sábado, 13 de septiembre de 2025

 



INFRA ROJO

“Del bache a la curva: lo que realmente provocó la explosión en el Puente de la Concordia”

Por Jose Rafael Moya Saavedra

El Puente de la Concordia, en Iztapalapa, es un viejo conocido de la siniestralidad vial. Pero el 10 de septiembre de 2025 se convirtió en escenario del accidente más grave de su historia: la volcadura y explosión de una pipa con 50 mil litros de gas LP. Una tragedia que dejó al menos diez muertos, más de 90 heridos y un debate abierto sobre la seguridad del transporte de materiales peligrosos en la Ciudad de México.

La explosión

La tarde del 10 de septiembre, el estruendo sacudió a kilómetros de distancia. La pipa, que transportaba gas LP para la empresa Transportadora Silza, volcó al intentar maniobrar una curva cerrada. El tanque se desgarró tras golpear una columna, y la fuga generó una nube explosiva que en segundos prendió fuego. La onda expansiva alcanzó a más de treinta vehículos, provocó incendios secundarios y cubrió la zona con humo y pánico.

Fotografía 1. Tramo inicial de la curva donde volcó la pipa: no se observan baches en el asfalto, pero sí un giro cerrado sin peralte suficiente.

Un puente marcado por accidentes

El Puente de la Concordia no era ajeno a la tragedia. En julio de 2023 un motociclista perdió la vida tras caer desde 40 metros de altura. En marzo de 2024 un choque entre un taxi y una camioneta paralizó la vialidad. A lo largo de los años, se acumularon derrapes, caídas y choques, casi siempre vinculados al exceso de velocidad y a la falta de precaución. La explosión de septiembre de 2025 fue la culminación de una lista de advertencias ignoradas.

Fotografía 2. Continuidad de la curva en “S”: la geometría obliga a maniobras cerradas y limita el margen de error para vehículos pesados.

 Lo que dicen los peritajes

Las primeras versiones culparon a un “bache” como causa del accidente. Sin embargo, los peritajes de la Fiscalía General de Justicia descartaron esa hipótesis: el pavimento estaba en condiciones aceptables. La investigación apunta al exceso de velocidad y a la volcadura como factores determinantes.

Expertos explican que, en un radio de apenas 25–35 metros, un tracto con 50 mil litros de gas LP tiene un umbral crítico de estabilidad: basta superar los 40–50 km/h para que la inercia lo venza. A eso se suma el efecto “sloshing”: si el tanque no iba lleno, el oleaje interno amplifica la inestabilidad lateral.

Fotografía 3. Vista aérea del accidente: el tanque quedó atravesado en el punto de mayor fuerza centrífuga, encajonado entre muros y columnas.

La polémica de las responsabilidades

La explosión abrió otra discusión: ¿estaba la empresa en regla? Mientras la ASEA señaló que la transportista no había registrado sus pólizas de seguro, el Grupo Tomza defendió que sí estaban vigentes. La Comisión Nacional de Energía, responsable de supervisar permisos, también quedó bajo la lupa por no actualizar expedientes ni garantizar que se cumplieran las obligaciones de seguridad.

“Si las autoridades hubieran revisado la vigencia de los seguros, podrían haber revocado permisos antes de la tragedia”, advirtió el abogado especialista en hidrocarburos Marco Téllez.

Fotografía 4. Ángulo alterno de la curva: la vialidad no presenta pendiente, pero sí un trazo que obliga a giros bruscos y aumenta el riesgo de volcadura.

 

El riesgo invisible: rutas Hazmat en la ciudad

La tragedia expuso otra deuda mayor: la falta de corredores públicos y transparentes para el transporte de materiales peligrosos en la CDMX.

  • Hoy, las empresas planifican rutas con autorización de la SICT y Protección Civil, evitando zonas densamente pobladas, pero sin información pública clara.
  • Tras el accidente, el gobierno capitalino anunció nuevos protocolos y horarios más estrictos para pipas con materiales peligrosos.
  • Sin embargo, la práctica sigue siendo la misma: pipas circulan por vías como Zaragoza, Circuito Interior y Periférico, compartiendo espacio con miles de autos y peatones.

Colofón

La explosión del Puente de la Concordia no fue producto de un bache aislado. Fue el resultado de una curva cerrada, una pipa de 40 toneladas con un tanque de 50 mil litros, un exceso de velocidad y un sistema regulatorio débil. La tragedia dejó claro que mientras no haya rutas seguras y supervisión estricta, cada curva de la ciudad puede ser una bomba de tiempo.


 

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