INFRA ROJO
El impuesto al trabajo: la nueva línea roja fiscal
Por José Rafael Moya Saavedra
Lo que está ocurriendo en varios
estados del país no es un simple ajuste tributario ni una discusión técnica
sobre finanzas públicas. Es el arranque de una rebelión empresarial estatal
frente a una forma de recaudar que decidió cargar el costo del gobierno directamente
sobre el empleo formal, y hacerlo, además, sin diálogo político.
El Impuesto Sobre Nómina
(ISN) se ha convertido en el instrumento favorito de los gobiernos
estatales para compensar deuda, gasto creciente y falta de ingresos federales.
No porque sea el más justo, sino porque es el más fácil: se cobra de inmediato,
es difícil de evadir y recae sobre quienes ya cumplen. El problema es que no
grava utilidades ni riqueza, grava el trabajo.
Cuando el impuesto castiga al empleo
A diferencia de otros gravámenes,
el ISN no distingue si una empresa gana o pierde. Cada punto
porcentual adicional encarece cada puesto de trabajo formal, golpea
primero a las MiPyMEs y termina premiando, de manera indirecta, a la
informalidad que no lo paga.
En Yucatán, casi 200 empresarios
de 17 organismos —que aseguran representar alrededor del 95% del PIB estatal—
se reunieron para rechazar un aumento al ISN que califican como
un abuso recaudatorio, advirtiendo además sobre una deuda estatal que
consideran desbordada. El alza propuesta equivale a un incremento cercano al
40% de la tasa, con un impacto directo en contratación, costos operativos y
planes de inversión, especialmente en comercio y servicios.
En Nuevo León, cámaras como Coparmex
y Caintra se levantaron contra un incremento de alrededor del 33% al ISN.
El argumento fue claro: subir el impuesto al trabajo frenaría inversión y
empleo en uno de los estados más industrializados del país. La presión fue tal
que el gobierno estatal tuvo que anunciar la reversión del alza,
manteniendo la tasa por debajo del 3%.
En Quintana Roo, aunque el debate
se da en un entorno distinto, el patrón se repite: inconformidad empresarial
por el uso del ISN y otros cobros para financiar endeudamiento y
megaproyectos locales, con escasa claridad sobre el impacto real en empleo y
competitividad.
El problema no es solo cuánto, sino cómo
El punto de quiebre no es únicamente la tasa. Es el cero
diálogo.
En Yucatán, el Consejo
Coordinador Empresarial denunció que el aumento al ISN se planteó sin
consulta previa, afectando a quienes apuestan por la formalidad mientras la
informalidad permanece intacta. En Nuevo León, aunque se lograron mesas con
partidos y se frenó el alza, persiste la percepción de que las decisiones
fiscales se toman de manera unilateral, trasladando cargas sin certidumbre.
Organismos nacionales como Coparmex
advierten un patrón preocupante: más presión recaudatoria estatal, casi ninguna
compensación en servicios, seguridad o facilidades administrativas, y procesos
de negociación cortos, reactivos y opacos.
El mensaje que reciben las
empresas es claro: pagar más sin saber para qué, y sin participar en la
decisión.
Nuevo León: cuando el impuesto toca fondo político
El caso de Nuevo León es
revelador porque muestra que el ISN sí tiene límite político
cuando se toca directamente al empleo.
Ahí confluyeron tres factores:
- unidad
real de organismos empresariales,
- una
narrativa centrada en competitividad y empleo,
- y
presión pública que elevó el costo político del aumento.
No se trató solo de protestar. El
empresariado documentó el impacto, llevó el tema a medios, se sentó con el
Congreso y el Ejecutivo y forzó una negociación real. El resultado fue una
marcha atrás. La lección es incómoda para otros estados: cuando el impuesto
castiga al trabajo y hay articulación, el gobierno retrocede.
El acoso fiscal como telón de fondo
Aunque el ISN es el
corazón del conflicto, no actúa solo. En varios estados, el aumento o intento
de aumento al impuesto al trabajo viene acompañado de alzas al predial, derechos turísticos, impuestos
ambientales y mayores cargas administrativas.
El patrón es claro: cuando subir el ISN genera resistencia, se
buscan vías paralelas para recaudar.
El efecto agregado es el mismo:
operar formalmente es cada vez más caro. No es una política de desarrollo; es recaudación
por saturación.
Gobierno voraz, diálogo ausente
El problema de fondo no es que los estados recauden. Es cómo
lo hacen.
No estamos frente a estados
pobres, sino frente a gobiernos que eligen el camino políticamente más
sencillo: cobrarle al trabajo formal, el único que no puede esconderse,
mientras la evasión, la informalidad y el gasto ineficiente siguen sin tocarse.
Subir el impuesto al trabajo sin
diálogo, sin evaluación de impacto laboral y sin transparencia sobre el uso de
los recursos no es una política fiscal responsable. Es trasladar el costo del
mal gobierno a quienes todavía sostienen la economía formal.
Colofón
El impuesto al trabajo se ha
convertido en el atajo fiscal de los gobiernos estatales.
Pero no hay recaudación sostenible si se castiga al empleo formal y se rompe el
diálogo.
Cuando el Estado decide financiarse gravando al trabajo —no a la evasión, no a
la informalidad, no al despilfarro—, no fortalece sus finanzas: erosiona su
futuro, debilita la inversión y pone en riesgo la estabilidad de miles de
empleos que todavía sostienen la economía formal.
Referencias
Confederación Patronal de la República Mexicana. (2024).
Posicionamiento sobre el incremento al Impuesto Sobre Nómina y su impacto en
el empleo formal. Coparmex.
Confederación Patronal de la República Mexicana. (2025).
Diagnóstico nacional sobre presión fiscal estatal y competitividad.
Coparmex.
Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2025).
Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE): Resultados trimestrales.
INEGI.
Instituto Mexicano para la Competitividad. (2024). Índice
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Secretaría de Hacienda y Crédito Público. (2024). Finanzas
públicas estatales y municipales. Gobierno de México.
Organización
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Banco
Mundial. (2022). Subnational
taxation and economic growth: Evidence from emerging economies. World
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Centro de Investigación Económica y Presupuestaria.
(2024). Deuda subnacional y riesgos fiscales en México. CIEP.
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Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económicos. (2023). Taxing Wages 2023. OCDE.
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