miércoles, 18 de febrero de 2026

 


INFRA ROJO |Serie:  Calor extremo 2026 (1)

La temporada que dejó de ser excepción

INFRA ROJO · Entrega 1

QUÉ | Marzo dejó de ser primavera en la Ciudad de México

Por Jose Rafael Moya Saavedra

A las siete de la mañana, la Ciudad de México todavía engaña.

En Coyoacán, en la Narvarte, en Toluca o en Neza, la gente sale con su rutina intacta: chamarra ligera, café en vaso térmico, el pensamiento puesto en el tráfico y no en el clima. Marzo siempre fue así. El último respiro antes del calor “de verdad”. Una tregua entre el frío que se va y las lluvias que algún día llegarán.

Pero a las once la ciudad empieza a cambiar de piel.

El sol cae vertical sobre el Valle de México. No hay nubes, no hay viento. El aire se vuelve denso. El asfalto del Periférico, de Insurgentes, de la México–Toluca, empieza a devolver el calor como si la ciudad respirara hacia afuera. El trayecto que normalmente se soporta se vuelve pesado. La cabeza duele. El cuerpo se cansa antes. Nadie habla de emergencia, pero la incomodidad se vuelve colectiva.

Eso es lo que trae marzo 2026 a la CDMX: no un golpe súbito, sino una tensión que se instala.

Durante décadas pensamos el calor como un problema del verano, de mayo o de junio. Marzo era transición. Un mes noble. Hoy ya no. Marzo se ha convertido en el punto donde el sistema urbano empieza a crujir sin hacer ruido.

En la Ciudad de México el calor no actúa solo. Aquí se mezcla con todo:

  • con la contaminación que se cocina al mediodía,
  • con la falta de viento que encierra el aire sucio en la cuenca,
  • con la presión sobre el transporte, la electricidad y los hospitales,
  • con millones de personas obligadas a seguir funcionando como si nada pasara.

El calor en la CDMX no se vive, se administra mal.

A diferencia de otras regiones, aquí las temperaturas no siempre rompen récords espectaculares. No hacen falta 45 grados para que el riesgo aparezca. Basta con varios días consecutivos arriba de 28 o 30 grados, con radiación intensa y cielo limpio, para que la ciudad entre en modo frágil.

El ozono sube.
Las contingencias ambientales se asoman.
Las actividades físicas al aire libre se vuelven peligrosas, aunque nadie las suspenda.
Los hospitales empiezan a ver más consultas por deshidratación, presión alta, fatiga extrema.

Y todo eso ocurre sin una narrativa de riesgo clara.

Porque marzo no suena a emergencia.
Porque la primavera sigue apareciendo en el calendario.
Porque el calor todavía se confunde con “buen clima”.

Ahí está el error.

Marzo 2026 se perfila como un mes bisagra para el Valle de México: el momento en que el invierno se retira de golpe y el calor se instala antes de que la ciudad esté preparada para gestionarlo. No es solo un cambio de temperatura; es un cambio de régimen.

Las mañanas frescas engañan.
El mediodía castiga.
La tarde acumula.
La noche no alcanza a disipar.

Y mientras tanto, la ciudad sigue operando al límite: escuelas abiertas, obras en marcha, jornadas laborales intactas, tráfico interminable, parques llenos, vendedores en la calle bajo el sol directo. El riesgo se reparte de manera desigual, pero se construye de forma colectiva.

Infra Rojo no habla de un colapso inmediato. Habla de algo más incómodo: de cómo la Ciudad de México se está acostumbrando a funcionar cada vez más cerca del punto de falla.

Marzo ya no es el mes amable que recordábamos.
Es el aviso temprano de una temporada larga, seca y exigente.
Una advertencia que, si se ignora, reaparece más adelante en forma de contingencia, incendio, apagón o saturación hospitalaria.

En la CDMX, el calor no grita.
Se filtra.

Y cuando por fin se reconoce como problema, ya lleva semanas trabajando en silencio.

 

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