INFRA ROJO |Serie:
Calor extremo 2026 (5)
La temporada que dejó de ser excepción
INFRA ROJO · Entrega 5
QUIÉN | Los cuerpos que cargan el calor
El calor no afecta a “la población”.
Afecta a cuerpos concretos, en rutinas concretas.
A las doce del día, bajo el sol directo, el obrero sigue
colando concreto en una obra del sur de la ciudad. La camisa ya no se seca. El
casco guarda calor. El descanso se retrasa porque la obra no se puede parar.
Nadie le pregunta cómo se siente. El calor no es accidente laboral reconocido;
es parte del paisaje.
En la banqueta, la vendedora ambulante ajusta la sombrilla.
Lleva horas de pie. Toma refresco porque es lo que hay. El mareo aparece
despacio, como si fuera cansancio normal. Tiene que aguantar: si se mueve,
pierde el lugar; si se sienta, vende menos. El calor no da permiso.
En el transporte público, el adulto mayor viaja de pie. El
vagón está lleno, el aire es espeso. La presión sube. La respiración se acorta.
Nadie lo nota. El golpe de calor no siempre tumba; a veces va apagando.
En la escuela, niñas y niños salen al recreo justo cuando el
sol está más alto. Corren, juegan, se agitan. No tienen sed todavía, pero el
cuerpo ya está perdiendo líquidos. No hay sombra suficiente. El horario sigue
siendo el mismo porque “siempre ha sido así”.
Estos son los primeros rostros del riesgo térmico en la
Ciudad de México.
No aparecen en los comunicados.
No salen en los mapas generales.
Pero sostienen la ciudad mientras el calor aprieta.
También están quienes trabajan en la calle sin uniforme ni
contrato: repartidores, policías, barrenderos, personal de limpia, vigilantes.
Personas que pasan horas expuestas porque su trabajo depende de estar ahí,
aunque el cuerpo ya esté pidiendo pausa.
Y están los periodistas, fotógrafos, investigadores en
campo. Caminan, esperan, documentan. Cargan equipo. Saltan de sombra en sombra.
El riesgo no es solo físico; es de atención, de juicio, de errores. El calor
también nubla decisiones.
El patrón se repite:
quien puede refugiarse, se protege;
quien no puede, resiste.
Ahí el calor se vuelve factor de desigualdad.
No es que unas personas sean más frágiles por naturaleza. Es
que algunas vidas están organizadas de tal forma que no tienen margen
térmico. No pueden ajustar horarios, no pueden dejar de salir, no pueden
apagar el cuerpo cuando la ciudad sigue encendida.
Marzo 2026 adelanta este escenario. Lo empuja hacia
adelante. Obliga a cuerpos cansados a adaptarse antes de tiempo, sin
preparación, sin protocolos claros, sin respaldo institucional suficiente.
Infra Rojo insiste en nombrarlos porque el riesgo empieza
aquí: cuando el calor se normaliza sobre quienes menos capacidad tienen de evitarlo.
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