo, percibidas como simulación.
La versión oficial sostiene que
hay “diálogo permanente”. Los sectores productivos responden que
sí: hay diálogo, pero no hay decisiones.
Y un diálogo sin decisiones es
—en términos de gobernanza— una forma elegante del abandono.
IV. Bloqueo: la última vía cuando el Estado deja de
decidir
Cuando el gobierno afirma que el
bloqueo “no tiene motivo” y que todo es un intento partidista por
golpear a la administración, los inconformes responden con datos duros: ataques
a operadores, cosechas que ya no son rentables, reformas que ponen en riesgo la
tierra de riego, carreteras tomadas por el crimen.
No son consignas: son sobrevivencia.
No protestan por capricho ni por
cálculo electoral. Protestan porque sienten que ya no les queda otra vía. Y no
la sienten así por emoción, sino por experiencia repetida: 200 reuniones sin
respuestas, 300 mesas sin acuerdos, 500 compromisos sin firma.
El bloqueo se volvió método
precisamente porque la mesa dejó de ser solución.
V. El Estado que se escucha a sí mismo
En una democracia sana, la mesa
es un espacio de acuerdos; en una democracia fatigada, se convierte en un
ritual de autoafirmación del poder.
Hoy, el Estado mexicano responde
a la conflictividad con dos reflejos automáticos:
- convocar
a una mesa,
- llamar
a levantar el bloqueo,
- atribuir
motivaciones políticas,
- prometer
que habrá seguimiento,
- acumular
otra crisis idéntica semanas después.
La mesa, vaciada de contenido, ya
no ordena ni arbitra: sólo administra el conflicto para que no escale
políticamente. Es una sala de espera institucional para problemas que deberían
resolverse con decisiones, no con discursos.
Un gobierno fuerte decide; uno
débil convoca mesas.
VI. Conclusión energética: cuando la palabra ya no basta
Transportistas y agricultores no
están desafiando al Estado: están recordándole que perdió la capacidad de
decidir.
Están haciendo visible lo que
muchos sectores ya sienten: que las instituciones responsables de resolver se
han convertido en instituciones que sólo escuchan.
El verdadero problema no es el
bloqueo, sino la normalización de un modelo de gobierno donde el diálogo
sustituye a la decisión. Donde las mesas no transforman nada y sólo sirven para
posponerlo todo.
Mientras el Estado siga hablando
sin resolver, los bloqueos seguirán apareciendo.
Porque un país donde se escucha mucho pero se decide poco es un país que vive
—precisamente— en la línea roja.
Fuentes y referencias consultadas
- Declaraciones
de David Ortiz, vicepresidente de ANTAC, sobre denuncias, seguridad
carretera y ausencia de diálogo real.
- Pronunciamientos
del Frente Nacional para el Rescate del Campo Mexicano (FNRCM) sobre
precios, apoyos y falta de acuerdos verificables.
- Comunicados
y declaraciones de la Secretaría de Gobernación del 24 de noviembre sobre
instalación de mesas, número de reuniones y acusaciones de motivación
política.
- Entrevistas
y notas de prensa (El Universal, Reforma, La Jornada, Quadratín, Pie de
Página) sobre bloqueos, movilizaciones y postura de organizaciones
agrícolas y transportistas.
- Testimonios
de operadores afectados por robos y ataques en carreteras federales
(Chihuahua, Veracruz, Puebla, Estado de México).
- Información
pública sobre la discusión de la Ley General de Aguas y su impacto en
zonas de riego.
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