martes, 9 de septiembre de 2025

 

INFRA ROJO

La ciudad partida V: Cuando la sirena no suena en todos lados

Por Jose Rafael Moya Saavedra

El 29 de abril de 2025, la Ciudad de México volvió a detenerse.

El gobierno presumió cifras récord: entre 7 y 8 millones de personas movilizadas, 21,085 inmuebles evacuados —14,111 privados y 6,974 públicos—, y la activación de 99% de los 13,992 altavoces del C5. Se desplegaron 10,900 elementos de seguridad y 770 vehículos; el Metro, Cablebús, Trolebús y Tren Ligero participaron con operativos especiales. La evacuación de la alcaldía Benito Juárez fue ejemplar: más de 1.2 millones de personas desalojadas en 134 inmuebles, con tiempos promedio de 3 minutos 50 segundos. La alcaldía Cuauhtémoc convirtió el Zócalo y Reforma 222 en escenarios simbólicos, con brigadas, autoridades y un despliegue mediático impecable.

El saldo: blanco. Solo dos crisis nerviosas y cinco caídas leves, atendidas sin traslados hospitalarios.

Todo parece perfecto. Casi 87% de los 9.2 millones de habitantes capitalinos participaron, según cálculos oficiales. Si se mira a la zona metropolitana (21–22 millones de personas), el porcentaje baja al 36%.

Las estadísticas brillan… pero como toda fotografía oficial, dejan fuera lo que incomoda: la otra ciudad, la que no ensaya, la que apenas escucha el eco de la sirena.

La prevención como privilegio

El simulacro se celebró como una coreografía de orden. Pero en el fondo, la prevención se vive como un privilegio.

Las alcaldías centrales, con más oficinas, escuelas privadas y dependencias, exhiben la mejor organización. En Benito Juárez, los cronómetros midieron eficiencia; en Cuauhtémoc, la cobertura institucional garantizó presencia y protocolos.

En contraste, las colonias periféricas y los barrios expulsados por la gentrificación enfrentaron dificultades logísticas: rutas sin señalizar, altavoces que no alcanzan a todos, ausencia de brigadas comunitarias. Sí participaron, pero con menos recursos, menos información y menos acompañamiento institucional.

El costo de la exclusión

La exclusión no es abstracta: se mide en vidas. Quien no conoce rutas de evacuación improvisa en el pánico. Quien nunca escuchó un protocolo, corre sin dirección. Quien vive sin alerta sísmica ni brigadas comunitarias, carga con el doble peso: la fragilidad de su vivienda y la vulnerabilidad de su entorno.

Cada simulacro que no llega a las colonias marginadas es una deuda acumulada. Cada escuela pública sin capacitación es una advertencia de tragedia. Cada familia invisibilizada en los reportes es un recordatorio de que la ciudad no se prepara en conjunto, sino en fragmentos.

La ciudad partida también en la prevención

La CDMX está dividida en vivienda, movilidad y empleo; ahora también en la cultura de la prevención.

El Simulacro Nacional 2025, con sus millones de participantes y altavoces activos, fue un espejo: en un lado, orden, disciplina y selfies de evacuación; en el otro, silencio, improvisación y miedo.

La ciudad partida se muestra en dos imágenes irreconciliables:

  • Una torre corporativa que evacúa en tres minutos.
  • Una primaria pública de la periferia que nunca recibió capacitación.

Un llamado incómodo

Decir que la ciudad se prepara es una verdad a medias. Decir que todos participan es un espejismo estadístico.

El verdadero reto no está en perfeccionar los protocolos de siempre, sino en llevar la cultura de prevención a donde nunca ha llegado: pueblos originarios, asentamientos irregulares, barrios afromexicanos, colonias periféricas sin conectividad digital.

De nada sirve presumir 99% de altavoces operativos si el mensaje no llega a quienes no entienden el protocolo.

De nada sirve un despliegue de 10,900 elementos en el Centro si en los márgenes urbanos no hay ni un brigadista capacitado.

La prevención, en la CDMX, sigue marcada por el código postal.

La prevención no puede ser excluyente

El próximo sismo —porque vendrá— no preguntará quién vive en la Condesa y quién fue desplazado a San Felipe de Jesús y colonias en la ribera del Río de los Remedios. La tierra se moverá igual, pero las posibilidades de sobrevivir seguirán marcadas por la desigualdad.

La CDMX necesita un giro de timón:

  • Simulacros diferenciados, diseñados con las comunidades.
  • Protocolos en lenguas indígenas y materiales accesibles.
  • Brigadas locales capacitadas en colonias populares.
  • Recursos mínimos de infraestructura en los barrios más marginados.

Porque la prevención no puede ser otro privilegio.

Porque en una ciudad partida, el simulacro es también una metáfora: unos ensayan la salvación, otros practican el olvido.

 

 

SERIE

La ciudad partida I: desarrollo urbano sin planeación territorial

https://infrarojoverloqueotrosnoven.blogspot.com/2025/09/infra-rojo-la-ciudad-partida-desarrollo.html

La ciudad partida II: el Estado entre el discurso y la plusvalía

https://infrarojoverloqueotrosnoven.blogspot.com/2025/09/infra-rojo-la-ciudad-partida-ii-el.html

La ciudad partida III: los rostros de la gentrificación en México

https://infrarojoverloqueotrosnoven.blogspot.com/2025/09/infra-rojo-la-ciudad-partida-iii-los.html

La ciudad partida IV: memoria, cultura y derecho a decidir

https://infrarojoverloqueotrosnoven.blogspot.com/2025/09/infra-rojo-la-ciudad-partida-iv-memoria.html

2 comentarios:

  1. Muy buena visión de la problemática. ¿De que manera la sociedad civil organizada, el sector público y privado están abonando a esta deuda?

    Veo y escucho constantemente discursos que promueven la inclusión pero con una dinámica forzada a agendas políticas, pero académicos y demás, se olvidan de los sectores que comúnmente no alcanzan esta necesaria inclusión.

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  2. Gracias por tu lectura atenta. Lo que señalas es clave: la deuda no se salda con discursos, sino con acciones sostenidas.
    • Sociedad civil organizada: ha sido la primera en dar la voz de alerta y en generar redes de apoyo comunitario, sobre todo en barrios periféricos donde el Estado no llega. Desde colectivos de vivienda hasta asociaciones que trabajan con personas con discapacidad, migrantes o adultos mayores, son ellas las que sostienen la inclusión real en el día a día.
    • Sector público: aunque existen programas e iniciativas, muchas veces se diseñan desde la lógica de agendas políticas y no desde las necesidades reales. Esto genera inclusión a medias: hay leyes y protocolos, pero la sirena no suena en todos lados porque los recursos y la voluntad política se concentran en ciertas zonas o sectores.
    • Sector privado: algunas empresas comienzan a incorporar criterios de inclusión en sus políticas laborales y de responsabilidad social. Sin embargo, sigue predominando un enfoque cosmético: campañas de imagen más que transformaciones profundas en sus cadenas de valor.
    En suma, hay esfuerzos, sí, pero dispersos, parciales y muchas veces forzados. La “ciudad partida” persiste porque no hay un puente verdadero entre estos tres actores. La pregunta de fondo es: ¿cómo logramos que lo académico, lo político y lo económico se traduzcan en sirenas que suenen para todos, y no solo para quienes ya tienen altavoz?

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