INFRA ROJO
Hospital Seguro... hasta que se prende: la normalización
del riesgo en el IMSS
Por José Rafael Moya Saavedra
La escena es conocida.
Demasiado conocida.
Un hospital público.
Área crítica.
Un cortocircuito.
Humo donde no debería haberlo.
Pacientes que no pueden moverse... moviéndose.
Personal resolviendo en segundos lo que en el papel está perfectamente
previsto.
Y luego, la frase que lo apaga todo: "No hubo
lesionados."
Con eso basta.
Con eso, el sistema se da por satisfecho.
Con eso, el país sigue.
Pero no debería.
Porque lo verdaderamente
preocupante no es que se haya registrado un conato de incendio en el Centro
Médico Nacional La Raza este 29 de abril.
Lo preocupante es que ya no
sorprende.
El incidente que
no debía ocurrir
El reporte es claro: un cortocircuito en la zona de
urgencias, fuego en el techo, evacuación de entre 300 y más de 500 personas,
pacientes de áreas sensibles movilizados, intervención de bomberos, control
total de la situación.
Sin víctimas.
Sin daños estructurales reportados.
Sin suspensión general del servicio.
Todo en orden.
Demasiado perfecto para ser cierto
Porque en un hospital, en un área de urgencias, nada
de eso debería pasar.
Y sin embargo, pasa.
El lenguaje que administra la tranquilidad
Cuando ocurre un evento así, el guion institucional se
activa de inmediato:
- "Conato
controlado"
- "Sin
lesionados"
- "Operación
normal"
- "Se
investigan las causas"
Es un lenguaje diseñado no para explicar... sino para
contener.
Contener la preocupación.
Contener la percepción de riesgo.
Contener la responsabilidad.
No es mentira.
Pero tampoco es toda la verdad.
No es un incidente. Es una secuencia
La Raza no es un caso aislado.
Hay antecedentes: incendios,
fallas eléctricas, cortes de energía, afectaciones en áreas críticas.
Eventos que se repiten con variaciones mínimas y consecuencias potencialmente
graves.
En los últimos años, La Raza ha
acumulado fallas eléctricas, explosiones, cortes de oxígeno en áreas críticas y
ahora un nuevo incendio en urgencias.
No son anécdotas: son evidencia
de un riesgo sistémico que se tolera… mientras no haya muertos.
El patrón es constante: fallas
eléctricas, evacuaciones, control del evento, ausencia de víctimas directas...
y continuidad operativa.
Y ahí está el problema.
Porque cuando el patrón se repite, deja de ser incidente.
Se convierte en sistema.
El riesgo que no se gestiona... se tolera
En teoría, el sistema hospitalario está blindado:
- Miles
de trabajadores capacitados
- unidades
internas de protección civil
- simulacros
obligatorios
- programas
alineados a estándares de "Hospital Seguro"
En el papel, el modelo es robusto. En la práctica, el riesgo
persiste.
No se llama así solo por ironía. "Hospital
Seguro" es también un programa formal. Sobre el papel, evalúa tres
dimensiones: la seguridad estructural del edificio, la seguridad no estructural
(instalaciones, equipos, sistemas eléctricos) y la seguridad funcional (la
capacidad de seguir operando durante y después de una emergencia).
La promesa es simple: incluso en
una emergencia, el hospital debe seguir siendo seguro.
Cuando un cortocircuito en urgencias obliga a evacuar áreas críticas, esa
promesa no falla en el papel… falla en la realidad.
Infraestructura envejecida.
Sistemas eléctricos vulnerables.
Sobrecarga operativa.
Mantenimiento que llega tarde... O no llega.
Y entonces ocurre lo inevitable:
el riesgo no se elimina. Se administra.
La simulación de la seguridad
Hay algo más profundo que un cortocircuito.
Es la distancia entre lo que se dice y lo que se vive.
Mientras el discurso habla de
protocolos, cobertura y capacidad, la experiencia —cuando se asoma— muestra
otra cosa:
- Evacuaciones
tensas
- falta
de información
- decisiones
improvisadas
- pacientes
trasladados en condiciones límite
Ahí es donde la seguridad deja de ser sistema...
y se convierte en apuesta.
¿Y la autoridad de riesgos?
Hay un actor que casi no aparece
en el relato público, pero que debería estar en el centro: la Secretaría de
Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil.
Porque su función no es solo "estar al
pendiente".
Su mandato es claro: coordinar la
prevención, evaluar riesgos, supervisar condiciones y reducir la probabilidad
de desastre en la ciudad.
Un incendio en un hospital de
alta concentración no es un evento menor. Es, precisamente, el tipo de
incidente que debería detonar:
- revisión
técnica post-evento
- verificación
del programa interno de protección civil
- evaluación
de vulnerabilidades estructurales y eléctricas
- medidas
correctivas públicas
Pero eso no ocurre —al menos no de cara a la ciudadanía.
Lo que vemos son mensajes de seguimiento.
No auditorías abiertas.
No diagnósticos compartidos.
No responsabilidades claras.
Y sin eso, no hay prevención. Solo repetición
Si la Secretaría solo "está
al pendiente", pero no produce diagnósticos públicos ni medidas
correctivas verificables, la gestión integral de riesgos se queda en eslogan.
Es gestión de imagen, no gestión del riesgo.
Y ahí se abre la grieta.
Porque mientras el Instituto
Mexicano del Seguro Social opera bajo sus propios protocolos, la
coordinación con la autoridad de riesgos se diluye en la práctica.
El resultado es un sistema fragmentado: uno que
responde... pero no necesariamente aprende.
El punto ciego del sistema
Lo más peligroso de todo esto no es el incendio.
Es la normalización.
Porque cuando un hospital puede
evacuar cientos de personas, controlar un conato en un área crítica y seguir
operando como si nada...
El mensaje implícito es brutal:
"El sistema funciona."
Pero no.
El sistema no está funcionando.
Está resistiendo.
Y resistir no es lo mismo que estar preparado.
La gestión integral del riesgo no
se mide solo por la capacidad de responder a un evento, sino por la capacidad
de aprender de él.
A eso se le llama gestión del
conocimiento del riesgo: documentar qué falló, identificar vulnerabilidades,
corregirlas y asegurarse de que el siguiente incidente no ocurra por las mismas
razones.
En el caso de La Raza, lo que
falta no son comunicados: lo que falta es trazabilidad.
No hay un registro público de qué se corrigió después de cada cortocircuito, de
cada corte de oxígeno, de cada evacuación.
Sin trazabilidad, el
sistema no aprende: solo sobrevive
No sabemos si hubo sanciones,
inversiones específicas, cambio de instalaciones, actualización de protocolos o
solo pintura nueva sobre la misma instalación envejecida.
El día que deje de
ser un "conato"
Hoy no hubo víctimas.
Hoy el incendio fue controlado.
Hoy todo se resolvió dentro de lo tolerable.
Pero la pregunta no es qué pasó hoy.
La pregunta es: ¿qué va a pasar cuando no se controle?
Cierre
En México, los hospitales no colapsan de golpe.
Se van deteriorando en silencio.
Entre cortocircuitos, simulacros y comunicados.
Entre protocolos que existen... y realidades que los desbordan.
Entre autoridades que acompañan... pero no siempre intervienen a fondo.
Hasta que un día, el "conato controlado"
deja de serlo.
Y entonces ya no habrá frase que alcance para apagar
el fuego.
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