jueves, 11 de septiembre de 2025

 

INFRA ROJO

¿Estoy preparado?

19 de septiembre: más que un simulacro, una oportunidad de autoprotección

Por Jose Rafael Moya Saavedra

El estallido de una pipa de gas LP el pasado 10 de septiembre en Iztapalapa nos recordó, de la forma más dolorosa, que las emergencias no avisan y que las “bombas rodantes” siguen circulando en medio de nuestras ciudades. En cuestión de segundos, el fuego arrasó vehículos, comercios y dejó decenas de heridos graves. El caos en la movilidad, la suspensión del Metro y la angustia de familias enteras mostraron que la frontera entre la rutina y la tragedia puede cruzarse en un instante.

Frente a esto, el simulacro nacional no puede verse como un trámite administrativo ni como un ritual vacío que se repite cada septiembre. Es, en realidad, la ESCUELA DE LA AUTOPROTECCIÓN: ese principio fundamental que indica que cada persona, familia y comunidad es la primera línea de defensa antes de que llegue la ayuda institucional.

¿Qué entendemos por autoprotección ciudadana?

La autoprotección ciudadana se define como el conjunto de acciones que cada persona, familia o comunidad realiza “por sí mismo y para sí mismo” con el objetivo de prevenir, reducir y enfrentar riesgos, desde la vida cotidiana hasta la reacción inmediata en una emergencia, antes de que llegue la ayuda pública.

  • Implica preparar un plan familiar de emergencias, identificar rutas de evacuación, capacitarse en primeros auxilios, participar en simulacros y mantener una actitud preventiva en casa, la escuela, el trabajo y el espacio público.
  • No es un sustituto de la acción del Estado, sino una corresponsabilidad: el ciudadano se convierte en primer respondiente, mientras las autoridades conservan la obligación de regular, vigilar y atender emergencias de gran escala.

Autoprotección: más que una moda, un principio consolidado

La autoprotección ciudadana no es una moda reciente en políticas públicas, aunque en algunos momentos se la promocione más intensamente, ya sea tras un desastre o por coyunturas políticas. Se trata de un componente estructural de la Protección Civil moderna:

  • Es un deber ciudadano y, a la vez, un derecho.
  • Se convierte en un elemento clave para la resiliencia comunitaria.
  • Permite reducir vulnerabilidades en los primeros minutos de una emergencia, cuando más cuentan las reacciones inmediatas.

Del simulacro al riesgo real

Cuando participamos en un simulacro, muchas veces lo hacemos con cierta apatía: bajar las escaleras, salir al patio, esperar la señal de regreso. Pero el hecho de Iztapalapa muestra por qué importa practicar:

  • En un siniestro como el de la pipa, las personas que saben por dónde salir y cómo evacuar reaccionan más rápido.
  • Los comercios y escuelas que cuentan con brigadas improvisan menos y coordinan mejor.
  • Las familias con un plan de comunicación y punto de reunión sufren menos incertidumbre.

El simulacro es, entonces, un laboratorio donde se ensaya lo que puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte en una situación real.

Integrar la autoprotección en lo cotidiano

El reto está en que la autoprotección no se limite a un día al año. Para que sea efectiva, debe convertirse en un hábito comunitario y en un eje transversal de los planes municipales y escolares. Esto significa:

  1. Hacer diagnósticos participativos de riesgos en barrios y colonias.
  2. Promover campañas permanentes de difusión y capacitación en escuelas, empresas y familias.
  3. Organizar simulacros periódicos que no solo recuerden los sismos, sino también incendios, fugas de gas y riesgos cotidianos.
  4. Establecer protocolos claros y visibles para la ciudadanía, desde rutas de evacuación hasta mochilas de emergencia.
  5. Evaluar y mejorar continuamente lo aprendido, evitando que el simulacro se vuelva rutina vacía.

El equilibrio necesario

Es cierto: la autoprotección no debe convertirse en un pretexto para que el Estado se deslinde de su obligación. La corresponsabilidad implica equilibrio: ciudadanos preparados y autoridades que previenen, regulan y responden. El caso de la pipa de Iztapalapa evidencia que las instituciones deben vigilar, sancionar y regular con rigor a las empresas, mientras que la población debe estar lista para responder de inmediato.

Colofón

La autoprotección ciudadana no es un concepto teórico ni una moda pasajera. Es el cimiento de la resiliencia comunitaria. Cada simulacro es un recordatorio de que el riesgo es real y que la prevención salva vidas. La explosión de la pipa nos mostró el costo de los descuidos empresariales e institucionales; el simulacro, en cambio, nos da la oportunidad de ensayar nuestra mejor defensa: estar preparados.

La pregunta es simple pero decisiva: ¿estoy preparado? El próximo 19 de septiembre, la respuesta empieza en cada uno de nosotros.

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