INFRA ROJO – LA CIUDAD QUE ARDE PARTE V
El costo político de vivir sobre un mapa que el gobierno
ya conoce
Por José Rafael Moya Saavedra
La Ciudad de México no vive a ciegas.
Sabe dónde explota el gas, dónde
arden los cables y en qué colonias se repiten las evacuaciones masivas. Las
cifras no son una denuncia externa ni una filtración incómoda: son registros
oficiales, reportes de bomberos, comunicados de protección civil y estadísticas
públicas acumuladas durante años.
El riesgo tecnológico cotidiano
—gas y electricidad— no es una hipótesis. Es un patrón documentado.
En la última década se han
atendido decenas de miles de fugas de gas y cientos de explosiones relacionadas
con gas LP, una explosión cada 8 días en promedio. En paralelo, más de la mitad
de los incendios en casa habitación se atribuyen a cortocircuitos y fallas
eléctricas. Todos los años, miles de servicios por “corto”, “incendio” o
“fuga” recorren las alcaldías de la ciudad.
Sobre ese fondo existen más de
once mil unidades habitacionales registradas y decenas de torres residenciales
y corporativas donde confluyen alta densidad humana, instalaciones envejecidas,
cuartos eléctricos saturados, tanques estacionarios, transformadores y plantas
de emergencia. Es ahí donde la probabilidad de que una falla doméstica se
convierta en una emergencia estructural deja de ser abstracta.
El mapa del riesgo cotidiano no
es una metáfora. Tiene coordenadas, colonias, tipologías de edificios y
antecedentes. La ciudad ya lo trazó. Lo que falta no es información: es
decisión.
Mirar el mapa y no intervenir
El mismo Estado que produce leyes
de gestión integral de riesgos, reglamentos y atlas convive con ese mapa como
si fuera inevitable. Lo mira, lo nombra en documentos técnicos, pero rara vez
toca sus causas materiales.
La ley de gestión integral
de riesgos y el propio Marco de Sendai obligan a los gobiernos a fijar metas
explícitas de reducción del riesgo y de pérdidas. En la práctica, la ciudad
solo mide cuántos eventos logra “controlar”, no cuántos deja de producir.
El marco legal es claro. La
gestión integral de riesgos obliga a identificar, analizar y reducir los
riesgos tecnológicos. Gas LP, cortocircuitos e instalaciones envejecidas no son
“incidentes domésticos”: son peligros reconocidos que deben corregirse antes de
que se manifiesten en explosión o incendio.
Sin embargo, en la práctica, casi
no existen programas masivos de reconversión de instalaciones de gas y
electricidad en unidades habitacionales ni en edificios de alta densidad. Las
revisiones suelen ser voluntarias, fragmentarias o reactivas. Los programas
piloto son limitados. No hay obligaciones sistemáticas de inspección periódica
para la mayoría de los inmuebles multifamiliares.
Mientras tanto, el presupuesto
público se orienta a otras prioridades: grandes obras visibles, proyectos
emblemáticos de movilidad o renovación urbana, anuncios de modernización que
dejan fuera lo más prosaico —y decisivo—: la reconversión masiva de instalaciones
de gas y electricidad en miles de unidades habitacionales donde vive casi la
mitad de la ciudad.
El resultado es un modelo de
gobierno del riesgo basado en la respuesta. Se invierte en cuerpos de
emergencia, en atención rápida, en comunicación de “evento controlado”. Se
invierte poco en reducir de manera sostenida el número de eventos.
La ciudad ha elegido un camino: es políticamente más
aceptable mandar bomberos que mandar cuadrillas a cambiar instalaciones viejas.
No es una fatalidad técnica. Es
una decisión política.
El costo político y social
Cada explosión y cada incendio no
solo consumen ladrillos, cableado o acabados. Consumen confianza.
Detrás del parte oficial —“sin
lesionados”, “emergencia controlada”, “reingreso ordenado”— queda una
huella que no entra en la estadística: miedo a volver a dormir en el mismo
edificio, hogares deshechos, mascotas perdidas, rutinas suspendidas, vecinos
que descubren que su casa puede dejar de ser habitable en minutos.
