INFRA ROJO
MILITARIZAR LA EMERGENCIA: El costo humano de cerrar el
paso a la ayuda en España y México
(DANA – Otis – Poza Rica)
Por Jose Rafael Moya Saavedra
Introducción
Hay desastres naturales que
desnudan vulnerabilidades físicas, pero también hay emergencias que revelan
algo más profundo: fallas estructurales en la gobernanza del riesgo y una
peligrosa tendencia a militarizar lo que debería ser un proceso civil,
humanitario y coordinado.
La DANA en España (2023), el
huracán Otis en Acapulco (2023) y las inundaciones recurrentes en Poza Rica
comparten un mismo hilo conductor: cuando el Estado entrega a los militares
el control total de la emergencia, la ayuda se ralentiza, la ciudadanía queda
aislada y la vida humana entra en su ciclo más vulnerable.
Estos tres eventos, separados por
miles de kilómetros y marcos políticos distintos, reproducen un patrón
inquietante: el Ejército —sea la UME en España o SEDENA en México—
privilegia el control del territorio por encima de la urgencia humanitaria.
Y cuando la seguridad se impone
sobre la vida, el desastre se convierte en desastre de Estado.
I. Militarización: el punto ciego de la gestión del
riesgo
La lógica militar nunca fue
diseñada para operar bajo principios humanitarios. Su misión es el orden, el
control, la disciplina; no la apertura, la flexibilidad, la cooperación con
voluntarios, ONG, redes comunitarias o actores espontáneos.
Aun así, gobiernos de distintas
latitudes recurren a ella cuando la emergencia supera su capacidad inmediata de
respuesta.
Esta decisión crea un punto ciego devastador:
- El
Ejército toma el control del territorio.
- Desplaza
a Protección Civil.
- Bloquea
o filtra la ayuda “no oficial”.
- Centraliza
la distribución.
- Aumenta
el tiempo en que la población permanece sin asistencia.
Las 48 horas más importantes para
salvar vidas se pierden en retenes, protocolos y narrativas de seguridad.
II. DANA en España: la seguridad primero, la ayuda
después
En la DANA que afectó España
—Madrid, Toledo, Valencia— la UME asumió control absoluto de zonas
inundadas.
Las autoridades alegaron “riesgo de derrumbes” y
“inseguridad en accesos”, pero el efecto fue claro:
- ONG
y voluntarios quedaron fuera de las zonas críticas.
- Bombas
de achique y maquinaria especializada se retrasaron.
- Municipalidades
denunciaron falta de coordinación y un exceso de centralización.
El discurso oficial sostuvo que
se actuaba “por seguridad”.
Pero para miles de personas, el
mensaje fue otro: la ayuda no llegaba porque los militares no la dejaban
pasar.
III. Otis en Acapulco: militarización total y aislamiento
humano
Acapulco vivió una de las
emergencias más brutales de la historia reciente del país. Y en vez de abrir
corredores humanitarios, el Estado mexicano optó por cerrar la ciudad bajo la
lógica del orden militar.
Los testimonios coinciden:
- Retenes
que bloqueaban convoyes ciudadanos.
- Ayuda
decomisada o retenida.
- Filtrado
de víveres solo para distribución oficial.
- Comunidades
enteras tres días sin agua, comida ni atención médica.
La justificación fue siempre la
misma: evitar saqueos, mantener el control, prevenir el
desorden.
Pero el precio humano fue
altísimo: Acapulco quedó aislado precisamente cuando más necesitaba estar
abierto al mundo.
IV. Poza Rica: militarización cotidiana, desastre
recurrente
A diferencia de Acapulco o la
DANA, Poza Rica no enfrentó un megadesastre de titulares internacionales.
Y eso lo vuelve aún más
significativo.
En inundaciones de 1999, 2010 y 2020–22 se documentaron:
- Retenes
militares.
- Bloqueo
o retraso de ayuda ciudadana.
- Protección
Civil municipal rebasada o subordinada.
- Distribución
exclusivamente militarizada.
- Argumentos
de “seguridad” que justificaron la centralización.
Poza Rica demuestra que este
fenómeno no es excepcional, sino sistémico en México: cuando el
Ejército entra, la ayuda civil queda vigilada, condicionada o detenida.
V. Cuadro comparativo: el patrón compartido
|
Criterio |
DANA – España |
Otis – Acapulco |
Poza Rica (inundaciones) |
|
Actor militar |
UME |
SEDENA / Marina |
SEDENA |
|
Tipo de control |
Territorio y accesos |
Total del territorio |
Accesos y zonas críticas |
|
Efecto en ayuda |
ONG y voluntarios limitados |
Convoyes bloqueados o decomisados |
Ayuda filtrada o retrasada |
|
Justificación oficial |
Seguridad técnica |
Evitar saqueos |
Evitar desorden |
|
Papel de Protección Civil |
Subordinada |
Minimizada |
Subordinada |
|
Tiempo crítico sin ayuda |
Horas clave |
48–72 horas |
24–48 horas |
|
Consecuencia social |
Aislamiento territorial |
Crisis humanitaria |
Comunidades desabastecidas |
|
Patrón coincidente |
Militarización y bloqueo |
Militarización y bloqueo |
Militarización y bloqueo |
VI. El punto de quiebre: cuando la seguridad desplaza la
humanidad
Los tres casos revelan una
conclusión ineludible: Cuando la gestión de la emergencia se subordina a la
lógica militar, la vida humana deja de ser la prioridad.
El enfoque securitario transforma
una emergencia civil en un problema de control territorial.
Y en esa operación simbólica —y práctica— se pierde lo más importante:
- La
velocidad.
- La
solidaridad.
- La
cooperación ciudadana.
- La
protección de vidas.
La militarización convierte la
emergencia en un territorio cerrado en lugar de un territorio asistido.
VII. Hacia una gobernanza civil de los desastres
Lo que muestran DANA, Otis y Poza
Rica es una verdad incómoda: la gestión militarizada del riesgo no salva
vidas, las demora.
El camino debe ser exactamente el contrario:
- Protección
Civil fuerte, no subordinada.
- Corredores
humanitarios abiertos.
- APP
y sector social apoyando alerta temprana, logística y distribución.
- El
Ejército como apoyo, no como mando.
México y España tienen
capacidades técnicas, voluntariado, organizaciones civiles, infraestructura y
redes humanitarias que podrían actuar con eficiencia si no fueran desplazadas
por la lógica del control militar.
Colofon
DANA, Otis y Poza Rica no son
historias aisladas: son capítulos de un mismo libro sobre gobernanza fallida
del riesgo y militarización impropia de la emergencia.
La coincidencia es clara: El
Ejército bloqueó, retrasó o condicionó la llegada de ayuda en los tres casos.
Y el resultado también: Las
comunidades afectadas pagaron el precio del control con horas, días y vidas sin
asistencia.
El reto para los gobiernos
modernos es abandonar el reflejo militarista y construir modelos donde la
gestión civil del riesgo vuelva a ocupar su lugar natural: al frente,
coordinando, previniendo y salvando vidas —no detrás de retenes, permisos o
fusiles.
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