lunes, 4 de mayo de 2026

 

INFRA ROJO

El día que tembló antes del simulacro... y el sistema no estaba listo

México entre la alerta y la ausencia de prevención

Por Jose Rafael Moya Saavedra

I. Crónica de un ensayo involuntario

A días del simulacro nacional, la naturaleza decidió adelantarse al libreto oficial.

La mañana del 4 de mayo, a las 9:19 horas, un sismo de magnitud 5.6 con epicentro en la costa de Oaxaca activó las alertas en altavoces de varias ciudades, entre ellas la Ciudad de México. La reacción fue la de siempre: evacuaciones ordenadas, oficinas desalojadas, gente en las calles mirando hacia arriba como intentando confirmar que el movimiento había sido real.

Pero esta vez hubo un silencio distinto.

Millones de teléfonos celulares, que en la narrativa reciente forman parte del nuevo "escudo tecnológico" frente a los sismos, no emitieron ninguna alerta. Mientras los altavoces repetían el mensaje, los dispositivos personales —convertidos ya en una extensión de la percepción del riesgo— permanecieron mudos.

El episodio fue, en los hechos, un simulacro no planeado. Un ensayo general involuntario del Primer Simulacro Nacional 2026.

Y lo que dejó ver fue algo más que una falla técnica: mostró hasta qué punto la política sísmica mexicana ha reducido la prevención a un sonido que, como hoy, puede no llegar.

II. La explicación oficial... y la paradoja

La explicación llegó rápido.

La Agencia de Transformación Digital informó que la plataforma de alertamiento en celulares se encontraba en "mantenimiento rápido" como parte de la preparación del simulacro del 6 de mayo, y por eso no se envió la alerta al sismo real.

Es decir: mientras el país se preparaba para probar el sistema,el sistema estaba parcialmente fuera de operación.

No es solo una paradoja técnica; es una decisión política.

Porque en un país sísmico, la continuidad del alertamiento no es opcional: es una condición mínima de seguridad.

Todo sistema puede fallar. El error no es la falla misma, sino haber diseñado la protección como si nunca fuera a fallar.

III. El problema no es la falla... es la dependencia

Aquí aparece el núcleo del problema: México ha construido una cultura de alerta, pero no una cultura de prevención.

La diferencia es profunda.

La cultura de alerta funciona así:

  • suena → reacciono
  • No suena → no pasa nada
  • falla → "el sistema no sirve"

La cultura de prevención implicaría algo distinto:

  • entender el riesgo
  • reducir vulnerabilidades
  • prepararse incluso sin aviso

Lo ocurrió el 4 de mayo demuestra que hemos apostado por lo primero.

Y eso nos deja expuestos.

El día que la señal no llega, lo único que nos sostiene es lo que hayamos construido antes: edificios mejor hechos, organización, memoria, acuerdos mínimos sobre qué hacer cuando la tecnología no responde.

IV. El marco normativo: lo que dice el papel

Desde el punto de vista institucional, el país no carece de herramientas.

La Ley General de Protección Civil establece con claridad que la gestión del riesgo debe ser:

  • Integral
  • preventiva
  • orientada a la reducción de vulnerabilidades

El Marco de Sendai (2015–2030) —suscrito por México— es todavía más explícito: la prioridad no es reaccionar mejor cuando ya ocurrió el desastre, sino reducir el riesgo antes de que ocurra.

En el ámbito laboral, normas como la NOM-001-STPS-2008 (condiciones de seguridad en centros de trabajo) obligan a:

  • identificar riesgos
  • fortalecer estructuras
  • capacitar al personal

Y se suman otras normas de seguridad que insisten en lo mismo: no depender solo de una señal de emergencia, sino transformar las condiciones que vuelven vulnerables los espacios de trabajo.

Ninguna de estas normas coloca la alerta como eje del sistema.

Sin embargo, en la práctica, eso es exactamente lo que ha ocurrido.

V. El simulacro como ritual de Estado

El simulacro nacional debería ser una herramienta de aprendizaje.

Pero en muchos casos se ha convertido en otra cosa:

  • un evento mediático
  • una coreografía institucional
  • un indicador de participación, no de resiliencia

Se mide:

  • Cuántas Personas Evacuaron
  • cuánto tiempo tardaron
  • cuántos altavoces funcionaron

Pero no se mide:

  • qué edificios siguen siendo vulnerables
  • qué rutas de evacuación son inviables
  • qué protocolos fallan en condiciones reales

El resultado es un fenómeno conocido: simulación sin transformación.

No se trata de desechar el simulacro. Ha salvado vidas, ha instalado reflejos útiles y ha obligado a muchas instituciones a pensar, al menos un día al año, en el tema.

El problema es conformarse con la coreografía sin intervenir en las condiciones que harán mortal al siguiente sismo.

VI. Tres capas de vulnerabilidad expuestas

El sismo del 4 de mayo dejó ver tres niveles de fragilidad:

1. Técnica

Un sistema de alerta que puede quedar parcialmente inhabilitado por mantenimiento, sin garantías claras de redundancia operativa.

2. Política

Una discusión centrada en el símbolo —la "alerta presidencial", el mensaje, el volumen— más que en la eficacia del sistema.

3. Pedagógica

Una ciudadanía entrenada para evacuar... pero no para comprender el riesgo.

Es la escena cotidiana: oficinas que realizan un simulacro impecable en edificios con grietas visibles; escuelas con rutas de evacuación pintadas en el piso, pero bardas inestables; mercados con salidas marcadas y pasillos saturados.

La forma se cumple, el fondo permanece igual.

VII. El riesgo de una ciudadanía espectadora

El modelo actual genera una lógica peligrosa:

  • la gente espera la señal
  • actúa durante unos minutos
  • regresa a la normalidad
  • olvida

Sin ello:

  • Organización Vecinal Sostenida
  • memoria operativa del riesgo
  • Exigencia estructural al Estado

Y eso es crítico.

Porque los desastres no ocurren por el sismo... ocurren por la vulnerabilidad.

Mientras la conversación pública gire solo alrededor de si sonó o no sonó la alerta, seguirán quedando fuera las preguntas incómodas:
¿en qué condiciones están nuestros edificios?,
¿quién supervisa que las normas se cumplan?,
¿qué rutas tenemos para denunciar un riesgo antes de que se convierta en tragedia?

VIII. La lección incómoda

El 4 de mayo no fue un gran sismo.

Fue algo más revelador: un espejo.

Un momento en el que la naturaleza interrumpió el guion institucional y mostró el sistema tal como es.

Y lo que mostró es incómodo:

·       No falló la tierra.

·       Falló la forma en que decidimos prepararnos para cuando se mueva.

Cierre

México seguirá temblando.

Eso es inevitable.

Lo que no debería ser inevitable es que la protección dependa de una señal.

Porque el día que esa señal no llegue —como ocurrió parcialmente hoy—  lo único que quedará será lo que se haya construido antes.

Y hoy, esa construcción sigue siendo insuficiente.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

  INFRA ROJO El día que tembló antes del simulacro... y el sistema no estaba listo México entre la alerta y la ausencia de prevención Por Jo...