INFRA ROJO ... Crónica
La gestión de riesgos no es un discurso, es
corresponsabilidad
Diez años de Radio Epicentro y el llamado de Myriam Urzúa
Por Jose Rafael Moya Saavedra
El 19 de septiembre de 1985 la
Ciudad de México amaneció herida. Miles de vidas se perdieron, edificios
enteros colapsaron y la respuesta gubernamental fue tan insuficiente como
dolorosa. Pero de esas ruinas nació algo más que una política: nació la conciencia
ciudadana y el germen de la protección civil moderna.
Treinta y dos años después, en
2017, el sismo volvió a sacudir no solo estructuras, sino memorias. Teníamos
alertas, simulacros y brigadas, pero otra vez vimos escuelas y viviendas
colapsadas. El saldo fue doloroso, pero también revelador: la sociedad civil
había aprendido a organizarse, a responder en minutos, a no esperar todo del
Estado.
Hoy, en 2025, la narrativa
busca ser distinta. En la conmemoración de los diez años de Radio Epicentro,
la arquitecta Myriam Urzúa, titular de Gestión Integral de Riesgos y
Protección Civil de la CDMX, recordó que la capital pasó en la administración
2018–2024 de un enfoque reactivo a uno preventivo. Ahí están los números: un Atlas
de Riesgos con más de 150 millones de consultas, un Sistema de Alerta
Temprana Múltiple, protocolos claros, brigadas comunitarias y más de 1.1
millones de personas capacitadas. La gestión integral de riesgos se volvió,
por primera vez, un eje de gobierno.
Pero más allá de cifras y
plataformas, Urzúa subrayó algo esencial: la comunicación responsable. Alertar
sin información precisa puede provocar crisis sociales y económicas. Comunicar
con rigor, ética y transparencia no es tarea exclusiva de las autoridades: es
un compromiso compartido. Por eso felicitó a Radio Epicentro, que durante una
década ha demostrado que informar sobre riesgos es también educar, formar y
preparar a la ciudadanía.
En este recorrido —1985, 2017,
2025— queda clara una lección: la gestión de riesgos no es exclusiva del
gobierno, ni de una secretaría, ni de un sistema. La gestión de riesgos
somos todos. Porque en cada decisión —reforzar un techo, atender una
alerta, participar en una brigada o difundir un mensaje responsable— se juega
la diferencia entre el desastre y la resiliencia.
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