lunes, 24 de noviembre de 2025

 

INFRA ROJO

LAS MESAS QUE NO DECIDEN: Bloqueos, Desconfianza y el Estado que Se Escucha a Sí Mismo

Por Jose Rafael Moya Saavedra

Los bloqueos del 24 de noviembre no surgieron de la nada ni fueron estallidos espontáneos movidos por el capricho o la política electoral. Surgieron de una acumulación de agravios, desgastes y silencios. Surgieron de un país donde los sectores productivos sienten que hablan, pero que el Estado ya no los escucha; donde los conflictos se administran en vez de resolverse; donde las mesas de diálogo se han vuelto rituales para la fotografía, no para la toma de decisiones.

Porque mientras el Gobierno federal insiste en que “no hay motivo” para los bloqueos y repite la estadística de reuniones —316 con transportistas, más de 200 con agricultores— del otro lado se oye un diagnóstico contundente y frontal: mesas sin dientes, compromisos sin firma, problemas sin solución.

Este es el retrato completo de esa fractura.

I. Transportistas: denuncias archivadas, operadores desaparecidos y mesas sin valor

Los transportistas han sido claros. El vicepresidente de ANTAC, David Ortiz, resumió el hartazgo con una frase que se volvió consigna: “No hay diálogo real, sólo fotos y promesas.”

Lo que exponen es grave y concreto:

  • Denuncias de ataques, robos y desapariciones de operadores que quedan archivadas.
  • Carpetas que no avanzan y detenidos que no existen.
  • Rutas federales donde la Guardia Nacional llega tarde o nunca llega.
  • Extorsión permanente en ciertos tramos carreteros.

Cuando la autoridad repite que el diálogo está abierto, ellos responden que la invitación a la última mesa no llegó por canales oficiales: ni oficios formales, ni agendas, ni compromisos previos. Por eso insisten: “Nos sentamos si hay un diálogo razonable… pero no vamos a ir a que nos tomen la foto.”

Sin ministerio público que actúe, sin fiscalía especializada, sin garantías de seguridad en carretera, cualquier mesa es vista como un trámite vacío.

II. Agricultores: 200 reuniones, cero soluciones

Los agricultores del Frente Nacional para el Rescate del Campo Mexicano (FNRCM) y otras organizaciones llevan años denunciando lo mismo:
“El gobierno nos atiende, pero no nos resuelve.”

La lista es larga:

  • precios de garantía insuficientes o inexistentes,
  • apoyos retrasados,
  • caída de ingresos,
  • incertidumbre por la nueva Ley General de Aguas,
  • competencia desigual con importaciones,
  • trámites que ahogan la producción,
  • abandono en regiones completas.

Los productores ya no disimulan su frustración: “¿De qué sirve que nos atiendan si no nos resuelven el pliego petitorio?”

Las mesas a las que acuden están encabezadas, con demasiada frecuencia, por funcionarios sin facultades reales. Funcionan como oyentes: escuchan, anotan, prometen revisar… y ahí termina todo. Esa arquitectura institucional —mesas sin decisión, sin firma, sin presupuesto— explica por qué, para ellos, el bloqueo es la única herramienta que les deja el sistema.

III. Por qué no confían: el círculo vicioso del diálogo sin consecuencias

El diagnóstico conjunto entre transportistas y agricultores es coincidente:

  1. Mesas sin capacidad resolutiva.
    Los funcionarios no pueden comprometer modificaciones legales ni presupuestales.
  2. Promesas recicladas.
    Se repiten ofrecimientos que ya se oyeron en años anteriores.
  3. Ausencia de acuerdos verificables.
    No hay documentos con montos, plazos o responsables.
  4. Inseguridad creciente.
    En las carreteras federales se multiplican ataques y robos.
  5. Caída de precios y reformas controvertidas.
    La Ley General de Aguas y otros cambios son vistos como amenazas directas.
  6. Convocatorias informales.
    Invitaciones tardías, sin oficio ni protocolo, percibidas como simulación.

La versión oficial sostiene que hay “diálogo permanente”. Los sectores productivos responden que sí: hay diálogo, pero no hay decisiones.

Y un diálogo sin decisiones es —en términos de gobernanza— una forma elegante del abandono.

IV. Bloqueo: la última vía cuando el Estado deja de decidir

Cuando el gobierno afirma que el bloqueo “no tiene motivo” y que todo es un intento partidista por golpear a la administración, los inconformes responden con datos duros: ataques a operadores, cosechas que ya no son rentables, reformas que ponen en riesgo la tierra de riego, carreteras tomadas por el crimen.

No son consignas: son sobrevivencia.

No protestan por capricho ni por cálculo electoral. Protestan porque sienten que ya no les queda otra vía. Y no la sienten así por emoción, sino por experiencia repetida: 200 reuniones sin respuestas, 300 mesas sin acuerdos, 500 compromisos sin firma.

El bloqueo se volvió método precisamente porque la mesa dejó de ser solución.

V. El Estado que se escucha a sí mismo

En una democracia sana, la mesa es un espacio de acuerdos; en una democracia fatigada, se convierte en un ritual de autoafirmación del poder.

Hoy, el Estado mexicano responde a la conflictividad con dos reflejos automáticos:

  1. convocar a una mesa,
  2. llamar a levantar el bloqueo,
  3. atribuir motivaciones políticas,
  4. prometer que habrá seguimiento,
  5. acumular otra crisis idéntica semanas después.

La mesa, vaciada de contenido, ya no ordena ni arbitra: sólo administra el conflicto para que no escale políticamente. Es una sala de espera institucional para problemas que deberían resolverse con decisiones, no con discursos.

Un gobierno fuerte decide; uno débil convoca mesas.

VI. Conclusión energética: cuando la palabra ya no basta

Transportistas y agricultores no están desafiando al Estado: están recordándole que perdió la capacidad de decidir.

Están haciendo visible lo que muchos sectores ya sienten: que las instituciones responsables de resolver se han convertido en instituciones que sólo escuchan.

El verdadero problema no es el bloqueo, sino la normalización de un modelo de gobierno donde el diálogo sustituye a la decisión. Donde las mesas no transforman nada y sólo sirven para posponerlo todo.

Mientras el Estado siga hablando sin resolver, los bloqueos seguirán apareciendo.
Porque un país donde se escucha mucho pero se decide poco es un país que vive —precisamente— en la línea roja.

Fuentes y referencias consultadas

  • Declaraciones de David Ortiz, vicepresidente de ANTAC, sobre denuncias, seguridad carretera y ausencia de diálogo real.
  • Pronunciamientos del Frente Nacional para el Rescate del Campo Mexicano (FNRCM) sobre precios, apoyos y falta de acuerdos verificables.
  • Comunicados y declaraciones de la Secretaría de Gobernación del 24 de noviembre sobre instalación de mesas, número de reuniones y acusaciones de motivación política.
  • Entrevistas y notas de prensa (El Universal, Reforma, La Jornada, Quadratín, Pie de Página) sobre bloqueos, movilizaciones y postura de organizaciones agrícolas y transportistas.
  • Testimonios de operadores afectados por robos y ataques en carreteras federales (Chihuahua, Veracruz, Puebla, Estado de México).
  • Información pública sobre la discusión de la Ley General de Aguas y su impacto en zonas de riego.

 

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