En Taxqueña, en Zamora 75 y en
cientos de casos menos visibles, la pérdida no es solo material. Se rompe una
idea básica: la de que el hogar es un lugar seguro. Se instala otra, mucho más
corrosiva: esto puede volver a pasar y nadie lo va a evitar por mí.
Cuando las autoridades llaman “lamentable
accidente” a lo que era estadísticamente previsible, el mensaje es
doble. Reconocen el daño, pero eluden la responsabilidad de haber convivido
durante años con la probabilidad del siniestro sin modificar las condiciones
que lo hicieron posible.
El costo político más profundo no
está en el escándalo del día ni en la conferencia bajo la carpa de protección
civil. Está en la normalización. En una ciudad que se acostumbra a oír
explosiones, ver columnas de humo, evacuar edificios y recibir siempre la misma
frase tranquilizadora: afortunadamente no hubo muertos.
Vivir sobre un mapa que el
gobierno ya conoce significa saber que el próximo punto rojo —la siguiente
explosión, el siguiente incendio— ya está, de alguna forma, anticipado en sus
bases de datos. El costo político de esa convivencia no se mide en conferencias
ni en likes, sino en una ciudad que aprende que su seguridad cotidiana es
negociable.
Que su edificio, su unidad, su
torre, pueden entrar mañana en la lista de “casos lamentables”
sin que nadie en el poder pierda realmente nada.
Infra Rojo – Parte V
El riesgo no es invisible.
Está mapeado.
Lo invisible es la decisión de
intervenir antes. Y mientras esa decisión siga postergándose, la ciudad seguirá
gobernándose no desde la prevención, sino desde la aceptación tácita del daño.
Porque cuando un gobierno conoce
el mapa del riesgo y elige no corregirlo, el siguiente incendio o estallido
deja de ser un accidente. Se convierte en el costo político de una omisión
prolongada.
Referencias
Heroico Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de México.
(2024). Estadísticas de servicios atendidos 2014–2024. Gobierno de
la Ciudad de México. https://www.gob.mx/cdmx
N+ Noticias. (2024). Fugas y explosiones de gas LP
en la Ciudad de México: solicitudes de información al Heroico Cuerpo de
Bomberos (2014–2024). https://www.nmas.com.mx
El Economista. (2026, 9 de enero). Explosión por
acumulación de gas deja heridos y viviendas dañadas en Paseos de Taxqueña, CDMX.
https://www.eleconomista.com.mx
Animal Político. (2026, 9 de enero). Explosión por
fuga de gas en unidad habitacional de Coyoacán obliga a evacuación masiva. https://www.animalpolitico.com
Gobierno de la Ciudad de México. (2024). Estadísticas
de incendios en la Ciudad de México 2019–2024. Secretaría de Gestión
Integral de Riesgos y Protección Civil. https://www.cdmx.gob.mx
Heroico Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de México.
(2023). Programa Bomberos en Casa: prevención de incendios por gas y
electricidad. Gobierno de la Ciudad de México. https://www.gob.mx/cdmx
Excélsior. (2026, 10 de enero). Incendio en
edificio de la colonia Condesa provoca evacuación preventiva. https://www.excelsior.com.mx
N+ Noticias. (2026, 10 de enero). Bomberos
controlan incendio en edificio de Zamora 75; no hubo lesionados. https://www.nmas.com.mx
Procuraduría Social de la Ciudad de México. (2022). Diagnóstico
de unidades habitacionales en la Ciudad de México. Gobierno de la Ciudad de
México. https://www.prosoc.cdmx.gob.mx
INFO CDMX. (2021). Unidades habitacionales y
población residente en la Ciudad de México. Instituto de Transparencia de
la Ciudad de México. https://www.infocdmx.org.mx
Congreso de la Unión. (2012). Ley General de Protección
Civil. Diario Oficial de la Federación. https://www.diputados.gob.mx
Congreso de la Ciudad de México. (2019). Ley de
Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la Ciudad de México.
Gaceta Oficial de la Ciudad de México. https://www.congresocdmx.gob.mx
Gobierno de la Ciudad de México. (2020). Reglamento
de la Ley de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la Ciudad de
México. Gaceta Oficial de
la Ciudad de México.
United
Nations Office for Disaster Risk Reduction. (2015). Sendai Framework for Disaster Risk
Reduction 2015–2030. United Nations. https://www.undrr.org
Excelente artículo. Gracias
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