INFRA ROJO
Pirotecnia en Tultepec: entre la chispa de la
tradición y la sombra del riesgo
Por Mtro. José Rafael Moya Saavedra
El 11 de junio de 2025, la
zona pirotécnica de La Saucera, en Tultepec, volvió a teñirse de humo y
luto. Una chispa accidental desató una cadena de explosiones que alcanzó 14
talleres, dejando dos víctimas mortales —el maestro artesano Alejandro
Cortés Urbán y su nieta Alejandra Sinay Cortés Reyes— además de nueve
lesionados.
Apenas tres días después, otra
explosión en un taller clandestino de Santa Isabel sumó más muertes y
evidenció la otra cara de la tradición: la persistencia de prácticas fuera de
norma.
La
tradición que duele
Tultepec es sinónimo de
pirotecnia. Sus festivales, ferias y artesanos han convertido la pólvora en
identidad cultural y sustento económico para miles de familias.
Pero cada año, la misma tradición que ilumina los cielos deja también luto en
los hogares. El precio humano es alto: entre 214 personas fallecidas y 856
lesionadas en el Estado de México por accidentes pirotécnicos en los
últimos años.
El costo
humano
- Vidas
truncadas: la pérdida de maestros artesanos no solo
golpea a las familias, también rompe la cadena de transmisión del
conocimiento tradicional.
- Impacto
psicológico: miedo, ansiedad y trauma colectivo tras
cada estallido.
- Efecto
económico: talleres destruidos, empleos
interrumpidos, familias sin ingresos.
- Estigmatización:
cada tragedia refuerza la imagen negativa de la comunidad, debilitando sus
esfuerzos de modernización.
Riesgos
persistentes
El análisis comparativo muestra dos tipos de
fallas:
- San
Pablito 2016 (fallas sistémicas):
Acumulación masiva de pólvora, ausencia de controles efectivos y saturación de un mercado lleno de compradores. El resultado fue una explosión en cadena con 42 muertos y más de 70 heridos. - La
Saucera 2025 (fallas operativas puntuales):
Error en la mezcla de compuestos inflamables dentro de un taller, que derivó en una reacción localizada pero letal. La causa principal fue el manejo inadecuado y la capacitación insuficiente, más que la acumulación masiva.
Ambos casos comparten un mismo trasfondo: la
supervisión deficiente y el incumplimiento de normas.
La diferencia entre talleres regulados y clandestinos es clara:
- Clandestinos:
concentran 40.8% de los accidentes. Sin permisos, sin condiciones
mínimas, con almacenamiento excesivo y químicos no certificados.
- Legales:
apenas 11.6% de los incidentes, gracias a inspecciones, distancias
reglamentarias, capacitación y materiales controlados.
El caso de 2025 demuestra que
incluso en zonas autorizadas, el riesgo nunca desaparece; pero en los
clandestinos, se multiplica.
🛠
Respuesta y prevención
Tras la explosión, las
autoridades implementaron protocolos de emergencia inmediatos: drones' para
evaluar daños, acordonamiento del área y traslado rápido de heridos. Sin
embargo, la respuesta sigue siendo reactiva más que anticipatoria.
Acciones anunciadas:
- Inspecciones
reforzadas en talleres y puntos de venta.
- Capacitación
obligatoria en manejo seguro de pólvora.
- Campañas
de sensibilización para erradicar la clandestinidad.
- Coordinación
interinstitucional con Sedena, Protección Civil y
Guardia Nacional.
Gestión
integral de riesgos
El caso Tultepec permite aplicar los marcos internacionales
de seguridad:
- ISO
31000: identificación de riesgos y medidas de control que
aún carecen de sistematización de lecciones aprendidas.
- Marco
de Sendai:
- Comprender
el riesgo: los talleres clandestinos siguen siendo
el principal foco.
- Gobernanza:
coordinación institucional mejorada, aunque la inclusión comunitaria es
limitada.
- Inversión
en resiliencia: avances en infraestructura, con rezagos
sociales.
- Reconstruir
mejor: talleres reconstruidos con mayor
seguridad, pero persistencia de malas práctica
Colofón
La tragedia de junio 2025 no
es un accidente aislado, sino parte de una historia recurrente.
Cada explosión en Tultepec recuerda lo mismo:
- La
tradición es vital, pero no puede estar por encima de la seguridad.
- Los
talleres clandestinos son el eslabón más débil y más letal.
- La
gestión de riesgos debe dejar de ser respuesta y convertirse en
anticipación.
La lección es clara: regularizar, capacitar y fortalecer
la resiliencia comunitaria es tan urgente como preservar la tradición
pirotécnica.
De lo contrario, cada chispa seguirá siendo un riesgo de luto colectivo.
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