jueves, 30 de octubre de 2025

 

INFRA ROJO

Minsa, Maseca y la hambruna que germinó bajo la Cuarta Transformación

Crónica del colapso del maíz mexicano: entre los discursos de autosuficiencia y la dependencia que alimenta la desigualdad

Por Jose Rafael Moya Saavedra

En 2025, el maíz mexicano —símbolo nacional y sustento de millones— atraviesa una crisis que revela la fragilidad del campo, la concentración industrial y el fracaso de las políticas de apoyo. Mientras las grandes agroindustrias multiplican sus ganancias, los productores pierden su tierra y el país su soberanía alimentaria.

I. Amanecer sobre la milpa vacía

        El sol apenas asoma sobre los surcos secos de Guasave. Manuel Ortega, de 63 años, mira su parcela como quien observa una herida abierta. “Antes el maíz era vida. Hoy es deuda”, dice mientras aplasta entre los dedos una mazorca pequeña, amarillenta.

No sembró este año: la tonelada se paga en 3 200 pesos, y producirla cuesta casi el doble.

En Sinaloa, Chihuahua y Zacatecas, miles de productores hicieron lo mismo. Dejaron descansar la tierra, o tal vez la abandonaron.

La sequía, el aumento de los insumos y la caída internacional del precio del maíz han puesto al campo mexicano contra la pared.

Las carreteras se llenan de tractores y pancartas; los pueblos, de conversaciones amargas.

El maíz —la raíz de México, su símbolo y su alimento— atraviesa la peor crisis de su historia moderna.

II. Los hilos invisibles del mercado

La historia empieza lejos, en los tableros electrónicos de la Bolsa de Chicago. Ahí, los futuros del maíz se desplomaron más del 50 % desde 2022. Estados Unidos, Brasil y Ucrania produjeron volúmenes récord, inundando el mercado mundial.

México, por el T-MEC, fija su precio interno según esas cotizaciones. El resultado: los agricultores mexicanos venden su grano con precios dictados por el norte, pero con costos mucho más altos.

“Nos dicen que el mercado es libre —explica un productor del Bajío—, pero libre solo para perder.”

La sobreoferta mundial y la apreciación del peso frente al dólar abarataron las importaciones.
        El 99 % del maíz que México compra proviene de Estados Unidos, y más del 90 % de ese grano es transgénico. Ironía cruel: el país que domesticó el maíz depende ahora del maíz modificado de su vecino.

III. La tormenta climática

A la tormenta económica se sumó la ambiental. El cambio climático redujo lluvias y secó canales de riego. Los campos de Sinaloa, antes verdes y ordenados, se transformaron en espejos de polvo. Los rendimientos cayeron hasta un 40 %. El maíz —tan resistente en la cosmovisión ancestral— se volvió frágil ante la realidad del siglo XXI.

Sin financiamiento ni seguros agrícolas, los productores quedaron a la intemperie.
La desaparición de la Financiera Nacional de Desarrollo fue un golpe invisible, pero letal: sin crédito, no hay siembra; sin siembra, no hay país.

IV. El mapa del poder: quién gana con la crisis

El maíz mexicano tiene dueño, y no está en el campo. Empresas como Maseca (Gruma), Minsa y Cargill controlan casi el 87 % de las compras nacionales. Imponen precios, plazos y condiciones. Compran a bajo costo, procesan y venden con márgenes de hasta 200 %.

Entre el productor y el consumidor se abre un abismo donde desaparece el dinero y florecen los intermediarios.

Los “coyotes” recorren los pueblos ofreciendo pagos inmediatos: compran barato el grano, lo almacenan y lo revenden caro. Para muchos campesinos, venderles es la única opción para sobrevivir.

“Nosotros sembramos el maíz, pero ellos cosechan el dinero”, dice una productora de Zacatecas.

        La tortilla no baja de precio. El kilo se mantiene arriba de 22 pesos, aunque el productor reciba menos que nunca. La ecuación es simple: al consumidor le cuesta más; al campesino, le deja menos.

