INFRA ROJO
“Del bache a la curva: lo que realmente provocó la
explosión en el Puente de la Concordia”
Por Jose Rafael Moya Saavedra
El Puente de la Concordia, en
Iztapalapa, es un viejo conocido de la siniestralidad vial. Pero el 10 de
septiembre de 2025 se convirtió en escenario del accidente más grave de su
historia: la volcadura y explosión de una pipa con 50 mil litros de gas LP. Una
tragedia que dejó al menos diez muertos, más de 90 heridos y un debate abierto
sobre la seguridad del transporte de materiales peligrosos en la Ciudad de
México.
La explosión
La tarde del 10 de septiembre, el
estruendo sacudió a kilómetros de distancia. La pipa, que transportaba gas LP
para la empresa Transportadora Silza, volcó al intentar maniobrar una curva
cerrada. El tanque se desgarró tras golpear una columna, y la fuga generó una
nube explosiva que en segundos prendió fuego. La onda expansiva alcanzó a más
de treinta vehículos, provocó incendios secundarios y cubrió la zona con humo y
pánico.
Fotografía 1. Tramo inicial de la curva donde
volcó la pipa: no se observan baches en el asfalto, pero sí un giro cerrado sin
peralte suficiente.
Un puente marcado por accidentes
El Puente de la Concordia no era
ajeno a la tragedia. En julio de 2023 un motociclista perdió la vida tras caer
desde 40 metros de altura. En marzo de 2024 un choque entre un taxi y una
camioneta paralizó la vialidad. A lo largo de los años, se acumularon derrapes,
caídas y choques, casi siempre vinculados al exceso de velocidad y a la falta
de precaución. La explosión de septiembre de 2025 fue la culminación de una
lista de advertencias ignoradas.
Fotografía 2. Continuidad de la curva en “S”: la
geometría obliga a maniobras cerradas y limita el margen de error para
vehículos pesados.
Las primeras versiones culparon a
un “bache” como causa del accidente. Sin embargo, los peritajes de la Fiscalía
General de Justicia descartaron esa hipótesis: el pavimento estaba en
condiciones aceptables. La investigación apunta al exceso de velocidad y a la
volcadura como factores determinantes.
Expertos explican que, en un
radio de apenas 25–35 metros, un tracto con 50 mil litros de gas LP tiene un
umbral crítico de estabilidad: basta superar los 40–50 km/h para que la inercia
lo venza. A eso se suma el efecto “sloshing”: si el tanque no iba lleno, el
oleaje interno amplifica la inestabilidad lateral.
Fotografía 3. Vista aérea del accidente: el tanque
quedó atravesado en el punto de mayor fuerza centrífuga, encajonado entre muros
y columnas.
La polémica de las responsabilidades
La explosión abrió otra
discusión: ¿estaba la empresa en regla? Mientras la ASEA señaló que la
transportista no había registrado sus pólizas de seguro, el Grupo Tomza
defendió que sí estaban vigentes. La Comisión Nacional de Energía, responsable
de supervisar permisos, también quedó bajo la lupa por no actualizar
expedientes ni garantizar que se cumplieran las obligaciones de seguridad.
“Si las autoridades hubieran revisado la vigencia de
los seguros, podrían haber revocado permisos antes de la tragedia”,
advirtió el abogado especialista en hidrocarburos Marco Téllez.
Fotografía 4. Ángulo alterno de la curva: la
vialidad no presenta pendiente, pero sí un trazo que obliga a giros bruscos y
aumenta el riesgo de volcadura.
El riesgo invisible: rutas Hazmat en la ciudad
La tragedia expuso otra deuda
mayor: la falta de corredores públicos y transparentes para el transporte de
materiales peligrosos en la CDMX.
- Hoy,
las empresas planifican rutas con autorización de la SICT y Protección
Civil, evitando zonas densamente pobladas, pero sin información pública
clara.
- Tras
el accidente, el gobierno capitalino anunció nuevos protocolos y horarios
más estrictos para pipas con materiales peligrosos.
- Sin
embargo, la práctica sigue siendo la misma: pipas circulan por vías como
Zaragoza, Circuito Interior y Periférico, compartiendo espacio con miles
de autos y peatones.
Colofón
La explosión del Puente de la
Concordia no fue producto de un bache aislado. Fue el resultado de una curva
cerrada, una pipa de 40 toneladas con un tanque de 50 mil litros, un exceso de
velocidad y un sistema regulatorio débil. La tragedia dejó claro que mientras
no haya rutas seguras y supervisión estricta, cada curva de la ciudad puede ser
una bomba de tiempo.
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