martes, 2 de diciembre de 2025

 

INFRA ROJO

MILITARIZAR LA EMERGENCIA: El costo humano de cerrar el paso a la ayuda en España y México
(DANA – Otis – Poza Rica)

Por Jose Rafael Moya Saavedra

Introducción

Hay desastres naturales que desnudan vulnerabilidades físicas, pero también hay emergencias que revelan algo más profundo: fallas estructurales en la gobernanza del riesgo y una peligrosa tendencia a militarizar lo que debería ser un proceso civil, humanitario y coordinado.

La DANA en España (2023), el huracán Otis en Acapulco (2023) y las inundaciones recurrentes en Poza Rica comparten un mismo hilo conductor: cuando el Estado entrega a los militares el control total de la emergencia, la ayuda se ralentiza, la ciudadanía queda aislada y la vida humana entra en su ciclo más vulnerable.

Estos tres eventos, separados por miles de kilómetros y marcos políticos distintos, reproducen un patrón inquietante: el Ejército —sea la UME en España o SEDENA en México— privilegia el control del territorio por encima de la urgencia humanitaria.

Y cuando la seguridad se impone sobre la vida, el desastre se convierte en desastre de Estado.

I. Militarización: el punto ciego de la gestión del riesgo

La lógica militar nunca fue diseñada para operar bajo principios humanitarios. Su misión es el orden, el control, la disciplina; no la apertura, la flexibilidad, la cooperación con voluntarios, ONG, redes comunitarias o actores espontáneos.

Aun así, gobiernos de distintas latitudes recurren a ella cuando la emergencia supera su capacidad inmediata de respuesta.

Esta decisión crea un punto ciego devastador:

  1. El Ejército toma el control del territorio.
  2. Desplaza a Protección Civil.
  3. Bloquea o filtra la ayuda “no oficial”.
  4. Centraliza la distribución.
  5. Aumenta el tiempo en que la población permanece sin asistencia.

Las 48 horas más importantes para salvar vidas se pierden en retenes, protocolos y narrativas de seguridad.

II. DANA en España: la seguridad primero, la ayuda después

En la DANA que afectó España —Madrid, Toledo, Valencia— la UME asumió control absoluto de zonas inundadas.

Las autoridades alegaron “riesgo de derrumbes” y “inseguridad en accesos”, pero el efecto fue claro:

  • ONG y voluntarios quedaron fuera de las zonas críticas.
  • Bombas de achique y maquinaria especializada se retrasaron.
  • Municipalidades denunciaron falta de coordinación y un exceso de centralización.

El discurso oficial sostuvo que se actuaba “por seguridad”.

Pero para miles de personas, el mensaje fue otro: la ayuda no llegaba porque los militares no la dejaban pasar.

III. Otis en Acapulco: militarización total y aislamiento humano

Acapulco vivió una de las emergencias más brutales de la historia reciente del país. Y en vez de abrir corredores humanitarios, el Estado mexicano optó por cerrar la ciudad bajo la lógica del orden militar.

Los testimonios coinciden:

  • Retenes que bloqueaban convoyes ciudadanos.
  • Ayuda decomisada o retenida.
  • Filtrado de víveres solo para distribución oficial.
  • Comunidades enteras tres días sin agua, comida ni atención médica.

La justificación fue siempre la misma: evitar saqueos, mantener el control, prevenir el desorden.

Pero el precio humano fue altísimo: Acapulco quedó aislado precisamente cuando más necesitaba estar abierto al mundo.

IV. Poza Rica: militarización cotidiana, desastre recurrente

A diferencia de Acapulco o la DANA, Poza Rica no enfrentó un megadesastre de titulares internacionales.

Y eso lo vuelve aún más significativo.

En inundaciones de 1999, 2010 y 2020–22 se documentaron:

  • Retenes militares.
  • Bloqueo o retraso de ayuda ciudadana.
  • Protección Civil municipal rebasada o subordinada.
  • Distribución exclusivamente militarizada.
  • Argumentos de “seguridad” que justificaron la centralización.

Poza Rica demuestra que este fenómeno no es excepcional, sino sistémico en México: cuando el Ejército entra, la ayuda civil queda vigilada, condicionada o detenida.

 

V. Cuadro comparativo: el patrón compartido

Criterio

DANA – España

Otis – Acapulco

Poza Rica (inundaciones)

Actor militar

UME

SEDENA / Marina

SEDENA

Tipo de control

Territorio y accesos

Total del territorio

Accesos y zonas críticas

Efecto en ayuda

ONG y voluntarios limitados

Convoyes bloqueados o decomisados

Ayuda filtrada o retrasada

Justificación oficial

Seguridad técnica

Evitar saqueos

Evitar desorden

Papel de Protección Civil

Subordinada

Minimizada

Subordinada

Tiempo crítico sin ayuda

Horas clave

48–72 horas

24–48 horas

Consecuencia social

Aislamiento territorial

Crisis humanitaria

Comunidades desabastecidas

Patrón coincidente

Militarización y bloqueo

Militarización y bloqueo

Militarización y bloqueo

 

VI. El punto de quiebre: cuando la seguridad desplaza la humanidad

Los tres casos revelan una conclusión ineludible: Cuando la gestión de la emergencia se subordina a la lógica militar, la vida humana deja de ser la prioridad.

El enfoque securitario transforma una emergencia civil en un problema de control territorial.
Y en esa operación simbólica —y práctica— se pierde lo más importante:

  • La velocidad.
  • La solidaridad.
  • La cooperación ciudadana.
  • La protección de vidas.

La militarización convierte la emergencia en un territorio cerrado en lugar de un territorio asistido.

VII. Hacia una gobernanza civil de los desastres

Lo que muestran DANA, Otis y Poza Rica es una verdad incómoda: la gestión militarizada del riesgo no salva vidas, las demora.

El camino debe ser exactamente el contrario:

  • Protección Civil fuerte, no subordinada.
  • Corredores humanitarios abiertos.
  • APP y sector social apoyando alerta temprana, logística y distribución.
  • El Ejército como apoyo, no como mando.

México y España tienen capacidades técnicas, voluntariado, organizaciones civiles, infraestructura y redes humanitarias que podrían actuar con eficiencia si no fueran desplazadas por la lógica del control militar.

Colofon

DANA, Otis y Poza Rica no son historias aisladas: son capítulos de un mismo libro sobre gobernanza fallida del riesgo y militarización impropia de la emergencia.

La coincidencia es clara: El Ejército bloqueó, retrasó o condicionó la llegada de ayuda en los tres casos.

Y el resultado también: Las comunidades afectadas pagaron el precio del control con horas, días y vidas sin asistencia.

El reto para los gobiernos modernos es abandonar el reflejo militarista y construir modelos donde la gestión civil del riesgo vuelva a ocupar su lugar natural: al frente, coordinando, previniendo y salvando vidas —no detrás de retenes, permisos o fusiles.

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