V. El campo que protesta

En el norte, los tractores bloquean autopistas. En el sur, las comunidades indígenas realizan marchas silenciosas con mazorcas secas en las manos. Piden algo que suena elemental: un precio de garantía justo, que cubra el costo real de producción.

El gobierno federal respondió con mesas de diálogo, apoyos directos y créditos blandos. También anunció en octubre de 2025 la creación del Sistema Mexicano de Ordenamiento de Mercado y Comercialización del Maíz, una plataforma que busca establecer precios de referencia antes de la siembra y promover ventas directas entre productores e industria.

Sobre el papel, el sistema promete ordenar el caos. En la práctica, las negociaciones avanzan lento y los campesinos no ven resultados.

“Nos piden paciencia”, dice un líder agrario de Nayarit, “pero la tierra no espera.”

VI. Dependencia estructural y vulnerabilidad

México importa tanto maíz como el que produce. En los últimos treinta años, la autosuficiencia alimentaria cayó del 72 % al 42 %. El país es hoy más dependiente que nunca del grano extranjero.
            Y esa dependencia es un riesgo estratégico: una disputa comercial, una sequía en el Medio Oeste estadounidense o una devaluación podría poner al país en jaque alimentario.

              Además, casi todo el maíz importado es transgénico amarillo, destinado a la ganadería y la industria, pero con trazabilidad limitada.

Nadie puede asegurar que no termine en la cadena de consumo humano.
La frontera entre lo permitido y lo real es tan porosa como la que divide las economías de ambos países.

VII. Los rostros del desequilibrio

Mientras el pequeño productor vende con pérdidas, las grandes agroindustrias reportan ganancias récord en sus estados financieros. Mientras un campesino en Zacatecas deja la tierra, una empresa exportadora acumula inventarios para revenderlos con el doble de margen.

El maíz, que alguna vez fue el eje de una cultura comunitaria, hoy reproduce la desigualdad: unos pocos ganan mucho; millones pierden todo.

“La tragedia no es que el maíz haya perdido valor”, comenta un académico del Colegio de Postgraduados, “sino que perdió justicia.”

VIII. Escenarios del porvenir

Los expertos visualizan tres caminos posibles:

  1. La continuidad: seguir atados a la Bolsa de Chicago y al libre mercado, con más importaciones y menos producción local.
  2. La intervención regulatoria efectiva: consolidar el nuevo sistema de comercialización, con precios de referencia y control sobre intermediarios.
  3. La reforma estructural: reactivar la banca rural, invertir en tecnificación sustentable y crear un esquema nacional de precios de garantía basado en productividad real y justicia social.

Sin estas medidas, advierten, el país seguirá caminando sobre un campo de incertidumbre,
sembrando maíz y cosechando dependencia.

IX. Colofón: la semilla que resiste

En la comunidad de San Miguel del Monte, en Michoacán, un grupo de mujeres guarda semillas criollas en frascos de vidrio. Las cuidan como quien custodia la memoria. No reciben subsidios ni créditos, pero cada año siembran lo que llaman “el maíz del alma”.

        “Si dejamos de sembrarlo, nos morimos por dentro”, dice doña Estela, levantando una mazorca roja brillante.

En esa imagen —la semilla en la mano de una mujer que no se rinde— cabe toda la paradoja de México: un país que alimentó al mundo, pero que hoy lucha por no perder su propio alimento.

El futuro del maíz no solo se juega en los mercados o en las leyes. Se juega en la tierra, en la fe y en la voluntad de quienes aún creen que sembrar es un acto de resistencia.

2 comentarios:

  1. Lamentable la situación de nuestro campo. Tantas promesas de apoyo y de "dineros" etiquetados para esta causa. Pero ¿A dónde llega? ¿O en qué bolsillos se está quedando?

    Y aún así, la deuda nacional sigue en aumento!

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