INFRA ROJO
De la alerta a la acción: cómo acortar el tiempo de
respuesta
Por José Rafael Moya Saavedra (Maestro en Gestión
Integral de Riesgos, Universidad Ducens)
En el capítulo anterior vimos que
proteger la infraestructura crítica es vital para que el país no colapse
durante una emergencia. Pero hay un segundo factor igual de decisivo: el
tiempo que pasa entre que suena la alerta y se ejecuta la acción.
En gestión de riesgos, este
intervalo es el que separa la prevención del desastre. Y en México, a pesar de
contar con sistemas cada vez más sofisticados de alerta temprana, seguimos
perdiendo segundos y minutos que cuestan vidas y millones.
El reto de convertir una señal en movimiento
La tecnología puede avisar; la
diferencia la hace la reacción. El SASMEX para sismos o las alertas
hidrometeorológicas pueden dar hasta un minuto de anticipación en ciertas
zonas. Pero si los protocolos no están claros, la comunicación no llega o la
población no actúa, la alerta se vuelve un eco inútil.
Tres eventos recientes lo dejan claro:
Sismo en CDMX (19-S-2017)
A las 13:14, un sismo de magnitud
7.1 con epicentro en Puebla y Morelos sorprendió a millones. El SASMEX apenas
tuvo segundos para detectar y emitir la señal; en muchos lugares, la vibración
empezó al mismo tiempo que sonaba la alerta… o antes.
En varios edificios, la
evacuación comenzó solo después de sentir el movimiento. El propio CIRES
reconoció la limitación tecnológica ante sismos cercanos: la alerta no siempre
da margen suficiente, pero la falta de reacción inmediata agravó los riesgos.
Explosiones industriales en Veracruz (2023 y 2025)
En febrero de 2023, una explosión
en la planta de Pemex en Ixhuatlán obligó a evacuar instalaciones y hasta una
universidad cercana. Hubo albergues temporales y respuesta oficial, pero
algunos reportes señalan que la evacuación no fue instantánea, y la demora
contribuyó al número de lesionados.
En 2025, una explosión en la
planta de Lala, en la Ciudad Industrial Bruno Pagliai, activó protocolos y
evacuaciones, pero la coordinación inicial mostró vacíos que pudieron costar
más caro.
Ambos casos confirman que, en la
industria, el “minuto de oro” es literal: cada segundo sin actuar
multiplica el riesgo.
Huracán Otis (2024)
El 25 de octubre de 2024, Otis
golpeó Acapulco como huracán categoría 5. Las alertas meteorológicas nacionales
e internacionales se emitieron con hasta 10 horas de antelación. Sin embargo,
la preparación comunitaria y logística fue insuficiente: no hubo evacuaciones
masivas previas, la comunicación sobre la magnitud real del fenómeno fue débil
y la activación de la respuesta oficial tardó.
Resultado: devastación en infraestructura, comunidades y servicios
básicos, con un costo superior a 15 000 millones de dólares.
Factores que alargan el tiempo de respuesta
- Fragmentación
en la comunicación: múltiples canales sin coordinación y mensajes
contradictorios.
- Protocolos
poco claros o desactualizados: improvisación en el momento crítico.
- Entrenamiento
insuficiente: simulacros poco realistas que no generan memoria
operativa.
- Centralización
excesiva: esperar instrucciones desde arriba retrasa decisiones
locales urgentes.
Claves para ganar segundos y salvar vidas
- Alertas
multicanal y automatizadas
Redundancia de medios: sirenas,
SMS, apps móviles, radio, altavoces y redes oficiales, integrando estándares
como el Protocolo de Alerta Común (CAP).
- Planes
de acción inmediatos
Cada institución, empresa,
comunidad y escuela debe tener un plan actualizado, con responsabilidades
definidas y rutas claras.
- Entrenamiento
constante y contextualizado
Simulacros que reproduzcan
presión real: cronómetros, escenarios variables y evaluación posterior.
- Organización
comunitaria
Brigadas vecinales capaces de
actuar de forma autónoma, sin esperar la llegada de autoridades sobrepasadas.
- Integración
con infraestructura crítica
Sistemas automáticos que ejecuten
medidas de seguridad (corte de energía, cierre de válvulas, activación de
respaldos) en cuanto se detecta la amenaza.
Colofón
En los tres casos —sismo,
explosiones industriales y huracán— hubo alertas. Pero la tecnología por sí
sola no salva vidas: la salva la capacidad de transformar esa señal en acción
inmediata.
En México, acortar el tiempo de
respuesta exige tecnología confiable, planes claros, entrenamiento constante y
comunidades que no esperen a que alguien les diga qué hacer. Porque en gestión
de riesgos, cada segundo cuenta… y el reloj nunca se detiene.
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